Todos los viernes nos juntábamos con
mis amigos a jugar juegos de mesa. Éramos un grupo de cinco personas, tres
chicos y dos chicas, que nos conocíamos desde hacía muchísimos años... Éramos
muy buenos amigos
Nos juntábamos en una casa, a veces la
mía, otras la de algún otro, armábamos una picada, comprábamos un par de
cervezas y nos poníamos a jugar. Esta vez tocaba en la casa de Germán,
generalmente jugábamos al ludo o alguno de los juegos que tenía él en su casa,
pero como yo había comprado un juego nuevo, decidí llevarlo esta vez.
Se trataba de El estanciero, pero no
su versión clásica, sino una nueva de edición especial.... Y no, realmente era
el mismo juego solo que en vez de fichas de caballos tenía camionetas pick-up,
o al menos eso se veía a simple vista. De todas formas el juego era muy
divertido.
Una vez habíamos terminado de comer y
ya al borde de reventar, nos sentamos alrededor de la caja y procedimos a
repartir las fichas para empezar a jugar. Éramos cuatro jugadores: Daniel,
Julia, Diana y yo. Germán se ofreció para oficiar de banco, por lo que luego de
haber repartido los muñequitos, comenzó a repartir el dinero correspondiente a
cada jugador.
Al colocar las fichas en el tablero,
emergió del centro del mismo un edificio que aparentaba ser un banco... Tal era
su magnitud, qué todos quedamos dentro de él.
Todos:- ¿Qué clase de juego compraste?
Yo:-No sé, pero esto está buenísimo,
jajajaja ¿Será un inflable o algo así?
Germán:- No creo las paredes son de
concreto
Yo:- Dale sí, y el juego tiene poderes
mágicos
Daniel:- Man es enserio... Las paredes
son de concreto
Yo:(tocando la pared)- Ah sí, es
verdad ¿Y ahora qué se supone que hagamos?
Julia:- Esperemos, es como en esas películas
dónde quedan atrapados adentro del juego, ya nos va a decir
Luego de unos segundos el piso se
abrió y de este emergieron dos dados. Automáticamente Germán quedó preso en una
caja del banco, no podía salir de su cubículo. Al mismo tiempo, yo me transformé
en una camioneta 4x4 y mis otros amigos cada uno en sus respectivas fichas. Era
algo extraño tener un tanque de combustible en vez de panza y un motor a
combustión en vez de corazón, pero la sensación era fantástica. Acelerando un
poco di vuelta los dados. Entre los dos, sumaban nueve. Todos mis compañeros
hicieron lo mismo, y cuando terminamos aparecimos en el campo.
Una vez allí quise acelerar, pero no
pude, le tocaba a Diana ser la primera, porque había sacado diez. Ella que era
un tractor, aceleró hasta los diez metros. Posteriormente de izquierda a
derecha fuimos avanzando todos. Mientras avanzábamos, aparecía Germán, quien
todavía era una persona, aunque se proyectase como holograma y cumplía con las
órdenes del casillero.
En mi caso, me tocaba un pinchazo, que
me hiciera perder un turno, con un alfiler pinchó mi cubierta trasera del lado
izquierdo. A otros les aparecían campos vacíos que podían comprar y a otros les
ofrecian recompensas económicas. A medida que el juego iba avanzando, Germán se
encargaba de ejecutar todas las acciones que correspondían.
Una vez que entendimos la dinámica del
juego, seguimos jugando, no por diversión, ni por competir, sino por mera Inercia.
Comerciábamos, negociábamos, ganábamos, perdíamos. Sin embargo, nada importaba,
solo lo hacíamos…
Para cierto punto, ya ni siquiera hablaba
con los otros jugadores, lo único que podía escuchar era el rugir de mi motor y
las instrucciones de los casilleros. En mi tablero podía observar cuánto dinero
me quedaba y qué terrenos del mapa poseía.
Jugamos durante horas, días, meses, no
lo sé con exactitud, solo sabía que al mover los dados mi motor avanzaba y al
llegar a una casilla, el banquero ejecutaba acciones. A veces me beneficiaban,
a veces me perjudicaban...
La cuestión es que llegado el momento
me quedé sin dinero, fui el primero de todos en hacerlo. Me transporte a uno de
mis terrenos y lo hipoteque, luego otro, otro y otro, hasta hipotecarlos
todos... Poco a poco iba quedando cada
vez más pobre y con menor capital. A la larga, terminé perdiendo absolutamente
todo, quedando en banca rota. Cuando
sucedió eso, inmediatamente la tierra se abrió y desaparecí del mapa.
Poco después, desperté en mi
habitación, parecía todo normal, era un humano nuevamente... Pensé que había sido
solo un sueño. Me levanté y fui al baño, mientras trataba de recordar todo lo
que había pasado. Había sido un sueño muy extraño, al principio parecía
divertido, pero luego se puso cada vez más tétrico y terminó siendo una
pesadilla.
Decidí escribir en el grupo de
WhatsApp lo que había pasado, pero nadie contesto... Ese día no le di mucha
importancia, supuse que todos dormían y me volví a acostar.
Al otro día a la mañana, llamo Julia,
había soñado lo mismo que yo, solo que ella era una cosechadora en vez de una
camioneta. Atando cabos, comenzamos a sospechar que no era un sueño, sino que
fue real. Por lo que decidimos ir a la casa de Germán a buscar el juego. Diana
que también había despertado nos acompañó.
Nos reunimos ese mismo día dos horas
más tarde de haber conversado sobre lo sucedido. Cuando llegamos, encontramos
el juego sobre la mesa, las fichas dispersas por todo el living y a nuestros
dos amigos moviéndose por el tablero sin poder escapar nunca más. Tratamos de
sacarlos utilizando diferentes métodos, pero todo fue inútil, habían quedado ahí para
siempre. Los tres quebramos en llanto, nuestros amigos habían tenido peor
destino que la muerte.
Esperamos días, meses y años, pero ellos jamás volvieron y yo nunca pude dejar de culparme por ello, así como nunca pude dejar de sentir que un pedazo de mi alma había quedado allí también. Cuentan por ahí que si comprás uno de esos juegos, la cara de ellos dos aparece en el dorso de la caja, al igual que la de todos los "ganadores" En lo particular, nunca más me animé a jugarlo. Aunque quién sabe, tal vez algún día los pueda salvar.
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