Eran las doce de la mañana, me encontraba con mi madre en la
cocina, conversando sobre las conductas del ser humano. Ella, me decía que los
hombres siempre nos equivocamos, que estamos en constante error, pero que los
que somos racionales, aprendemos de ello y encontramos la forma de ser cada día
mejores, según su postura, los seres humanos nos encontramos en constante
fracaso y gracias a esto último en constante progreso.
En ese momento asentí con la cabeza, me dispuse a cambiarme y
luego de un rato, salí de casa rumbo para el trabajo, camine un largo trecho
hasta que tropecé con una piedra, era la misma piedra con la que había
tropezado la semana pasada, usualmente este acto hubiese pasado completamente
desapercibido, de no ser porque me llevo a hacer una reflexión más profunda.
Una vez ya en el local, tuve un rato a solas, en el cual me
senté en absoluto silencio, a pensar, a reflexionar mí día a día, a sacar
conclusiones de los hechos que siempre me suceden. Fue entonces que me puse a
pensar en ese adoquín de la vereda, en ese hecho minúsculo, pero oportuno el
cual me hizo darme cuenta de que había cometido el mismo traspié que hacía una
semana atrás. Me llevo a pensar mi forma de trabajar, y me di cuenta de que
antes cada vez que vendía huevos se me
rompían, también pensé lo siguiente, que si yo no hubiese observado como lo
hacía alguien más, todavía se me seguirían quebrando.
Luego recordé otro hecho, uno de hace muchos años, la primera
vez que repare un juguete y este pudo volver a ser funcional. Cuando era más
joven, siempre intentaba reparar mis juguetes que se rompían, pero rara vez lo
lograba con efectividad, son contadas con los dedos de las manos las veces que
lo hice, sin embargo en este hecho
concreto, había logrado a base de cinta de embalar, conseguir la suficiente
presión como para que el botón pudiera hacer contacto con la plaqueta y de esta
forma el juguete vuelva a emitir luces.
Fue entonces que se me ocurrió redefinir el concepto inicial,
las personas no aprendemos de nuestros errores, o por lo menos no es mi caso,
lo que nos lleva a mejorar es nuestra inventiva y nuestra calidad de
observación, fue la primera la que consiguió arreglar mi juguete, y fue la
segunda la que me evito seguir rompiendo los huevos, en un sentido netamente
literal.
A la conclusión final que llegue es a que no es cierto que
los errores nos hagan evolucionar, sino que la fuerza de voluntad y nuestro
apetito insaciable de querer ser más que lo que podemos ser ahora es lo que nos
impulsa a buscar maneras de llegar a parecernos a ese ser perfecto, ese héroe
que habita en nuestra mente, el ideal de ser humano que eventualmente algún día
alcanzaremos.