En Un
mundo feliz se nos plantea una sociedad distópica, en la que los seres
humanos son fabricados de manera artificial. Estos, son creados con diferentes
cualidades, clasificados en: Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Épsilons.
Ni bien empieza la novela, nos
encontramos en Londres, en el centro de incubación donde se fabrican los seres
humanos, en el ámbito de una excursión escolar.
Aquí se nos aparece El director, quien era el gobernante del mundo, ya
que en este mundo, el gobierno es único y global.
Él explica cómo funciona el proceso de
fabricación y de incubación (se adoctrina a los bebes). El resultado, son seres humanos clonados (hay
99 ejemplares de cada épsilon posible), separados en castas, que cumplen cada
uno una función específica, son estériles y presentan una individualidad y
personalidad casi nulas.
Cabe destacar, que en este mundo la
única religión posible es la que adora a Henry Ford, todos viven drogados, con
soma y las relaciones interpersonales se basan en el sexo más que en otra cosa.
El cual tiene un espacio en la agenda de cada uno de los habitantes. En este lugar conocemos también a Lenina
Crowne, quien era una mujer muy bella con la que todos los hombres se habían
acostado, a Henry Foster, un trabajador de la planta y a Mustafá Mond, que es
uno de los diez controladores mundiales.
Posteriormente, conocemos a Bernard
Marx, un Alfa más, que no era tan agraciado como los otros de su casta y que
notaba que la vida en este mundo era un poco rara y se sentía bastante
insatisfecho con esta. Él quería no solo acostarse con Lenina, sino que
fantaseaba con tener largas conversaciones con ella y caminar tomados de la
mano, por lo cual se reían de él. También conocemos a Helmholtz Watson, que se
encontraba tan insatisfecho como Bernard a pesar de ser atractivo y que las
mujeres se ofrezcan para tener sexo con él.
Avanzando con la historia, Bernard
invita a Lenina de vacaciones a una “reserva salvaje” (lugar donde los seres
humanos viven de una manera más natural). Para eso pide permiso al director,
quien intenta convencerlo de que no vayan, alegando que allí perdió a una
mujer, pero al final, los deja ir.
Una vez allí, empezamos a explorar
cómo viven los salvajes, que son morenos y primitivos, lo cual horroriza a
Lenina, sin embargo, conocemos uno que es blanco, llamado John. Al cabo de un
rato, Bernard se da cuenta de que este hombre es realmente hijo de El director,
ya que entiende que su madre Linda, tiene un comportamiento diferente al del
resto de las mujeres de dicha comunidad (le gusta mucho el sexo, lo cual le da
pavor a John). Ambos hombres empatizan muy bien, porque ambos son “diferentes”.
Bernard, decide llevar al muchacho y a
su madre de nuevo a la civilización. Para eso, llama a Mustafá y lo convence de
que ello sería de interés científico para la comunidad civilizada.
Aparece Bernard con los dos salvajes,
frete al director y lo dejan en ridículo, ya que John lo reconoce como su padre
(en este mundo ese concepto no existe). Bernard iba a ser deportado por lo que
hizo, pero a raíz de tal humillación el director prefiere simplemente hacer de
cuenta de que nada pasó.
A medida que va pasando el tiempo,
Linda se hace adicta al soma, lo cual preocupa mucho a su hijo, y a nadie más,
puesto que la muerte y la adicción no son importantes en este mundo. Bernard se
vuelve popular con las mujeres, por haber reinsertado a John en la sociedad y
por consecuencia olvida todos sus deseos de individualidad y se comporta como
un autómata más.
Por parte de John, se hace muy amigo
de Helmholtz, con quien charla mucho sobre su libro favorito, el cual maravilla
al hombre Alfa. John expresa que el mundo feliz no le agrada demasiado, a pesar
de que le guste la tecnología. El cree en la castidad hasta el matrimonio y le horroriza ver tanto
sexo explícito todo el tiempo, a su vez también le aburre y le perturba que
haya gente que es igual a otra.
Mientras tanto muere su madre a causa
de su adicción y Lenina le pide tener sexo con él, lo cual obviamente rechaza.
Ya arto de todo, impide que un grupo de Deltas reciba su ración de soma y los
incita a ser libres. Esto ocasiona un motín en el que participan también
Bernard y Helmholtz. Ellos tres, son llevados a la oficina del señor Mond (de
la misma manera que a los chicos los mandan a dirección cuando se portan mal).
Una vez en la oficina, Bernard se lava
las manos y le echa toda la culpa a sus dos compañeros, por lo que logra irse.
Helmholtz, acuerda exiliarse a una isla, debido a que no está de acuerdo con
que la gente sea feliz todo el tiempo. Él deseaba encontrar su camino de otra
manera y conocer personas que también se hayan revelado al lavado de cerebro.
Entonces, John y Mustafá se quedan solos y se dedican a conversar
durante horas sobre literatura, la pasión, las emociones, el sufrimiento y
Dios. John concluye que no quiere una vida donde la gente siempre esté contenta,
prefiere tener la libertad de estar triste, la libertad de sufrir. Al finalizar
de todos los tópicos, plantea su deseo de exiliarse a una isla también, pero se
le es negado, puesto que sería mejor continuar con el experimento. Por esta
razón, él se esconde en un faro abandonado, donde se castiga flagelándose y con
hambre. Sin embargo, se corre la voz y aparecen unos periodistas y Lenina,
quien lo amaba, sin embargo eso hace que John se odie aún más por desearla
sexualmente y se flagea el doble. Lo cual consigue que la mujer también se
flagele y todos los espectadores hagan lo mismo, lo cual los excita a todos,
menos al salvaje. Los periodistas hacen una orgia y se da a entender que los
que estaban en el faro también. Por esta razón, a la mañana siguiente John se
suicida.
Conclusión filosófica: Un mundo Feliz, nos ayuda a pensar en lo
que pasaría si llevamos el placer y la satisfacción inmediata al extremo. Conduciría
a que perdamos todo tipo de individualidad y de libertad.
A su vez, nos hace pensar en prácticas
actuales, tales como la fecundación in vitro, el consumo de estupefacientes y
el libertinaje sexual. Que en esta obra han llevado a la humanidad a la
“felicidad”, sin embargo, también la condujeron a una decadencia extrema. Una
sociedad en la cual se perdió todo tipo de empatía y de vínculo profundo entre
seres humanos.
En síntesis, las personas de esta
novela, son como aquellas personas que van de fiesta en fiesta. Se divierten,
parecen felices y le huyen a los líos, pero realmente son personas vacías de
racionalidad y espiritualidad.
Es cierto, que habrá quien podrá
decirme que realmente una vida dedicada exclusivamente al placer, es una vida
feliz. Pero no lo es… Y fundamentare lo siguiente en la filosofía de Aristóteles.
Él sostenía que una vida feliz, se obtenía mediante la virtud (excelencia). Es
decir, un ser que eleva al máximo su racionalidad, es plenamente feliz.
No obstante, esto no es posible,
porque nuestra vida es práctica. Tenemos estímulos y deseos apetitivos
constantemente (de placer). Entonces, lo ideal, deja de ser la vida
contemplativa, para pasar a ser, el encontrar un punto medio. Entre el puro
placer y el deber. Lo que él denomina, prudencia.
Quiere decir, si voy de fiesta, pero
no todos los días. Si no voy nunca, no voy a ser feliz, si voy siempre,
tampoco. Debo encontrar el equilibrio. Cuando la prudencia se convierte en la
virtud, es que encontramos la felicidad plena.
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