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lunes, 16 de diciembre de 2019

Amor a distancia

He de reconocer que hace mucho tiempo estoy enamorado de una mujer, una chica hermosa, tiene los mejores rasgos que alguna vez vi en una persona.

Una mirada cálida, una tez blanca y limpia, un cuerpo que parece tallado por los mismos dioses. Sin embargo, no soy tan superficial como para fijarme solo en eso. Hay otras cosas de ella que también me gustan. Es el complemento perfecto para mí. Inteligente, valiente, perseverante y un poco loca. Ambos compartimos la misma causa y nos apoyamos mutuamente en todo. Sin duda la admiro muchísimo y sé de sobra, que ella habla de mí con muchísimo respeto y admiración.

Un día, ella llego a Buenos Aires, de viajé, porque, el único problema que nos aqueja, es que vive en otra provincia y a pesar de amarla, nunca pudimos estar juntos. Sin embargo, esta vez sí se nos iba a dar.

Como teníamos confianza, porque nos conocíamos hacía mucho tiempo, se hospedó en mi casa. Además mi hermano no estaba, él también estaba de viaje, así que sobraba una cama.

La fui a buscar al aeropuerto y nos fundimos en un abrazo muy afectuoso, pensé en besarla, pero no me atreví y simplemente me contente con el abrazo. Tomé su valija y la lleve a casa. Cuando llegamos, dejé la valija en mi cuarto y le dije que me tenía que acompañar urgentemente a una reunión, que luego al día siguiente le prometía que íbamos a recorrer la ciudad. Ella respondió que sí, pero que primero debía cambiarse y abrió la valija para tomar ropa. Mientras lo hacía, noté que había traído dos cajas de preservativos y pensé que esa noche iba a ser la mía.

Nos dirigimos, posteriormente, a la reunión, me debía encontrar con unos compañeros a realizar una investigación periodística para un artículo que estábamos por escribir. Realmente no recordaba de que trataba ese artículo estaba muy obnubilado con la sonrisa de la dama, parecía un completo tonto mirándola como si fuera una obra de arte que valía miles y miles de dólares.

Cuando llegamos la presenté y mis amigos preguntaron quién era. Yo respondí que era una amiga mía que vino a quedarse unos días. Mientras la presentaba, ella recibió un llamado telefónico y se retiró.

A la par, les comenté que yo la amaba, que estaba perdidamente enamorado de ella y que esta era mi oportunidad para confesárselo. Al día siguiente, la planeaba llevar a comer y después a pasear por el barrio de Recoleta y cuando estuviéramos en la terraza del Buenos Aires desing le iba a confesar todo lo que sentía. Posteriormente esperaba que fuéramos a mi casa y tengamos una noche más que apasionada, estaba casi seguro de que ella quería lo mismo, por lo que había visto en la valija.

Cuando terminó de hablar se me acercó y me preguntó a qué hora íbamos a salir y le respondí que a las doce del mediodía. Ella replicó, que a las cuatro de la tarde, debía encontrarse con otro chico, que la había invitado a verlo jugar al fútbol. Sin embargo, ella sabía de sobra que no la había invitado para verlo jugar únicamente, porque seguro después la iba a invitar a la casa para coger. Ella estaba encantada de eso, puesto a qué el chico le parecía muy atractivo. Todos nos quedamos en blanco cuando escuchamos eso, en especial yo. No podía creer lo que estaba pasando, la cara con la que miraban mis amigos... Y ni siquiera me quería imaginar la expresión que yo tenía en el rostro.

Al otro día traté de no darle importancia, hicimos todo el itinerario como estaba previsto, hasta que se hicieron las tres y media. Todavía estábamos en la plaza de enfrente al shopping escuchando música, cuando me dijo que debía partir para verse con el otro muchacho. Ahí no pude aguantar la frustración.

Quebré en llanto y le dije:

-No te entiendo, te parezco lindo, porque me lo dijiste más de una vez. Nos llevamos re bien, tenemos confianza. Después de todo te estás hospedando en mi casa ¿y así y todo lo preferís a él antes que a mí? No entiendo enserio, yo te amo y creo que nunca ame a nadie de la misma manera. Sé que no tenés la culpa, pero me rompe el corazón que tan libremente me digas que te vas con él y truncas nuestra salida así. Perdón, no pretendo que sientas lo mismo, tampoco que te quedes si no querés, pero necesito al menos serte sincero con lo que siento. Me muero por un beso tuyo, por poder acariciarte, por poder decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que me gustaría pasar la vida a tu lado. Y si bien, reitero, no es tu culpa, me parte el alma en mil pedazos que me digas que te vas a coger con el otro chico.

Justo cuando ella estaba por responder, me desperté. Nunca supe que me iba a decir, que respuesta me iba a dar, pero... Cuando me di vuelta ella estaba ahí en mi cama, durmiendo profundamente. La abracé, le susurre un "te amo" y me volví a dormir, con una gran sonrisa en el rostro.

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