En el séptimo piso de un edificio de
la localidad de Martínez en la provincia de Buenos Aires, vivía una mujer muy
peculiar que salía muy poco de su departamento.
Siempre andaba con unos vestidos muy
llamativos, aros enormes que adornaban sus orejas y peinados completamente extravagantes.
En su departamento tenía todo tipo de adornos... Además de algunas cosas que no
eran solo adornos como bolas de cristal, muñecos vudú y cartas de tarot.
Cada tanto había gente que iba a
visitarla, en su mayoría mujeres, para que le lea las cartas, le curara el mal
de ojo u otras prácticas de brujería similares.
Un buen día la chica estaba
preparándose para dormir, cuando de repente sintió que alguien se subía encima
de ella y la asfixiaba. Se despertó y observo para todos lados, pero no
había nadie, cerró los ojos de nuevo, pero la sensación se hizo más fuerte. La
chica se levantó y sin comprender mucho lo que pasaba se arrodilló y se puso a
rezar, pero de nada sirvió, seguía sintiendo su garganta oprimida y cada vez
era más fuerte, como si la estrangularan y por más que rezaba y clamaba a Dios
por ayuda no lograba que el dolor cese... Lo más curioso era que no había nadie
ni nada que le pudiera provocar dicho dolor, pero lo sentía de todas
maneras.
Un dolor insoportable que apretaba
cada vez más y más su garganta. Desesperada intentó gritar, pero el dolor la
presión impedía que salieran palabras de su boca, apenas pudo esbozar unos
quejidos a un volumen extremadamente bajo. Al pasar los minutos comenzó a
dormirse y a pacificarse lentamente hasta caer en un sueño eterno. La chica del
séptimo había fallecido.
Cuentan quienes tuvieron la
posibilidad de volver a ese lugar luego del incidente, que en su mano había un
pequeño muñeco vudú al cuál había sujetado del cuello y con mucha fuerza antes
de morir, suficiente fuerza como para haber logrado desgarrar algunas fibras de
algodón.
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