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jueves, 14 de febrero de 2019

Revolución y paz


Revolución: Una revolución (del latín revolutio, "una vuelta") es un cambio social fundamental en la estructura de poder o la organización que toma lugar en un periodo relativamente corto o largo dependiendo la estructura de la misma. Cambio violento y radical en las instituciones políticas de una sociedad.

Paz: Paz (del latín pax), definida en sentido positivo, es un estado a nivel social o personal, en el cual se encuentran en equilibrio y estabilidad las partes de una unidad. También se refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad; definida en sentido negativo, es la ausencia de inquietud, violencia o guerra.

Cuando definimos los dos términos, parece que encontramos una contracción si los colocamos en la misma oración. No puede existir paz, existiendo violencia, como tampoco puede haber una revolución sin violencia.

No obstante, los opuestos siempre se rozan y se complementan, por eso, en el siguiente ensayo se intentará demostrar, la siguiente hipótesis: Para que pueda existir la paz, necesariamente, antes tiene que existir una revolución.

A su vez, se analizará, si es posible una revolución sin armas; Si desde el poder económico se puede plantear una revolución; así como también, el hecho de si destruir sin ofrecer una alternativa, es, o no, revolucionario.

Una vez definidos estos términos, pasaremos a explicar los puntos.

Las revoluciones y la paz se complementan, la revolución viene del caos. Y no puede existir el caos sin la paz, ni viceversa. Por eso mismo, es menester, entender el término revolución, como una idea noble, mas no una idea destructiva. Las revoluciones, en su mayoría, se proponen desmantelar el orden establecido, proponiendo un nuevo modelo de vida, que a priori, se supone como un modelo mejor.

Como señale anteriormente, usualmente, al hablar de revolución, nos imaginamos una lucha armada en la que se enfrentan dos, o más, bandos y se coloca uno sobre el otro, como por ejemplo la revolución cubana o la francesa.

En su defecto, se podría pensar, en una revolución económica, como la industrial, que demostraría, rotundamente, que desde el poder vigente, también se pueden gestar revoluciones, puesto que a pesar de no moverle el piso, al poder político, si generan un cambio social.

Sin embargo, existe otro, tipo de revolución, promulgado por personajes tales como, Martin Luther King JR, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela,  Mariano Moreno y hasta el mismo Jesús de Nazaret.  Proponen, realizar una participación política activa, que no tenga que ver con el levantamiento en armas, ni con derrocar al estado por la fuerza, sino, por el contrario con la divulgación de ideas opositoras al statu quo actual, que a la larga, generen una revolución filosófica, y por consecuencia, el cambio social.

Por otro lado, existen intelectuales, que plantean la destrucción de todo, para de esa manera poder generar el cambio social, uno de los filósofos más famosos que promulgaron dichas ideas, fue Michel Foucault, quien proponía que el lenguaje y las relaciones de poder no eran más que constructos sociales, por lo que, si se derriba la cultura, automáticamente aparecerá una nueva y por consecuencia se gestara una revolución.

Ahora bien, ¿cuál de los tres modelos es el adecuado para referirnos a una revolución? En principio, podríamos señalar los cuatro mencionados, porque realizan un cambio de estructura en una determinada sociedad. Sin embargo, automáticamente hace plantear otra pregunta, ¿Cuál es mejor?

A partir de aquí, la visión ya no será objetiva, puesto a que siempre estará sujeta a la apreciación de las personas que lleven a cabo dicha revolución. Puesto que este ensayo pretende resolver la incógnita de si se puede o no generar una revolución pacífica, se tomara el modelo filosófico, como el más conveniente, a la hora de intentar mantener una sociedad carente de violencia, y a la vez promulgar un cambio.

En conclusión la revolución y la paz, no tienen por qué estar reñidas, pueden complementarse y lograr grandes cambios en la sociedad, y los ejemplos que demuestran este postulado, sobran en la historia. La resistencia pacífica, y la promulgación activa de ideas, pueden generar cambios mucho más profundos que el tomar el poder por la fuerza, o  destruirlo todo por amor al arte.

“Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal: el buen juicio no necesita de la violencia.”
                               León Tolstoi