Me encontraba leyendo un libro. Cuando de repente llegue a un
capítulo en el que hablaba sobre las “buenas” y “malas” palabras, cuando hablamos de “malas palabras”,
a todos nos vienen a la cabeza esas expresiones que nuestros padres decían
constantemente, cuando éramos chicos, por más que estuviesen “prohibidas” para
nosotros. Palabras como, mierda, pelotudo, forro, boludo. O expresiones tales
como, hijo de puta, la puta madre, etc.
Resulta que, según el texto que leía, estas palabras no
siempre eran malas, sino que eventualmente, podrían no ser dichas con mala
intención. No solo acotaba ésto, sino que encima, proponía que había palabras
que no eran consideradas malas que podrían llegar a ser catalogadas como
insultos, e incluso podrían ser mucho más severos. Luego de esta explicación,
el autor sitó un texto escrito por Domingo Faustino Sarmiento, padre del aula,
quien decía una serie de calificativos en contra los paraguayos, decía en esta
carta, dirigida a Bartolomé Mitre, que estos eran bárbaros, borrachos, vagos,
salvajes, sucios, y que por eso había que exterminarlos. Años después, Argentina declaro la guerra
contra el Paraguay.
Explicar los motivos de la guerra, sería irnos del tema. Lo
importante es que si Sarmiento hubiese utilizado malas palabras para referirse
a los paraguayos, habrían causado un efecto muy distinto en el lector, hubiesen
sido insultos mucho más leves, que los que expresaba en la carta. Lo que
intentaba demostrar el autor del libro, era que sin usar “malas palabras” uno
podía dañar más que usándolas, y que usando “malas palabras, eventualmente uno
podría no ofender a nadie.
Decidí compartírselo a una amiga, pero ella siguió empecinada
en la idea de que las “malas palabras” realmente eran palabras prohibidas que
no había que usar, además de mostrárselo a esta chica, le compartí este
concepto a más amigos, y a algunos familiares, que pensaban exactamente lo
mismo.
Dejé volar mi imaginación y me puse en el lugar de esas
palabras. Que mal me sentiría si por ejemplo
yo fuese la palabra “puto”, una palabra que a veces hasta puede ser usada con
cariño, pero que siempre se encuentra marginada por su carácter de “mala
palabra”. Y que bien me sentiría, si yo fuese la palabra “salvaje”, ya que
sería una palabra “buena”, pero paradójicamente, en las únicas oraciones que me
podrían usar serían las que esbocen insultos.
Por eso mismo llegué a la conclusión de que las palabras
simplemente son palabras, y no tienen un carácter negativo por su mera
existencia, todas las palabras, sobre todo los adjetivos calificativos, pueden
ser buenos o malos, todo depende del contexto y de la forma en la que se usen.
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