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domingo, 9 de abril de 2017

Nadie hace nada

En mi país, hay hambre, hay miseria, hay desinformación, carencia de salud y sobre todas las cosas, una educación mediocre y anticuada. Dije en mi país como podría haber dicho en la mayor parte del mundo, ya que miremos a donde miremos vamos a encontrar lo mismo. Lo curioso es que todos lo sabemos, todos nos quejamos, y hasta algunos tienen soluciones a todos estos problemas. Sin embargo parecería que nadie hace nada.

Me empecé a preguntar por qué, cuál era el problema, todos estábamos de acuerdo en que había que hacer algo. ¿Por qué nadie lo hacía?

Me pregunté si yo desde mi lugar podía hacer algo más, y la realidad es que más de lo que hago no puedo, más que quejarme e intentar en la medida de lo posible, enseñar sobre algún determinado tema a quien pueda o darle un par de monedas a quien tenga menos que yo no puedo hacer. Sin embargo hay gente con más poder y llegada que puede hacer mucho más de lo que yo puedo, que tiene las herramientas para hacerlo, pero a pesar de todo,  no lo hacen, y es que no tienen las ganas. Estaba cansado de ver en cada rincón opinólogos profesionales y/o gente bien capacitada, presentando fórmulas mágicas, más o menos coherentes, que en mayor o menor medida,  van a traer solución a todos los problemas y que después por X o por Y no son aplicadas.

Le di vueltas y vueltas al tema, durante muchísimo tiempo, días, meses, incluso años, sin encontrar respuestas que me convencieran.

Hasta que, un buen día escuché al pasar que la sociedad actual carecía de empatía, que no podía ponerse en el lugar del otro, sentir el sufrimiento del otro y entenderlo. Ahí estaba la clave, en este sentimiento, que era algo que en lo particular yo no tenía, y que, siendo honesto, tampoco conocía a nadie que lo tuviera.

Entendí, que esa era la causa. No se hacía nada porque a nadie le importaba que realmente se hiciera algo. Quien estaba bien, estaba bien y punto, no se preocupaba de que el vecino no lo estuviera, porque sencillamente no podía entender por lo que éste pasaba.

Desde entonces me puse como meta, el cultivar mi sentimiento de empatía día a día, el ser cada vez mejor, en ponerme en el lugar del otro para que de alguna manera, pudiese educar con el ejemplo y transmitir este mensaje que nos iba a convertir en una sociedad mejor.

Ahora no sólo soy una persona empática, sino que también, soy una persona esperanzada, ahora, tengo fe en que si no se hace hoy, tal vez mañana si, porque estoy seguro de que en algún momento la empatía va a contagiarse a cada uno de nosotros. Sòlo tenemos que ser pacientes, optimistas y no cesar de trabajar para lograrlo.