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lunes, 18 de marzo de 2019

Entre la vida y la muerte


Hace unos días, me encontraba en el hospital. Mi vieja estaba en la habitación número doscientos catorce. Mientras tanto, yo esperaba ansioso en el pasillo.

Había sufrido un accidente, un coche la había atropellado, mientras se dirigía hacia la carnicería. Poco después de que ella llegara, al centro médico, me llamaron y me contaron lo que había sucedido. Salí corriendo de casa, y a la media hora llegue yo también. Busque la recepción y me dijeron que habitación se encontraba. Una vez aquí, apareció el doctor, le pregunté cómo estaba, pero me respondió que el parte era reservado.

Al rato, pasó una enfermera, le hice la misma pregunta y respondió que le estaban realizando una transfusión, pero que  nada más podía decirme. Me dispuse a sentarme, esperar, y confiar en que efectivamente los doctores saben lo que hacen.

Pasó una hora, pasaron dos, tres. Y seguía sin tener noticias… Lo único que sabía, era que cada tanto entraba algún médico. O alguna enfermera. Que mi mamá se encontraba en estado de observación.
Poco tiempo después, llego mi papá y me pidió que fuera a casa. Fue entonces, que me puse a pensar si hubiera algo que pudiera hacer. Recordé a mi amigo Santiago, en ese instante, que seguramente, se habría puesto a rezar. Sin embargo, yo no haría eso, ya que lo considero innecesario. No existe tal Dios que pueda escuchar mis plegarias. Ni siquiera existe un creador universal… Es puro cuento.
Pasaron, dos, tres y hasta cuatro días. Los médicos no sabían que hacer, mi mamá se encontraba en coma inducido y yo, ya desesperado, Comencé a valorar la posibilidad de que pudiera morir. ¿Qué pasaría con ella?, ¿simplemente desaparecería?, ¿existe tal cosa como el alma?, realmente lo dudo.

La ciencia no puede darnos una respuesta concreta a lo que pasa o deja de pasar luego de la muerte. Sin embargo…  Antoine Lavoisier, afirmaba que nada se pierde y todo se transforma. Los seres humanos, esencialmente somos energía, por ende, es difícil pensar que de un día para otro, esa energía pueda desaparecer. Sin embargo, ¿no va esto en contra de mis creencias?, ¿existirá algo más allá de lo que podemos percibir?, ¿pecare de soberbio al creer que la ciencia es la respuesta para todo?, ¿tienen valor las creencias?

Mis dudas en este momento eran muchas más que mis certezas, me era muy difícil conciliar el sueño, y me era muy difícil encontrar alguna respuesta frente a tantas preguntas. Pensaba y divagaba, pero nada terminaba de convencerme. Leía… pero siempre aparecían huecos, nada era cien por ciento concreto.

Finalmente, a los seis días, ella falleció. Estaba triste, muy triste, pero sin embargo, la experiencia me sirvió para reflexionar. Para entender que tal vez, tener pensamiento escéptico está muy bien… pero que no por eso, puedo pensar que lo único que existe es lo que puedo percibir, sin duda existe un mundo más allá de lo que no vemos. Y que mi madre, seguramente anda en algún lugar. Incluso aunque no pueda verla.

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