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sábado, 27 de julio de 2019

Corazón traidor


La pareja del 8°c, un penhouse hermoso, ubicado en el corazón de Buenos Aires, era inseparable, siempre andaban juntos, cada uno era el complemento perfecto del otro. Casi de manera simbiótica, se apoyaban mutuamente, para poder conseguir cualquier cosa que alguno de los dos, se propusiera. Se decía que trabajando juntos lograban cualquier cosa y era verdad, realmente eran muy exitosos tanto en los negocios, como en su vida social.

Lamentablemente, no todas las historias son bonitas. Un día ella comenzó a ausentarse a las reuniones de trabajo, lo cual a él lo complicaba bastante, sin su amada le era más difícil conversar con los clientes. A la par de esto, ya casi no se los veía caminar juntos por las calles. Seguía el señor, mostrándose  con su temple de caballero, la frente en alto y una sonrisa de oreja a oreja, tratando de ser la mejor versión posible de sí mismo, de no decaer. A pesar de estar dolido por ya no pasar tanto tiempo con su mujer.

Lo mataba la intriga de saber por qué se ausentaba, y a dónde iba, más aun con quién.  Ella era muy inteligente, por lo que siempre podía evadir sus preguntas de una manera sutil y efectiva, no le contaba nadad, pero el hombre lo intuía todo. Siempre decía: "ni el más astuto del mundo, lo es más que yo". Sonará egocéntrico, pero era cierto... Ni siquiera los más inteligentes de la historia, hubiesen podido con su audacia e intuición, era casi como un sexto sentido. Ahora le había llegado la hora de ponerlo a prueba con su esposa.

Empezó a investigar, a indagar, consultar a sus amistades... La seguía por las calles, revisaba su celular, consultaba con quien había estado y cuando. Se sentía terriblemente  mal por hacerlo. Como la peor de las escorias, realmente como una basura, pero al no saber la verdad de lo que estaba pasando y ya sin poder confiar en ella. Sabía que la debía averiguar a como diera lugar.
Finalmente, al cabo de pasar varios días indagando y teorizando, se enteró. Tenía un amante. Un joven alto y distinguido que vivía a pocas cuadras de su casa, también empresario. Aparentemente, ella lo conocía desde hacía mucho tiempo y últimamente se veían con mucha frecuencia. Así lo había descubierto él mismo, mientras salía de una reunión de negocios, a la cual ella no acudió.
Entonces, al llegar la señora a su casa, el hombre  se le acercó y le consultó qué había pasado. Donde había estado.

Como era de esperarse, ella lo evadió nuevamente, acusando que su madre estaba enferma y la tenía que cuidar. Fue entonces, cuando él sacó  su celular del bolsillo y le comento que mirase el registro de llamadas. “Suegrita”, era el último llamado que había realizado.

- La llame porque quería saber cómo estaba, hace mucho que no la veo y quería invitarla a comer la semana que viene. Por esa razón, sé que, ni está enferma ni vos estuviste ahí.

-Bueno es que…

-Antes de que me digas nada, mira la galería, más precisamente las dos últimas fotos… Si, esas sos vos, sé de donde salías y a quien viste. No trates de engañarme, sabes bien que no se puede. Me podre hace el tonto a veces… pero yo sé todo lo que pasa.

-Perdón, me enamore de él, no sabía cómo decírtelo, yo siempre le guste, y lo sabes… intentaba evitarlo como podía, pero no me resistí a la tentación, las cosas entre nosotros no iban bien y bueno no supe cómo manejarlo. Realmente no quería que te enteraras así, pero al menos ahora ya conoces la verdad.

-¿Qué puedo decirte? Yo sé lo que es amar mucho a alguien, no puedo juzgarte, anda con él y espero sean felices, lo único que te pido es que por favor no vuelvas, me da mucha  pena, pero si vos crees que tu futuro es con él y no conmigo, lo acepto y lo comprendo.

A pesar de su apariencia tranquila, y de sus palabras, tan altruistas. Él sabía que no eran más que una hipocresía para no mostrarse tan afectado,  no entendía que había pasado... Hacia unos meses estaban buscando un hijo, tenían una de las mejores convivencias posibles y  ahora…
Él, no era capaz de imaginarse la vida sin su amada, literalmente, sin ella no era nada. Pero no quiso mostrarle lo mal que se sentía, ni a ella, ni a nadie, por lo que intento seguir con su vida como si nada hubiese  pasado.

No obstante, a través de los días, el cuerpo comenzó a manifestar lo que su alma no exteriorizaba, de a poco empezó a adelgazar, a perder el pelo, el brillo en la mirada y hasta la motivación para vivir, era como si una aspiradora drenara su alma poco a poco, hasta que ya no quedara nada de lo que alguna vez había sido. Estaba completamente consumido y devastado.

Tras varios meses, ya ni siquiera salía de su casa y solo se limitaba a comer y a dormir, de todos modos había perdido casi todo su dinero, por lo que no le quedaba mucho por hacer. Casi sin pelo, y con un peso de apenas cuarenta y cinco kilogramos, hasta le era difícil realizar tareas simples como lavar los platos o cambiarse de ropa. Imagínense lo que pasaba con sus negocios.

Un buen día, ya sin un peso y cansado de seguir en este estado deplorable, decidió por quitarse la vida, tomando un cuchillo de cocina, realizó una incisión en el medio de su pecho, y abriéndola con precisión de cirujano, retiró su corazón. Teniéndolo en la mano, lo miró detenidamente  y se dispuso a morir desangrado, notando como poco a poco dejaba de latir y como sus ojos se cerraban, mientras su alma se desvanecía.

Al instante de su muerte, un gato pasó por la ventana  del departamento y se detuvo a mirar, allí, vio a la mujer, luciendo un vestido negro, con el corazón en la mano, el cadáver a los pies y una macabra sonrisa en el rostro.