Hace tiempo que tengo un amigo, un amigo muy bueno. De esos
que se cuentan con los dedos de una mano. Con el compartíamos, compartimos y
compartiremos, muchas cosas; uno con el que siempre fuimos muy unidos.
Un buen día, empezó a salir con una chica, me puse muy
contento por el hecho, al principio, como es de esperarse en la mayoría de los
casos, se daban mucho afecto, con mucha intensidad.
A medida que fue pasando el tiempo, naturalmente el afecto
fue creciendo, pero la intensidad decayendo, lo cual es algo sumamente normal.
Al chico no le gustó, fue entonces que empezó a celar a su novia, a
controlarla, a fijarse con quien hablaba, con quien dejaba de hablar y a
enojarse cada vez que sentía su lugar “privilegiado” amenazado.
Recuerdo una vez en la que estaba reunido con los dos, y como
a mí siempre me habían gustado los chistes, decidí realizarle uno a la chica,
que dicho sea de paso también es amiga mía. He de reconocer que el chiste era
un poco indecente, pero la reacción de este hombre no tenía justificación alguna.
Se enojó tanto que estrellò su mano contra el vidrio de mi reloj pulsera.
Dejándome un aparato que ya no me servía a mí y un puño ensangrentado a él. Ni
a su novia ni a mi este suceso nos pasó desapercibido, los dos nos asustamos al
ver esa reacción, ese sentimiento de pertenencia tan fuerte que había en el
interior del joven.
Intente hablar con mi amigo, ver si de alguna manera podía
moderarlo, usé mis palabras, canciones, textos, incluso videos, pero ya era muy
tarde para revertirlo. Estaba convencido de que era lo correcto porque la
quería, y también, de que yo no lo entendía porque no tenía a alguien a quien
amar. No es un dato menor, que la chica también cometía este error de concepto,
ella también pensaba que era algo sano y una muestra de amor el celar y ser
celado, en definitiva si él era así es porque ella lo había condicionado para
que fuese así.
Es que es así, uno a los amigos los quiere, pero estos a
veces pueden hacer muchas idioteces. Luego de ver esta situación, me prometí a
mí mismo, que nunca iba a dejar que esto me pasara, que me iba a mantener lo
más alejado posible de los celos.
Sin embargo un buen día, sentí en peligro mi posibilidad de
ligue con una chica que me gustaba, y mis celos empezaron a aflorar. Fue algo
muy curioso, porque era la primera vez que sentía algo así, nunca antes me
había pasado. Luego de esto empecé a sentir una sensación de rabia e ira muy
profunda. No en contra de quien amenazaba mi “territorio”, sino en contra mía,
por la reacción que había tenido. Ya que siempre mantuve un concepto muy claro,
“nadie es de nadie”.
A diferencia de lo que le paso a mi amigo a mí los celos no
me consumieron, supe detenerme cuando fue necesario, porque resulta que no se
trata de lo mucho que uno pueda querer a una determinada persona. Sino de que
si se entiende a esa persona como tal o como una propiedad.
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