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miércoles, 17 de febrero de 2021

La chica del séptimo

 

En el séptimo piso de un edificio de la localidad de Martínez en la provincia de Buenos Aires, vivía una mujer muy peculiar que salía muy poco de su departamento.

Siempre andaba con unos vestidos muy llamativos, aros enormes que adornaban sus orejas y peinados completamente extravagantes. En su departamento tenía todo tipo de adornos... Además de algunas cosas que no eran solo adornos como bolas de cristal, muñecos vudú y cartas de tarot. 

Cada tanto había gente que iba a visitarla, en su mayoría mujeres, para que le lea las cartas, le curara el mal de ojo u otras prácticas de brujería similares.

Un buen día la chica estaba preparándose para dormir, cuando de repente sintió que alguien se subía encima de ella y la asfixiaba. Se despertó y observo para todos lados, pero no había nadie, cerró los ojos de nuevo, pero la sensación se hizo más fuerte. La chica se levantó y sin comprender mucho lo que pasaba se arrodilló y se puso a rezar, pero de nada sirvió, seguía sintiendo su garganta oprimida y cada vez era más fuerte, como si la estrangularan y por más que rezaba y clamaba a Dios por ayuda no lograba que el dolor cese... Lo más curioso era que no había nadie ni nada que le pudiera provocar dicho dolor, pero lo sentía de todas maneras. 

Un dolor insoportable que apretaba cada vez más y más su garganta. Desesperada intentó gritar, pero el dolor la presión impedía que salieran palabras de su boca, apenas pudo esbozar unos quejidos a un volumen extremadamente bajo. Al pasar los minutos comenzó a dormirse y a pacificarse lentamente hasta caer en un sueño eterno. La chica del séptimo había fallecido.

Cuentan quienes tuvieron la posibilidad de volver a ese lugar luego del incidente, que en su mano había un pequeño muñeco vudú al cuál había sujetado del cuello y con mucha fuerza antes de morir, suficiente fuerza como para haber logrado desgarrar algunas fibras de algodón.

lunes, 1 de febrero de 2021

Insomnio

 

Estaba en mi cama dispuesto a dormirme, puse mi celular a cargar. Acto seguido me acomode con la cabeza en la almohada y cerré los ojos. Pasó un segundo, dos, tres, cuatro, cinco, un minuto… Seguía sin poder conciliar el sueño. La adrenalina corría desde mis piernas hasta mi cabeza inundando cada rincón de mi cuerpo, no entendía demasiado bien por qué, pero sentía que alguien me vigilaba.

Abrí los ojos y mire nuevamente el celular, leí la hora 0:34. Intente dormir  de nuevo. Repetí todos los pasos y… Uno, dos, tres, cuatro… Otra vez la misma sensación, adrenalina por todas parte, miedo al borde del pánico. “Alguien me vigila”.

Me levante y prendí la luz, mi habitación no era muy grande ni tenía muchos huecos para esconderse.  A simple vista no había nadie, tal vez era un simple producto de mi imaginación, algo a lo que no debía dar importancia… O tal vez no, tal vez si era cierto que había alguien en la casa, pero no lo veía.

Abrí el placar y lo revise integro, no había nadie allí, tampoco abajo de la cama… Pero qué sería, por qué tenía esa horrible sensación, por qué rechinaban mis dientes, por qué temblaban mis piernas…

Fui a la cocina y también al baño, prendí todas las luces y busque por todos lados, pero nada, solo yo estaba en ese lugar. Sin embargo sentía  la presencia detrás, asechando en todo momento, esperando que me distrajera o hiciera algo mal para atacarme, pero cuando me daba vuelta, no había nada ¿qué quería de mí? Tampoco lo sé, pero por algo estaba ahí… Estaba completamente seguro

Busque y busque donde se podía, recorrí cada rincón de la casa esperando encontrar algo, escuchar algún ruido, ver alguna sombra, pero de nuevo nada.

Seguramente era producto de mi imaginación y no había nadie más en mi casa, seguramente estaba volviéndome paranoico. Intentaba tranquilizarme pensando eso.

Volví a la cama, me recosté y arranque a contar para relajarme. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…

Me era imposible dormirme de todas maneras, otra vez la adrenalina, otra vez miedo e incertidumbre. Estaba seguro de que había alguien, pero no podía verlo.

Me levante de nuevo, prendí la luz y tampoco nada… Así estuve toda la noche y las dos noches siguientes, seguro de que alguien me vigilaba, pero nada podía hacer para impedirlo, ni tampoco podía encontrar quien o que era…

A la tercera noche, al fin pude dormir, pero no volví a despertarme.