Enero de 2020, Buenos Aires Argentina
Voy a confesar lo que pasó en mis
últimas vacaciones, fue una experiencia fuerte, apenas pude salir con vida y
perdí a un gran amigo en el camino. No se crean que lo cuento por el morbo o
por la fama que tal vez me pueda dar semejante historia, sino porque necesito
desahogarme, necesito que el mundo sepa lo que pasó hace no más de un mes,
cuando fui de vacaciones a Las grutas.
Con mi amigo Roberto nos preparamos
para salir a la mañana. Armamos nuestros bolsos y subimos a su auto sin un
destino fijo, pero con un rumbo claro. Conducimos durante varios kilómetros y
durante varias horas. El paisaje era muy monótono, pero la música del
estero hacía más ameno el viaje. Al caer la noche, decidimos parar
y hospedarnos en un hotel de un pueblo del sur, cuyo nombre no recuerdo. Ya de
mañana nuevamente, seguimos viaje hasta llegar a Las grutas y nos pareció un
lindo lugar para quedarnos unos días. Recorrimos la ciudad hasta encontrar
algún hotel que se adaptara a nuestro presupuesto y afortunadamente lo
encontramos, un pequeño hotel para pocos pasajeros, no era demasiado lindo, no
demasiado lujoso, pero estaba limpio y nos cobraba poco. Una vez que nos dieron
la habitación, dejamos las maletas y fuimos a recorrer la ciudad. Ese primer
día fue normal, lo más trágico nos sucedió el segundo.
Luego de pasar la primera noche, nos
levantamos, desayunamos y fuimos a la playa hasta la hora de almorzar. El el ínterin
una medusa picó a mi amigo, en la rodilla, por lo que cuando llegamos al
restaurant tuve que pedir ayuda a un mozo para subir la escalera. Él pesaba
cuarenta kilos más que yo y por eso se me hacía muy difícil aguantar su peso yo
solo. Mientras subíamos le conté al mozo lo que le había pasado y nos comentó
que arriba tenían una piscina con aguas curativas y que podía meterse allí para
sanar más rápido. Ellos se fueron y yo me senté en una mesa, mientras leía el
menú escuché que mi amigo gritaba detrás de la puerta. Eran gritos muy fuertes
por lo que me levanté y fui a ver lo que pasaba. El tanque dónde estaba mi
amigo estaba lleno de pirañas, intenté sacarlo y la sorpresa que tuve fue
horrible, ya no tenía piernas, habían comido todo su cuerpo de cintura para abajo.
Hice que se abrazara a mi cuello y salí corriendo lo más rápido que podía, me
salieron a perseguir, pero afortunadamente no me atraparon, sin embargo
no puede salvarlo, tras hacer doscientos metros desde la puerta del local
intenté socorrerlo, pero fue en vano, había perdido mucha sangre y ya estaba
muerto.
Llamé a un policía que estaba por ahí
y le dije lo que había pasado, me dijo que vaya hasta el hotel a buscar sus
documentos y que luego íbamos a comisaría a hacer la denuncia y los trámites
pertinentes. Fui hasta el hotel y el horror fue aún peor, me encontré una manta
que envolvía un bulto bastante grande y a uno de los pasajeros con un cuchillo
en la mano. Me dijo que lo que había envuelto en esa manta era un cadáver, que
si prometía no decir nada me dejaba ir, pero que si no iba a correr la misma
suerte. Prometí no decir nada, pero se ve que no fue suficiente. Me dio un
cuchillo y me retó a un duelo. Rápidamente corté su muñeca, pero no fue
suficiente para él, no quería terminar el duelo a primera sangre, sino que
pretendía que fuera un duelo a muerte. Enrolle mi remera en mi brazo izquierdo
y lleno de adrenalina me dispuse a pelear. Logró hacerme varios cortes y varias
estocadas, pero al final pude darle un puntazo en el estómago. Busqué las llaves
del auto y me fui.
Hoy estoy de nuevo en mi casa y cuento
mi experiencia, no sé qué pasó con el hombre con el que peleé, pero mis heridas
aún no terminaron de sanar. Tampoco sé qué pasó con los del restaurant ni a
cuántos mataron después o con qué fin lo hacían, pero más importante nunca pude
saber qué pasó con el cadáver de mi amigo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario