Eran ya las tres de la tarde, el calor era insoportable.
Estaba yo en mi trabajo, como siempre,
acomodando los frascos, cuando de repente entro por la puerta. Ese perfume de
jazmines que hacía mucho no sentía y que todavía podía recordar a la
perfección. Era ella, la chica que hacía tanto no veía, quien había sido el
amor de mi infancia, y la persona con la cual nunca había tenido el valor para
avanzar, para decirle lo que sentía, esa persona la cual siempre había querido
borrar de mi memoria, esa mancha negra de mi historia que me recordaba que no
siempre había tenido lo necesario para ser un verdadero hombre.
Fue entonces que se dirigió a mí y me pidió que le diera
semillas de girasol, a mí me temblaba tanto el pulso que confieso haber
desparramado semillas por todo el local en el proceso que las servía. Ella notó
que tenía los mismos movimientos que ese chico que cuando podía se acercaba a
hablarle hace tantos años y que después se esfumaba por la vergüenza, fue
entonces que me reconoció y pronunció mi nombre, al oírlo me congelé y pareció
que él tiempo se paraba y que nada se movía por un instante, finalmente le dije
que sí, que yo era esa misma persona y le pedí su teléfono para seguir en
contacto. Ella accedió a dármelo y con una sonrisa en el rostro se marchó.
Al llegar a mi casa esa misma noche decidí escribirle y
planifique el invitarla a salir al día siguiente, aunque estaba muy inseguro de
hacerlo, porque sabía bien que la vida no da segundas oportunidades,
posteriormente me fui a dormir y fue esa misma noche mientras dormía, cuando
soñé algo que cambió mi forma de ver el mundo para siempre.
Resulta que soñé que finalmente conseguía besarla, era algo
hermoso y único que por un momento me hizo tocar el cielo con las manos, algo
que jamás había sentido, sin embargo no fue hasta después de eso que me di
cuenta de cuál era su verdadera intención. lo cierto era que ella no quería besarme,
sino que haciéndolo encontró la excusa perfecta para incriminarme por el
asesinato de su novio, del cual jamás había oído hablar. No sé cómo pasó ni
cuando los recuerdos de los sueños suelen ser bastante confusos para todos,
pero desperté justo en el momento que me comenzaban a enjuiciar.
Entonces fue cuando decidí no escribirle y continuar con mi
vida sin ella en esta porque me auto convencí de que eso era lo mejor.
Ese día retomé mis actividades rutinarias cuando de repente
ya de vuelta en el trabajo recibo un mensaje de ella, el cual en un principio
no quise leer, pero un poco más tarde, a fin de cuentas lo hice, resulta que en
este decía que ella nunca había creído en las segundas oportunidades, pero que
creía que tal vez pudiéramos intentar salir y ver que sucedía, con mucha
desconfianza acepté pesé a que mi instinto me dijera que no. Ese día término
siendo uno de los mejores de mi vida y podría habérmelo perdido si no hubiese
puesto de mí el optimismo suficiente. Que increíbles son las segundas
oportunidades si no creemos en ellas es porque no nos permitimos tenerlas, y no
porque la vida no nos las presente, ya que no solo presenta dos, en ocasiones
presenta tres y vaya uno a saber cuántas más. Todo depende de nosotros mismos.
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