Nos habíamos juntado a cenar con unos amigos, llegamos al lugar,
nos sentamos, observamos el menú y luego de ello, lo ordenamos.
Luego de pedir, esperaba que nos pusiéramos a conversar entre
nosotros, pero no fue así, cada uno estaba compenetrado en su teléfono, mirando
el Facebook, Instagram, el WhatsApp, o peor, la ironía más grande de todas, le
sacaban fotos al que tenían al lado y la subían a Snapchat, como si esa persona
fuese la única que estaba perdida en su celular.
No es que yo no utilice todas estas plataformas, yo si tengo
celular y tengo cuenta en varias redes sociales, pero generalmente evito
usarlas cuando estoy con alguien más, y es que si lo hiciera sería un adicto a
éstas. Además, con este tipo de conductas, estamos dejando de lado la red
social más antigua e importante de todas, el hablar cara a cara.
En un momento se me había ocurrido que podía decir que si
íbamos a juntarnos a mirar el teléfono, nos podríamos haber quedado cada uno en
su casa y hablábamos por WhatsApp, pero no lo dije, porque estaba seguro de que
alguien me iba a decir que sí, que era una buena idea.
Conozco gente que esta convencidísima de que el hablar por
teléfono es exactamente lo mismo que encontrarse personalmente, lo cual yo
considero una verdadera aberración, porque nadie puede decirme que siente lo
mismo cuando conecta con alguien por una plataforma online que en la calle, una
plaza, o un bar, si bien podría llegar a ser parecido, la segunda experiencia,
siempre va a dejar mucho más que la primera.
Por eso fue que me acerqué al mostrador y pedí una bolsa,
para guardar todos los celulares, incluso el mío aunque no lo estuviera usando,
una vez puestos en ella, nos pusimos a charlar, a fin de cuentas, en ese
momento, fue que se entendió mi punto, el cómo conectar con quien está cerca es
mejor que conectar con quien está en la pantalla.
Las redes sociales son una gran herramienta, y ayudan
muchísimo a conectarnos con gente que vive lejos, gente que tiene que cuidar a
su familia, o gente que simplemente está ajustada por el tiempo y no puede
encontrarse con nosotros. También son una buena opción para difundir nuestras
ideas, nuestros pensamientos, nuestras inquietudes. Pero además de esto, tienen
un lado oscuro y es que son adictivas y generan dependencia, por eso es que
promuevo luchar contra ello, usarlas lo justo y necesario, para de esta forma
ser nosotros los que utilicemos la red social y que no sea la red social la que
nos utilice a nosotros.