Todos los sistemas políticos presentan fallas de diversa índole, algunas
son más evidentes y otras menos. La realidad es que ningún sistema es
infalible, sin embargo es cierto que algunos lo son más que otros.
En el siguiente ensayo, no se determinara cuál es el mejor de los
sistemas, ya que eso quedara a libre interpretación de los lectores, sino que
se intentara demostrar por un lado las carencias de los sistemas y después
demostrar cuales son los factores que producen dichas carencias. Las falacias
que comúnmente se utilizan para hacer creer que un sistema es mejor que otro y
en última instancia esbozar una posible solución.
Este ensayo es bastante corto y sirve principalmente como una hoja de
ruta, para proponer un sistema superador, no es interés mío proponerlo, al
menos en este espacio. Sino otorgar herramientas para que sirva como puntapié inicial
en un futuro o que lo desarrolle algún lector.
Aclarado esto, proseguiré con el desarrollo:
Cuando encontramos socialistas defendiendo su postura política.
Usualmente contraponen, su modelo utópico, frente al modelo real, republicano
vigente.
Por consecuencia, destacan la superioridad moral y organizativa de este modelo.
No obstante, es menester remarcar, que bajo dichas circunstancias, el modelo republicano
corre en desventaja. Puesto que la comparativa no es entre un país socialista y
otro republicano con economía de mercado, sino una utopía frente una realidad
tangible.
Lo justo sería comparar la filosofía de los liberales minarquistas, o
liberales conservadores, frente a la filosofía socialista. O en su defecto,
comparar dos o más países, reales, que funcionen bajo distintos regímenes y
modelos (socialista, liberal republicano, de tercera posición o anarquista). De
lo contrario, el argumento se convierte en falacia. Uno no puede comparar la
realidad de un país, por ejemplo Australia, con la utopía de una Inglaterra
comunista. Lo lógico sería comparar Australia con Cuba. O en su defecto la
filosofía de Henry David Thoreau, John Locke, Hans-Hermann Hope, Adam Smith;
frente a la filosofía de Karl Marx, Mao Zedong, Henri de
Saint-Simón, Lev Trosky.
Sin embargo, esto no sucede. Por consecuencia, la comparación queda en
desventaja. Ya que siempre que se postule un modelo teórico, frente a uno real,
el primero tenderá a la perfección. Ya que soluciona todas las variables
teóricas posibles y el segundo al error, porque no puede controlar todas las
variables reales, debido a que son casi infinitas y de una complejidad mucho
mayor.
Sin embargo, este no es un problema exclusivo de los socialistas, sino
que muchas corrientes anarquistas caen en el mismo problema, que resulta
incluso mucho más notorio y tangible en dichos casos. Por ejemplo, en el anarquismo clásico de
Mijaíl Bakunin, no se puede explicar cómo se desarrollaría el mutualismo por
pura espontaneidad y sin un estado que coercione a hacerlo, realmente no se
puede garantizar la buena voluntad de los seres humanos, por más que se afirme
que nuestra naturaleza es cooperativa. Es lógico y coherente pensar, que la
mayoría de los seres humanos, buscamos el bien común, pero es menester destacar
lo de mayoría, puesto que los seres humanos somos complejos y sería sumamente
irracional e ingenuo, afirmar que es una universalidad. Es correcto afirmar que
es una generalidad.
Sucede entonces que para dichas particularidades, que no busquen el bien
común y que todavía puedan corromperse. Sin la existencia de un poder
verticalista, vamos a necesitar algún tipo de coerción, mediante el uso de la
fuerza. Para que de todos modos participen de la sociedad “colectivista”. Y no
habría forma de garantizar eso, sin un estado que pueda utilizar la fuerza a su
favor pudiendo brindar bienestar de las mayorías.
Esto no quiere decir que no existan formas de anarquismo que puedan
perdurar a lo largo del tiempo y funcionar en la práctica. Tal es el caso de
las comunidades menonitas, cuáqueros y ya
extintos, dujoboris. Que si funcionaron y perduraron.
La clave se encuentra en la voluntad y libertad individual de los
participantes por aceptar dicho régimen de vida, además de su capacidad de
conservar su “libertad individual” y “desigualdad natural”. Lo cual solo ocurre
en los regímenes individualistas, no así en los colectivistas.
Aquí se postula la cooperación y el mutualismo, pero también se presenta
la posibilidad de salir de las comunidades o incluso de ser expulsado, si no se
respetan las normas. A su vez, es fundamental, que en estos sistemas, no se busca
igualar a las personas, sino que se busca establecer normas básicas de
convivencia, respetando la voluntad de cada uno y sin necesidad de un estado
que castigue a quien no se adapte.
Ahora bien, no es nuestro interés, centrarnos en cuál es el mejor
sistema para gobernar, o cuál es la mejor utopía, ni tampoco quién incurre más
en falacias a la hora de hablar de política.
Sino, lo realmente interesante, es desvelar el hecho de qué: A mayor
democracia (participación efectiva y directa de los individuos), existe mayor
prosperidad. Mientras más individuales y más autónomos somos los seres humanos,
mejor nos desarrollamos en sociedad.
Por eso mientras el socialismo bien aplicado y la anarquía colectivista,
solo quedan en la teoría y la utopía (ya que según los propios socialistas,
todos los regímenes de izquierda no son verdadero socialismo). El liberalismo
en cualquiera de sus vertientes y los anarquismos de corte individualista, son
aplicables a distintas sociedades y
perdurables en el tiempo. Basta con ver el caso de Australia, que es un país
más que desarrollado y con uno de los índices de libertad más altos del mundo, frente
a Cuba, que parece un retrato de los años setenta, en pleno 2019 y que cada vez
va aún más en declive por la falta de capital.
¿Por qué se da este fenómeno? Como se expuso anteriormente, existe una
desigualdad natural entre los hombres, no somos todos iguales y eso es fácil de
comprobar. Mire a su vecino y pregúntese si su casa, su auto, sus sentimientos,
pensamientos, inquietudes son iguales a los suyos. Seguramente notara que no.
El hecho de querer igualar económicamente a las personas, genera un clima
antinatural que merma las capacidades tanto creativas como productivas del ser
humano. Debido a que no importa cuánto uno se esfuerce, cuanto uno trabaje o lo
que uno haga. Siempre va a ser virtualmente igual al vecino. Lo cual es
imposible que sea fructífero para nadie. Realmente, la supuesta igualdad se
termina transformando en opresión.
Muy bien, entonces mientras más se respete la desigualdad natural y la
libertad de cada ser, mayor será la prosperidad. Sin embargo, el principal
argumento de los socialistas es que pueden resolver mejor las condiciones de
pobreza extrema ¿Entonces, en otro
sistema, cómo resolvemos la pobreza?
Para ello hay que entender cómo se genera la pobreza y en esto tanto los
liberales, como los comunistas, como los anarquistas de diversas ramas están de
acurdo, en líneas generales. La pobreza se genera mediante la falta de recursos,
si la gente tiene recursos no es pobre, si carece de dichos recursos lo es.
Realmente, en lo que difieren los diferentes pensadores es en cuál es la mejor
manera de obtener y distribuir dichos recursos.
No obstante, siguiendo este razonamiento, si la desigualdad natural,
garantiza el desarrollo de las pasiones de cada individuo ¿No desarrollaría
también la creatividad y el bienestar? Sí.
Entonces, el dejar que se manifiesten las libertades de los individuos,
va a resolver el problema de la pobreza, puesto que cada uno se va a ver
motivado a mejorar y potenciar sus habilidades de distinta índole, para generar
sus propios recursos. No deoendera de un vecino, estado o sistema que lo
provea, sino que será su propio proveedor
En síntesis, el ir en contra de nuestra propia naturaleza es perjudicial
para los individuos, que recordemos, son la minoría más pequeña de todas.
Solo respetando el orden natural, es que las sociedades y el mundo en
general, van a poder avanzar y continuar progresando. De lo contrario caeremos
en el estancamiento. Depende de cada uno de nosotros y de nuestra participación
activa, que no suceda.