Era un día de mucho calor en la
ciudad de Buenos Aires, el asfalto quemaba, los cuerpos transpiraban, y en los
kioscos, el agua mineral, cotizaba más que nunca.
Pasaba entonces por la calle, casi
sofocado, un joven de dieciocho años, que iba a realizar su primera entrevista
de trabajo. Se presentaba muy entusiasta y con una sonrisa en el rostro. Llevaba
en su mochila, una copia de su C.V; una
notebook, en la cual llevaba sus apuntes de la facultad y un panfleto, que
decía “viva la libertada carajo”.
Mientras iba caminando, se cruzó
con una mujer, que le pareció bastante atractiva. Vestía de una manera bastante
formal, pero a la vez provocativa, seguramente por las altas temperaturas, sin embargo,
eso nuestro amigo le fascinaba. No obstante, rápidamente, pudo notar, que en su
cartera, llevaba un pin de color rojo furioso, el cual, presentaba en el centro
una oz y un martillo, de color amarillo.
Al ver esto último, la sonrisa del
muchacho se desfiguro completamente, apareció en su rostro, entonces, una mueca
de desprecio, ahora un poco más fastidiado y menos sonriente, siguió caminando
a su destino.
Al llegar, se presentó muy
cordialmente, demostró lo que sabía hacer
y realizo la mejor “performance” que pudo, para congraciar a su entrevistador.
No obstante, no consiguió el puesto, debido a su corta edad. Furioso, tomo sus
cosas y se dirigió al bar más cercano. Esperaba, que con una buena merienda,
pudiera sacarse la amargura que le había quedado en la boca tras esos sucesos
tan desafortunados.
Ya en el bar, busco una mesa y saco
su celular, se disponía a leer y responder los mensajes que tenía pendientes. Aunque,
fue sorprendido por una voz dulce y armoniosa. “Buenas tardes, ¿Qué te sirvo?”,
pregunto la camarera.
Al levantar la vista, el hombre la
reconoció rápidamente, era la chica que se había cruzado anteriormente. “Un
café negro y dos medialunas”, respondió en tono gruñón.
La moza, un poco molesta, anoto el
pedido y se lo alcanzo. Sin embargo, al volver a la mesa, notó la expresión de
tristeza que el libertario, presentaba, y debido a que ya no había gente en el
bar. Decidió sentarse y preguntar que le había sucedido.
Bastante sorprendido, el muchacho
continuo con la conversación, y después de un rato hablando con la joven,
volvió a sonreír.