La vida puede ser pensada como un tren, hay gente que se
sube, gente que se baja, están los que están por poco tiempo, los que nos
acompañan a lo largo de todo el camino, los que por una cosa o por otra, entran
y salen constantemente, como también los que un día deciden irse y dejan un
vacío el cual cuesta mucho llenar.
A lo largo de mi corta vida conocí gente de todo tipo, gente
muy buena, la cual daba todo por su prójimo, gente llena de amor, optimistas,
avaros, envidiosos, tacaños y lobos con piel de cordero, quienes se creían
críticos profesionales y quien nunca criticaba a nadie, conocí muchos
individuos, personas que para bien o para mal dejaron su huella en mi tren.
Me gustaría que fuesen más los que quedan que los que salen,
pero no es así, son muy pocos los que siguen a lo largo de los años, los que pese
a las dificultades, siguen ahí, podríamos ahondar en los motivos de esto, pero
serian millones, podrían ser infinitos, diría yo. Todos desaparecemos de las
vidas de otros, y muchas veces hasta lo hacemos sin darnos cuenta.
Debo confesar que alguna vez entre en depresión por la huida
de gente que realmente me importaba, gente la cual significo mucho para mí y
sin dar motivos se marchó, lo más doloroso fue que esto no sucedió a causa de
la muerte, sino que fue por elección propia del otro individuo, y no tendría
problema con esto de ser que me hubiesen dado los motivos, pero no fue así.
Tuve días muy tristes en los cuales todo se notaba confuso,
se veía oscuro, y parecía que no había salida alguna, pero a pesar de todo
seguía adelante, porque todavía existía quien estaba ahí para apoyarme, para
contenerme, quien me daba su mano y las piernas de ser necesario, también
estaba quien lo intentaba y no lo lograba, como también quien me ayudaba porque
tenía intenciones ocultas, y no por hacerlo de buena fe y buena voluntad.
A lo largo de los años, aprendí que es algo muy tonto
preocuparse por estos últimos, o preocuparse por los que se van, por más que
pueda llegar a doler mucho, entendí que no vale la pena sentirse mal por la
gente que desaparece de nuestras vidas, que vale muchísimo más valorar a la
gente que todavía está, darle importancia a los que se fueron, es algo que no
tiene sentido alguno, si existe gente a la cual verdaderamente le importamos,
seres por los que vale la pena dar todo, hasta la vida de ser necesario.
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