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jueves, 11 de mayo de 2017

El criminalista

Juana era una chica de clase media, la cual estaba de luto por el fallecimiento de su madre.  Ella llegó a la comisaría hace unos meses, para denunciar la muerte de su hermana, la cual, tenía una causa bastante dudosa y había acontecido justo una semana después de la de su madre.

La chica, entre lágrimas y llantos desconsolados, relató lo que se había encontrado en el departamento de Nicole, su hermana, la escena horrible que había presenciado al llegar allí esta mañana.  Acto seguido, un móvil policial, la acompaño a la escena.  En este móvil viajaban un oficial, Juana y un forense.

Al llegar al lugar encontraron el cadáver tendido en la cama.  No había rastros de sangre ni marcas en el cuerpo, por lo que el médico rápidamente diagnostico muerte súbita, aunque se llevó el cuerpo para realizarle los exámenes pertinentes. Mientras tanto, el policía contuvo a Juana que no paraba de llorar, y que no podía entender como su vida podía haberse desmoronado en tan poco tiempo.

Al llegar al laboratorio el criminalista realizó todas las pruebas necesarias y diagnosticó que Nicole había muerto por asfixia y que no había sido una muerte natural, sino que alguien la había asesinado.  Al enterarse de ésto, intentó buscar rastros de ADN en el cuerpo, pero no tuvo éxito, las muestras eran muy ínfimas y necesitaban ser comparadas con las de un potencial sospechoso.  Por lo que solicitó que se llamara a la joven a brindar declaraciones.

Juana se presentó, esta vez un poco más entera y se le realizó un extenso interrogatorio, en éste, declaró, que esa misma noche, ella había estado en una fiesta con un amigo y que no sabía bien a que hora había pasado, pero que sin embargo, había llamado a su hermana un rato antes de salir y que todo parecía indicarle que Nicole estaba teniendo un día completamente normal.  Nada le había resultado extraño en esa llamada.

La policía, busco el registro de llamadas del número de Nicole y contactó a José, que era el amigo de Juana.  Todo parecía indicar que la joven había dicho la verdad.  No obstante, José dio una pista muy interesante.  Dijo que en el velatorio de la madre de Juana, había aparecido un hombre de una apariencia muy sombría del cual nadie sabía nada, aclaró que él no era quien para juzgar, pero que tenía sus serias sospechas sobre este hombre, más que nada por su aparición repentina y su forma de actuar tan extraña.

Tras una búsqueda exhaustiva, lograron dar con el supuesto criminal, del cual, también se tomaron declaraciones.  Sus argumentos, no eran consistentes y carecían de solidez, por lo que se lo mantuvo detenido un tiempo.

En ese lapso de tiempo el forense realizó el examen de ADN y comparó las muestras del cadáver con las del sospechoso, la compatibilidad era de un 99,9%.  Por lo que ese mismo día se lo enjuició y encarceló con una condena de cinco años por el crimen cometido. Juana lloraba en la puerta del juzgado, acompañada de José que la estaba abrazando.  Al finalizar, la policía les comunicó el veredicto y ambos se marcharon con cierta satisfacción.

Sin embargo, esta resolución no convenció al detective encargado del caso.  Según él pensaba, el hombre que ahora estaba encarcelado, no tenía suficientes motivos para asesinar a Nicole, ni siquiera la conocía, se había declarado inocente en todas las instancias y todavía peor, por lo que había dicho, no tenía suficientes datos de la mujer, como para realizar una ejecución exitosa.

Por lo que si bien la causa estaba cerrada, decidió seguir investigando de manera extraoficial.  Y lo que encontró, no agradó a ninguno de los involucrados, resulta que encontró un cabello de José sobre la cama de Nicole, según la investigación forense que se realizó posteriormente, se había caído en la misma fecha y hora del fallecimiento de la muchacha.

Al día siguiente, se llamó al joven a declarar.  Se le contó lo que se había encontrado en la escena, y sin tener más escapatoria que decir la verdad, confesó que él era el responsable de la muerte de la chica y que la había matado con la almohada que ella tenía detrás de la nuca.


Resulta que la policía no se había percatado de que el señor, había estudiado criminalística y que por ende, sabía esconder bien sus huellas. Según dijo en su declaración, él siempre había estado enamorado de Juana, pero ella nunca le había prestado atención.  Al encontrarse con este chico, vió la oportunidad perfecta.  Sabía que era fácil incriminarlo y que tenía los conocimientos para hacerlo sin que nadie se diera cuenta.  Por lo que muy inteligentemente, ejecutó a Nicole y cubrió sus rastros con las marcas de ADN de este hombre.  De esta forma, pudo pasar un poco de tiempo con Juana, contenerla y hacer que esta se fijase un poco más en él.  Cumplió con su objetivo, pero tristemente no le duró mucho tiempo.