He de
reconocer que hace mucho tiempo estoy enamorado de una mujer, una chica
hermosa, tiene los mejores rasgos que alguna vez vi en una persona.
Una
mirada cálida, una tez blanca y limpia, un cuerpo que parece tallado por los
mismos dioses. Sin embargo, no soy tan superficial como para fijarme solo en
eso. Hay otras cosas de ella que también me gustan. Es el complemento perfecto
para mí. Inteligente, valiente, perseverante y un poco loca. Ambos compartimos
la misma causa y nos apoyamos mutuamente en todo. Sin duda la admiro muchísimo
y sé de sobra, que ella habla de mí con muchísimo respeto y admiración.
Un día,
ella llego a Buenos Aires, de viajé, porque, el único problema que nos aqueja,
es que vive en otra provincia y a pesar de amarla, nunca pudimos estar juntos.
Sin embargo, esta vez sí se nos iba a dar.
Como
teníamos confianza, porque nos conocíamos hacía mucho tiempo, se hospedó en mi
casa. Además mi hermano no estaba, él también estaba de viaje, así que sobraba
una cama.
La fui a
buscar al aeropuerto y nos fundimos en un abrazo muy afectuoso, pensé en
besarla, pero no me atreví y simplemente me contente con el abrazo. Tomé su
valija y la lleve a casa. Cuando llegamos, dejé la valija en mi cuarto y le
dije que me tenía que acompañar urgentemente a una reunión, que luego al día
siguiente le prometía que íbamos a recorrer la ciudad. Ella respondió que sí,
pero que primero debía cambiarse y abrió la valija para tomar ropa. Mientras lo
hacía, noté que había traído dos cajas de preservativos y pensé que esa noche iba
a ser la mía.
Nos
dirigimos, posteriormente, a la reunión, me debía encontrar con unos compañeros
a realizar una investigación periodística para un artículo que estábamos por
escribir. Realmente no recordaba de que trataba ese artículo estaba muy
obnubilado con la sonrisa de la dama, parecía un completo tonto mirándola como
si fuera una obra de arte que valía miles y miles de dólares.
Cuando
llegamos la presenté y mis amigos preguntaron quién era. Yo respondí que era
una amiga mía que vino a quedarse unos días. Mientras la presentaba, ella
recibió un llamado telefónico y se retiró.
A la par,
les comenté que yo la amaba, que estaba perdidamente enamorado de ella y que
esta era mi oportunidad para confesárselo. Al día siguiente, la planeaba llevar
a comer y después a pasear por el barrio de Recoleta y cuando estuviéramos en
la terraza del Buenos Aires desing le
iba a confesar todo lo que sentía. Posteriormente esperaba que fuéramos a mi
casa y tengamos una noche más que apasionada, estaba casi seguro de que ella
quería lo mismo, por lo que había visto en la valija.
Cuando
terminó de hablar se me acercó y me preguntó a qué hora íbamos a salir y le
respondí que a las doce del mediodía. Ella replicó, que a las cuatro de la
tarde, debía encontrarse con otro chico, que la había invitado a verlo jugar al
fútbol. Sin embargo, ella sabía de sobra que no la había invitado para verlo
jugar únicamente, porque seguro después la iba a invitar a la casa para coger.
Ella estaba encantada de eso, puesto a qué el chico le parecía muy atractivo.
Todos nos quedamos en blanco cuando escuchamos eso, en especial yo. No podía
creer lo que estaba pasando, la cara con la que miraban mis amigos... Y ni
siquiera me quería imaginar la expresión que yo tenía en el rostro.
Al otro
día traté de no darle importancia, hicimos todo el itinerario como estaba
previsto, hasta que se hicieron las tres y media. Todavía estábamos en la plaza
de enfrente al shopping escuchando música, cuando me dijo que debía partir para
verse con el otro muchacho. Ahí no pude aguantar la frustración.
Quebré en
llanto y le dije:
-No te
entiendo, te parezco lindo, porque me lo dijiste más de una vez. Nos llevamos
re bien, tenemos confianza. Después de todo te estás hospedando en mi casa ¿y
así y todo lo preferís a él antes que a mí? No entiendo enserio, yo te amo y
creo que nunca ame a nadie de la misma manera. Sé que no tenés la culpa, pero
me rompe el corazón que tan libremente me digas que te vas con él y truncas
nuestra salida así. Perdón, no pretendo que sientas lo mismo, tampoco que te
quedes si no querés, pero necesito al menos serte sincero con lo que siento. Me
muero por un beso tuyo, por poder acariciarte, por poder decirte lo mucho que
te quiero y lo mucho que me gustaría pasar la vida a tu lado. Y si bien,
reitero, no es tu culpa, me parte el alma en mil pedazos que me digas que te
vas a coger con el otro chico.
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