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lunes, 22 de marzo de 2021

Vacaciones

 

Enero de 2020, Buenos Aires Argentina

Voy a confesar lo que pasó en mis últimas vacaciones, fue una experiencia fuerte, apenas pude salir con vida y perdí a un gran amigo en el camino. No se crean que lo cuento por el morbo o por la fama que tal vez me pueda dar semejante historia, sino porque necesito desahogarme, necesito que el mundo sepa lo que pasó hace no más de un mes, cuando fui de vacaciones a Las grutas.

Con mi amigo Roberto nos preparamos para salir a la mañana. Armamos nuestros bolsos y subimos a su auto sin un destino fijo, pero con un rumbo claro. Conducimos durante varios kilómetros y durante varias horas. El paisaje era muy monótono, pero la música del estero  hacía más ameno el  viaje. Al caer la noche, decidimos parar y hospedarnos en un hotel de un pueblo del sur, cuyo nombre no recuerdo. Ya de mañana nuevamente, seguimos viaje hasta llegar a Las grutas y nos pareció un lindo lugar para quedarnos unos días. Recorrimos la ciudad hasta encontrar algún hotel que se adaptara a nuestro presupuesto y afortunadamente lo encontramos, un pequeño hotel para pocos pasajeros, no era demasiado lindo, no demasiado lujoso, pero estaba limpio y nos cobraba poco. Una vez que nos dieron la habitación, dejamos las maletas y fuimos a recorrer la ciudad. Ese primer día fue normal, lo más trágico nos sucedió el segundo.

Luego de pasar la primera noche, nos levantamos, desayunamos y fuimos a la playa hasta la hora de almorzar. El el ínterin una medusa picó a mi amigo, en la rodilla, por lo que cuando llegamos al restaurant tuve que pedir ayuda a un mozo para subir la escalera. Él pesaba cuarenta kilos más que yo y por eso se me hacía muy difícil aguantar su peso yo solo. Mientras subíamos le conté al mozo lo que le había pasado y nos comentó que arriba tenían una piscina con aguas curativas y que podía meterse allí para sanar más rápido. Ellos se fueron y yo me senté en una mesa, mientras leía el menú escuché que mi amigo gritaba detrás de la puerta. Eran gritos muy fuertes por lo que me levanté y fui a ver lo que pasaba. El tanque dónde estaba mi amigo estaba lleno de pirañas, intenté sacarlo y la sorpresa que tuve fue horrible, ya no tenía piernas, habían comido todo su cuerpo de cintura para abajo. Hice que se abrazara a mi cuello y salí corriendo lo más rápido que podía, me salieron a perseguir, pero afortunadamente no  me atraparon, sin embargo no puede salvarlo, tras hacer doscientos metros desde la puerta del local intenté socorrerlo, pero fue en vano, había perdido mucha sangre y ya estaba muerto.

Llamé a un policía que estaba por ahí y le dije lo que había pasado, me dijo que vaya hasta el hotel a buscar sus documentos y que luego íbamos a comisaría a hacer la denuncia y los trámites pertinentes. Fui hasta el hotel y el horror fue aún peor, me encontré una manta que envolvía un bulto bastante grande y a uno de los pasajeros con un cuchillo en la mano. Me dijo que lo que había envuelto en esa manta era un cadáver, que si prometía no decir nada me dejaba ir, pero que si no iba a correr la misma suerte. Prometí no decir nada, pero se ve que no fue suficiente. Me dio un cuchillo y me retó a un duelo. Rápidamente corté su muñeca, pero no fue suficiente para él, no quería terminar el duelo a primera sangre, sino que pretendía que fuera un duelo a muerte. Enrolle mi remera en mi brazo izquierdo y lleno de adrenalina me dispuse a pelear. Logró hacerme varios cortes y varias estocadas, pero al final pude darle un puntazo en el estómago. Busqué las llaves del auto y me fui.

Hoy estoy de nuevo en mi casa y cuento mi experiencia, no sé qué pasó con el hombre con el que peleé, pero mis heridas aún no terminaron de sanar. Tampoco sé qué pasó con los del restaurant ni a cuántos mataron después o con qué fin lo hacían, pero más importante nunca pude saber qué pasó con el cadáver de mi amigo.