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miércoles, 27 de septiembre de 2017

El piso quince

Mario era un albañil, que estaba trabajando en una obra en construcción. Él y sus compañeros, estaban trabajando en algo de carácter monumental, un rascacielos de setenta pisos.

Tristemente, luego de varias jornadas de trabajo, la obra se vio interrumpida de un momento para otro.  Una viga de acero que se iba a colocar a la altura del piso número quince, cayó encima de la cabeza de Mario que estaba trabajando en el piso catorce y este falleció en el acto.

Al suceder esto, uno de los obreros llamo a emergencias inmediatamente, y al cabo de un rato, llegaron un patrullero y una ambulancia. La ambulancia llevo el cadáver a la morgue y los policías que estaban en el patrullero, dijeron que tenían que clausurar la obra momentáneamente para descartar la posibilidad de que la muerte hubiese sido un asesinato.  Los obreros se marcharon y nunca regresaron al lugar, a excepción de algunos que pasaba de manera obligada y con muchísima tristeza en sus ojos.

Sin embargo, pese al espanto en los rostros de absolutamente todos, los que allí se encontraban, la policía se vio obligada a realizar interrogatorios a cada uno de los obreros.  Ninguno de los trabajadores pudo ser encontrado culpable de haber cometido un acto adrede para terminar con la vida de Mario, sin embargo, sí que se pudieron notar algunas diferencias en el relato de algunos de los albañiles, respecto al del resto de los que allí habían estado presentes.  Cabe destacar, que en las construcciones, todos usan guantes en todo momento, por lo que analizar las huellas dactilares de la viga era completamente inútil.

Joaquín, era el principal sospechoso, ya que había confirmado haber estado mezclando cemento, en la vereda, mientras que sus compañeros, dijeron que él era uno de los que se encontraba trabajando en el piso quince, que era del cual había caído la viga.  Por su parte, Alberto era otro de los potenciales sospechosos, ya que según él decía, no había podido presenciar el momento en el que Mario fallecía. Sin embargo, sus compañeros, relataban que él, había sido el primero en llegar a la escena y que él era  quien había avisado a los demás sobre lo sucedido.

Luego de todos los interrogatorios, los investigadores se condujeron a la escena. Comenzaron a realizar cálculos, tanto en la viga como en la posición en la que se encontraba Mario trabajando. Podían darse cuenta de esto último, ya que él estaba colocando ladrillos, y según la forma en la que estaban colocados, y la manera en la que había caído el último ladrillo que Mario sostuvo en su mano, podían intuirlo con bastante exactitud. 

Mientras realizaban las pericias, un gato jaspeado apareció repentinamente, al parecer, sin saberlo, este gato, había adulterado algunos detales, por lo que era menester tenerlo en cuenta en todos los cálculos que hubiesen podido llegar a realizar.

Ya en el laboratorio, los criminalistas, realizaron todos los cálculos necesarios para descartar cualquier posibilidad de homicidio, teniendo en cuenta donde se encontraban los dos sospechosos y la variable del gato.  Tras horas de arduo trabajo, descubrieron que la viga había caído por accidente, pero que sin embargo, de alguna forma, alguien había empujado a Mario para que este trastabillarla y así la viga cayera encima de su cabeza.

Debido a este dato tan alarmante, se volvió a interrogar a Alberto, quien se encontraba detenido.  Y debido a las incongruencias de su relato, el interrogador, resolvió que era necesario iniciar un juicio en su contra.  Sin embargo, se le dio el goce de libertad condicional, por lo que podía circular libremente, como cualquier otra persona que no poseyera una casa penal. No obstante, si se le prohibió la salida del país.  Luego se liberó a Joaquín quien también se encontraba detenido, pero de este ya no tenían sospecha alguna, por lo que se le otorgo libertad total, y no se asentó ningún registro ni expediente de su detención.  Al salir de la comisaria, Mario volvió a la obra, y llamo al gato, luego lo tomo en sus brazos y lo llevo a  su casa.

Pasaron unos pocos días, y la policía volvió al edificio, pero esta vez, no encontraron al gato, este ya no se encontraba en aquel lugar, había desaparecido.  Esto, llamo poderosamente la atención de los investigadores, por lo que decidieron observar más a fondo y analizar con un detector de huellas y con la cámara de seguridad, lo que podría haber pasado con el gato.

Luego de revisar las cámaras, supieron donde estaba el gato, sabían que alguien se lo había llevado, y también sabían perfectamente quien era ese alguien. No obstante, después de analizar las huellas, descubrieron algo completamente impresionante, Alberto, no había empujado a Mario, sino que había sido el gato quien lo había hecho trastabillar.


Inmediatamente, un móvil policial partió para la casa de Alberto, y al llegar, el oficial, le relato al dueño de aquella casa lo que los criminalistas habían descubierto.  Y fue entonces que Alberto confeso que efectivamente el gato había causado la muerte de Mario, que lo había visto, pero que no había dicho nada para que al gato no se lo sacrificara, ni se le otorgara ningún castigo. También, declaro que lo quería demasiado.  Tanto que había sido capaz de incriminarse, con tal de poder mantener a su amigo felino con vida.

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