Revolución: Una revolución (del
latín revolutio, "una vuelta") es un cambio social fundamental en la
estructura de poder o la organización que toma lugar en un periodo
relativamente corto o largo dependiendo la estructura de la misma. Cambio
violento y radical en las instituciones políticas de una sociedad.
Paz: Paz (del latín pax), definida
en sentido positivo, es un estado a nivel social o personal, en el cual se
encuentran en equilibrio y estabilidad las partes de una unidad. También se
refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad; definida en sentido
negativo, es la ausencia de inquietud, violencia o guerra.
Cuando definimos los dos términos,
parece que encontramos una contracción si los colocamos en la misma oración. No
puede existir paz, existiendo violencia, como tampoco puede haber una
revolución sin violencia.
No obstante, los opuestos siempre
se rozan y se complementan, por eso, en el siguiente ensayo se intentará
demostrar, la siguiente hipótesis: Para que pueda existir la paz,
necesariamente, antes tiene que existir una revolución.
A su vez, se analizará, si es
posible una revolución sin armas; Si desde el poder económico se puede plantear
una revolución; así como también, el hecho de si destruir sin ofrecer una alternativa,
es, o no, revolucionario.
Una vez definidos estos términos,
pasaremos a explicar los puntos.
Las revoluciones y la paz se
complementan, la revolución viene del caos. Y no puede existir el caos sin la
paz, ni viceversa. Por eso mismo, es menester, entender el término revolución,
como una idea noble, mas no una idea destructiva. Las revoluciones, en su
mayoría, se proponen desmantelar el orden establecido, proponiendo un nuevo
modelo de vida, que a priori, se supone como un modelo mejor.
Como señale anteriormente,
usualmente, al hablar de revolución, nos imaginamos una lucha armada en la que
se enfrentan dos, o más, bandos y se coloca uno sobre el otro, como por ejemplo
la revolución cubana o la francesa.
En su defecto, se podría pensar, en
una revolución económica, como la industrial, que demostraría, rotundamente,
que desde el poder vigente, también se pueden gestar revoluciones, puesto que a
pesar de no moverle el piso, al poder político, si generan un cambio social.
Sin embargo, existe otro, tipo de
revolución, promulgado por personajes tales como, Martin Luther King JR,
Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Mariano
Moreno y hasta el mismo Jesús de Nazaret.
Proponen, realizar una participación política activa, que no tenga que
ver con el levantamiento en armas, ni con derrocar al estado por la fuerza,
sino, por el contrario con la divulgación de ideas opositoras al statu quo
actual, que a la larga, generen una revolución filosófica, y por consecuencia,
el cambio social.
Por otro lado, existen intelectuales,
que plantean la destrucción de todo, para de esa manera poder generar el cambio
social, uno de los filósofos más famosos que promulgaron dichas ideas, fue Michel
Foucault, quien proponía que el lenguaje y las relaciones de poder no eran más
que constructos sociales, por lo que, si se derriba la cultura, automáticamente
aparecerá una nueva y por consecuencia se gestara una revolución.
Ahora bien, ¿cuál de los tres
modelos es el adecuado para referirnos a una revolución? En principio,
podríamos señalar los cuatro mencionados, porque realizan un cambio de
estructura en una determinada sociedad. Sin embargo, automáticamente hace
plantear otra pregunta, ¿Cuál es mejor?
A partir de aquí, la visión ya no
será objetiva, puesto a que siempre estará sujeta a la apreciación de las
personas que lleven a cabo dicha revolución. Puesto que este ensayo pretende
resolver la incógnita de si se puede o no generar una revolución pacífica, se
tomara el modelo filosófico, como el más conveniente, a la hora de intentar mantener
una sociedad carente de violencia, y a la vez promulgar un cambio.
En conclusión la revolución y la
paz, no tienen por qué estar reñidas, pueden complementarse y lograr grandes
cambios en la sociedad, y los ejemplos que demuestran este postulado, sobran en
la historia. La resistencia pacífica, y la promulgación activa de ideas, pueden
generar cambios mucho más profundos que el tomar el poder por la fuerza, o destruirlo todo por amor al arte.
“Toda
reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal: el buen juicio no
necesita de la violencia.”
León Tolstoi