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lunes, 8 de mayo de 2017

Nota de suicidio

Pablo, era un hombre de 37 años, el cual vivía con su novia Raquel, en un loft muy amplio, en la zona de Palermo.  Ellos eran una pareja muy unida, uno de ellos, el señor, era un pintor profesional, el cual pintaba cuadros bastante bien valuados, y ella, era una empresaria bastante exitosa, la cual compraba y vendía acciones en la bolsa.  Todos los días iban juntos al supermercado, a la carnicería o a la verdulería y los vecinos decían que se los notaba muy felices.  Todo era perfecto en su vida, pero como siempre, la perfección dura poco.

Un día, el hombre empezó a sentir una presencia, un ser que le susurraba al oído y le aconsejaba, un compañero inseparable, un amigo muy leal y aparentemente imaginario. Lol cual, al principio, era una ventaja, le aconsejaba sobre sus pinturas, sobre su vida y gracias a ello, el hombre, empezó a pintar más y mejores cuadros, cada vez tenían más color, más vida y más pasión.  Ésto se veía reflejado en sus ingresos.

La situación económica era cada vez más favorable. Sin embargo, la chica, era cada vez más infeliz, los vecinos de la zona, la empezaron a ver sola por el barrio.  Nadie la acompañaba, ya que él, por su parte cada vez salía menos de su estudio, y cuando eventualmente lo hacía, la terminaba agrediendo, ya sea física o verbalmente.  Sin embargo, ésto no parecía ser un problema para él.  Según su juicio, lo necesitaba, lo liberaba, y ella lo merecía por no dejarlo vivir su vida.

Todo cambió, cuando un buen día si empezó a ser una molestia, resulta que el espectro empezó a decirle que tenía que eliminar a Raquel porque interfería en sus procesos creativos, según la voz de su cabeza, el sería más feliz cuando ella ya no estuviera.  Fue ahí que se asustó, y decidió consultar a un profesional, el psiquiatra, tras varios análisis muy exhaustivos, le diagnostico esquizofrenia.

Le recetó unos medicamentos y tras haberlos tomado, la vida de ambos volvió a la normalidad, otra vez se los veía salir juntos a la calle, Pablo volvió a tomar contacto con el exterior, y lo más importante, dejó de maltratar a su mujer.  No obstante, hubo una vez que olvido tomar los comprimidos, y entonces el problema regresó, debido a que su amigo imaginario, había vuelto, y le había solicitado, no volverlos a tomarlos.

Los ataques volvieron, y cada vez eran más seguidos e intensos.  Una noche, se levantó de  la cama y se dirigió a la cocina, al volver, a su cuarto, sacó un cuchillo del bolsillo de su pijama y lo utilizó para acariciar el cuello de su amada, posteriormente, la degolló.  Luego del homicidio, con la sangre derramada, y uno de sus pinceles, escribió la historia de ambos en todas las paredes del cuarto, agregando comentarios de la voz de su cabeza.

Pasaron unos días y el dolor para él se volvió insoportable, no podía soportar más las voces de su cabeza, que tanto lo atormentaban, como tampoco podía convivir con la idea de haber asesinado al amor de su vida.  Por lo que ese mismo día tomó una soga y se colgó de la araña del comedor, quedando así, su cuerpo suspendido en el aire y en el centro del ambiente.

Luego de unos meses, la vecina de al lado, notó un olor a putrefacción muy intenso en el departamento con el cual compartía medianera, por lo que se dispuso a tocar la puerta. Nadie le contestó, por lo que decidió abrirla y en ese mismo momento quedó completamente horrorizada, por lo que veía.  Al abrir encontró el cadáver de Pablo y al costado del mismo el de Raquel que todavía yacía sobre la cama.  En ese momento, decidió tomar la nueve milímetros que los difuntos dueños de la casa, guardaban en su placar y se suicidó también.

Al llegar la policía encontró los tres cadáveres, acompañados de tres historias pintadas en las paredes, una pintada con sangre, que es la que había escrito Pablo originalmente, y otras dos que estaban escritas de la misma forma, pero con una tipografía distinta.  Nadie sabe quién las escribió, pero si se sabe lo que decían, una era la nota de suicidio de Pablo y la otra, la de Rosa, su vecina.


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