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domingo, 14 de mayo de 2017

Cuestión de familia

Luis era un joven bastante impaciente y obsesivo que tenía unos veinte años.  El cual, había invitado a cenar a su hermano mayor Raúl, un chico bastante más despreocupado que el primero, pero sin embargo más exitoso.

Con anterioridad, pactaron que el encuentro estaba previsto para las ocho de la noche. Luis, se mostró muy impaciente ese día, era algo bastante usual en él.  Era demasiado obsesivo y buscaba que todo saliese perfecto, que nada pasara ni medio minuto antes, ni medio minuto después.  Por esta razón, ese día, se contactó con Raúl más de unas seis veces, con el objetivo de lograr que éste no llegase tarde, ya que era demasiado usual que lo terminara haciendo.

Llegaron el día y la hora pactados, Luis ya tenía todo preparado para la llegada de su hermano.  Desde las siete y media aguardaba, con la cena lista, y la mesa servida. Esperaba sentado en una silla sin mover ni un músculo por las dudas de que algo saliese mal, con el fin de evitar un percance, apenas movía su brazo para mirar el reloj y nada más.

Ya era la hora y su hermano no llegaba.  Decidió llamarlo, pero este no contestó, por lo que inmediatamente llamó a la comisaria.  Allí le dijeron que no podía reportar una desaparición tan repentina, que era menester esperar veinticuatro horas para hacerlo.

Pasaban las horas y los minutos, el teléfono de Raúl recibió tantos llamados y tantos mensajes que quedó completamente saturado.  La bandeja de entrada había quedado llena.  Por su parte, la comisaria recibió otros treinta llamados, y en todos, la respuesta fue la misma.  Ese día Luis no cenó, y prometió no moverse de la silla hasta que llegase su hermano.

Al día siguiente, el hermano menor completamente resignado, evitó llamar a la comisaria, ni a su hermano.  Ya sin esperanza alguna, se quedó con la mesa servida, y esperando que su hermano cruzara la puerta de su departamento.  Ya no iba a ser todo perfecto, pero por lo menos iba a ser lo más perfecto posible.

Mientras esperaba, recordaba que Raúl nunca había sido perfeccionista, que él siempre había sido la cara opuesta de su hermano, era un amante de la imperfección, la impuntualidad y el caos.  Siempre discutía con Luis por este motivo.  Y a él se le ocurrió que, tal vez, lo estaba haciendo esperar para enseñarle una de tantas lecciones que alguna vez le había querido dar, pero que nunca había aprendido.

Pasaron los días, y una señora anónima, reportó un crimen en la misma comisaría que Luis había reportado la desaparición de su hermano.  La policía fue a investigar, sin imaginar que ambos casos pudiesen llegar a estar relacionados.  Cuando llegaron a la escena, encontraron un cuerpo, el cual, estaba metido en un contenedor de basura, no llegaron a identificarlo, debido a que estaba muy desfigurado, pero creían que era el cuerpo de un hombre.

Al realizar las pruebas de ADN, descubrieron que la composición de éste, era muy similar a la de un oficial de policía.  Este oficial era Raúl.  Al instante, los encargados de realizar la autopsia, llamaron a la comisaría en la que éste trabajaba y quien atendió, dijo que hacia dieciocho horas que no tenían noticias de su paradero.

Al enterarse, inmediatamente, llamaron a Luis, pero este no contestó el teléfono.  No obstante, quien había realizado la llamada, se percató de que este número, era el mismo que había llamado hace algunos días para reportar aquella desaparición tan extraña.  Esto último llamó muchísimo su atención, ya que la desaparición había sido reportada por su hermano hacía ya cinco días, pero por la comisaría, apenas hacía dieciocho horas.

Debido a la incapacidad de entender de la policía, un móvil partió rápidamente hacia la casa de Luis, en busca de un poco de información.  Allí lo encontraron muerto, todavía sentado en esa misma silla, esperando a que llegase su hermano.   El forense, dictaminó que el joven había muerto por deshidratación.  Resulta que, debido a su deseo de que todo saliese perfecto, éste no había comido ni bebido nada, en cinco días, y por esta razón, termino muriendo, por su deseo de alcanzar una perfección inalcanzable.

Gracias a la muerte de Luis, la policía no pudo encontrar muchos datos sobre lo sucedido, era el único familiar de Raúl del cual sabían algo, según decían sus compañeros de trabajo, él nunca hablaba de su familia y no tenía ni esposa ni hijos.  Por lo que al encontrarse muerto su único hermano, la investigación se hizo cada vez más difícil.

Luego de muchos intentos, la investigación se dio por concluída, quedando en una incógnita sin resolver.  Sin embargo, una vecina del padre de Luis, logró resolver el misterio.
Ella sabía, que el hijo mayor deseaba matarlo para quedarse con el dinero que el hombre había logrado acumular durante todos sus años de vida.  Había escuchado como Raúl lo había amenazado repetidas veces, con el objetivo de conseguir el dinero de la casa para poder realizar un viaje por el mundo, Manuel, el viejo, siempre se negaba.  Y como la vecina de éste, no lo veía hacía ya varios días, dedujo que el loco de Raúl lo había asesinado, y que por eso el abuelo tan agradable ya no salía de su casa.


Cuando consiguió suficientes pruebas de ésto y realizó la denuncia, ya era demasiado tarde, efectivamente, el cadáver era de Manuel y no de Raúl, pero para cuando la policía pudo resolverlo, Raúl ya se encontraba viajando por el mundo, disfrutando del dinero que su hermano y su padre le habían dejado como herencia.

jueves, 11 de mayo de 2017

El criminalista

Juana era una chica de clase media, la cual estaba de luto por el fallecimiento de su madre.  Ella llegó a la comisaría hace unos meses, para denunciar la muerte de su hermana, la cual, tenía una causa bastante dudosa y había acontecido justo una semana después de la de su madre.

La chica, entre lágrimas y llantos desconsolados, relató lo que se había encontrado en el departamento de Nicole, su hermana, la escena horrible que había presenciado al llegar allí esta mañana.  Acto seguido, un móvil policial, la acompaño a la escena.  En este móvil viajaban un oficial, Juana y un forense.

Al llegar al lugar encontraron el cadáver tendido en la cama.  No había rastros de sangre ni marcas en el cuerpo, por lo que el médico rápidamente diagnostico muerte súbita, aunque se llevó el cuerpo para realizarle los exámenes pertinentes. Mientras tanto, el policía contuvo a Juana que no paraba de llorar, y que no podía entender como su vida podía haberse desmoronado en tan poco tiempo.

Al llegar al laboratorio el criminalista realizó todas las pruebas necesarias y diagnosticó que Nicole había muerto por asfixia y que no había sido una muerte natural, sino que alguien la había asesinado.  Al enterarse de ésto, intentó buscar rastros de ADN en el cuerpo, pero no tuvo éxito, las muestras eran muy ínfimas y necesitaban ser comparadas con las de un potencial sospechoso.  Por lo que solicitó que se llamara a la joven a brindar declaraciones.

Juana se presentó, esta vez un poco más entera y se le realizó un extenso interrogatorio, en éste, declaró, que esa misma noche, ella había estado en una fiesta con un amigo y que no sabía bien a que hora había pasado, pero que sin embargo, había llamado a su hermana un rato antes de salir y que todo parecía indicarle que Nicole estaba teniendo un día completamente normal.  Nada le había resultado extraño en esa llamada.

La policía, busco el registro de llamadas del número de Nicole y contactó a José, que era el amigo de Juana.  Todo parecía indicar que la joven había dicho la verdad.  No obstante, José dio una pista muy interesante.  Dijo que en el velatorio de la madre de Juana, había aparecido un hombre de una apariencia muy sombría del cual nadie sabía nada, aclaró que él no era quien para juzgar, pero que tenía sus serias sospechas sobre este hombre, más que nada por su aparición repentina y su forma de actuar tan extraña.

Tras una búsqueda exhaustiva, lograron dar con el supuesto criminal, del cual, también se tomaron declaraciones.  Sus argumentos, no eran consistentes y carecían de solidez, por lo que se lo mantuvo detenido un tiempo.

En ese lapso de tiempo el forense realizó el examen de ADN y comparó las muestras del cadáver con las del sospechoso, la compatibilidad era de un 99,9%.  Por lo que ese mismo día se lo enjuició y encarceló con una condena de cinco años por el crimen cometido. Juana lloraba en la puerta del juzgado, acompañada de José que la estaba abrazando.  Al finalizar, la policía les comunicó el veredicto y ambos se marcharon con cierta satisfacción.

Sin embargo, esta resolución no convenció al detective encargado del caso.  Según él pensaba, el hombre que ahora estaba encarcelado, no tenía suficientes motivos para asesinar a Nicole, ni siquiera la conocía, se había declarado inocente en todas las instancias y todavía peor, por lo que había dicho, no tenía suficientes datos de la mujer, como para realizar una ejecución exitosa.

Por lo que si bien la causa estaba cerrada, decidió seguir investigando de manera extraoficial.  Y lo que encontró, no agradó a ninguno de los involucrados, resulta que encontró un cabello de José sobre la cama de Nicole, según la investigación forense que se realizó posteriormente, se había caído en la misma fecha y hora del fallecimiento de la muchacha.

Al día siguiente, se llamó al joven a declarar.  Se le contó lo que se había encontrado en la escena, y sin tener más escapatoria que decir la verdad, confesó que él era el responsable de la muerte de la chica y que la había matado con la almohada que ella tenía detrás de la nuca.


Resulta que la policía no se había percatado de que el señor, había estudiado criminalística y que por ende, sabía esconder bien sus huellas. Según dijo en su declaración, él siempre había estado enamorado de Juana, pero ella nunca le había prestado atención.  Al encontrarse con este chico, vió la oportunidad perfecta.  Sabía que era fácil incriminarlo y que tenía los conocimientos para hacerlo sin que nadie se diera cuenta.  Por lo que muy inteligentemente, ejecutó a Nicole y cubrió sus rastros con las marcas de ADN de este hombre.  De esta forma, pudo pasar un poco de tiempo con Juana, contenerla y hacer que esta se fijase un poco más en él.  Cumplió con su objetivo, pero tristemente no le duró mucho tiempo.

lunes, 8 de mayo de 2017

Nota de suicidio

Pablo, era un hombre de 37 años, el cual vivía con su novia Raquel, en un loft muy amplio, en la zona de Palermo.  Ellos eran una pareja muy unida, uno de ellos, el señor, era un pintor profesional, el cual pintaba cuadros bastante bien valuados, y ella, era una empresaria bastante exitosa, la cual compraba y vendía acciones en la bolsa.  Todos los días iban juntos al supermercado, a la carnicería o a la verdulería y los vecinos decían que se los notaba muy felices.  Todo era perfecto en su vida, pero como siempre, la perfección dura poco.

Un día, el hombre empezó a sentir una presencia, un ser que le susurraba al oído y le aconsejaba, un compañero inseparable, un amigo muy leal y aparentemente imaginario. Lol cual, al principio, era una ventaja, le aconsejaba sobre sus pinturas, sobre su vida y gracias a ello, el hombre, empezó a pintar más y mejores cuadros, cada vez tenían más color, más vida y más pasión.  Ésto se veía reflejado en sus ingresos.

La situación económica era cada vez más favorable. Sin embargo, la chica, era cada vez más infeliz, los vecinos de la zona, la empezaron a ver sola por el barrio.  Nadie la acompañaba, ya que él, por su parte cada vez salía menos de su estudio, y cuando eventualmente lo hacía, la terminaba agrediendo, ya sea física o verbalmente.  Sin embargo, ésto no parecía ser un problema para él.  Según su juicio, lo necesitaba, lo liberaba, y ella lo merecía por no dejarlo vivir su vida.

Todo cambió, cuando un buen día si empezó a ser una molestia, resulta que el espectro empezó a decirle que tenía que eliminar a Raquel porque interfería en sus procesos creativos, según la voz de su cabeza, el sería más feliz cuando ella ya no estuviera.  Fue ahí que se asustó, y decidió consultar a un profesional, el psiquiatra, tras varios análisis muy exhaustivos, le diagnostico esquizofrenia.

Le recetó unos medicamentos y tras haberlos tomado, la vida de ambos volvió a la normalidad, otra vez se los veía salir juntos a la calle, Pablo volvió a tomar contacto con el exterior, y lo más importante, dejó de maltratar a su mujer.  No obstante, hubo una vez que olvido tomar los comprimidos, y entonces el problema regresó, debido a que su amigo imaginario, había vuelto, y le había solicitado, no volverlos a tomarlos.

Los ataques volvieron, y cada vez eran más seguidos e intensos.  Una noche, se levantó de  la cama y se dirigió a la cocina, al volver, a su cuarto, sacó un cuchillo del bolsillo de su pijama y lo utilizó para acariciar el cuello de su amada, posteriormente, la degolló.  Luego del homicidio, con la sangre derramada, y uno de sus pinceles, escribió la historia de ambos en todas las paredes del cuarto, agregando comentarios de la voz de su cabeza.

Pasaron unos días y el dolor para él se volvió insoportable, no podía soportar más las voces de su cabeza, que tanto lo atormentaban, como tampoco podía convivir con la idea de haber asesinado al amor de su vida.  Por lo que ese mismo día tomó una soga y se colgó de la araña del comedor, quedando así, su cuerpo suspendido en el aire y en el centro del ambiente.

Luego de unos meses, la vecina de al lado, notó un olor a putrefacción muy intenso en el departamento con el cual compartía medianera, por lo que se dispuso a tocar la puerta. Nadie le contestó, por lo que decidió abrirla y en ese mismo momento quedó completamente horrorizada, por lo que veía.  Al abrir encontró el cadáver de Pablo y al costado del mismo el de Raquel que todavía yacía sobre la cama.  En ese momento, decidió tomar la nueve milímetros que los difuntos dueños de la casa, guardaban en su placar y se suicidó también.

Al llegar la policía encontró los tres cadáveres, acompañados de tres historias pintadas en las paredes, una pintada con sangre, que es la que había escrito Pablo originalmente, y otras dos que estaban escritas de la misma forma, pero con una tipografía distinta.  Nadie sabe quién las escribió, pero si se sabe lo que decían, una era la nota de suicidio de Pablo y la otra, la de Rosa, su vecina.


viernes, 5 de mayo de 2017

Mismo escritor, nuevas ideas

Hola, que tal soy Lucas. Deje pasar unos días sin subir contenido, porque quiero cambiar la tematica del mismo, al menos temporamente.

Se aproximan nuevos cuentos, pero de otra clase, con una estética y un enfoque distintos. Espero también les gusten

Gracias por leer