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lunes, 6 de enero de 2020

Fantasmas


Mi mujer y yo nos habíamos peleado, hacía unos meses que no hablábamos, por lo que decidí salir con unos amigos para divertirme un poco, aunque sea por un rato. Fuimos a mi bar favorito, también era el suyo, pero... Como tiene muchos pisos, no íbamos a tener problemas de cruzarnos. Además ese día le tocaba cuidar a su hijo, así que no tenía por qué aparecerse por ahí.

Cuando llegamos nos sentamos en una mesa larga, pues éramos más de diez. Al rato pedimos algo para tomar, no soy una persona a la que le guste tomar mucho, pero estaba tan mal, que necesitaba olvidar por un rato... Así que pedí varios tragos, los suficientes como para emborracharme. Mientras tanto, cantaba las canciones que hacía sonar la rocola, mientras mis amigos contaban anécdotas graciosas.

Luego de unas horas, uno de mis amigos, él que estaba más en la punta de la mesa notó que al lado nuestro estaba ella, mi ex, junto con varias amigas suyas. Inmediatamente le dijo a la persona que tenía en frente y entre los dos trataron de influirme para que la viera. Tal era mi estado de ebriedad que estaba completamente ido del mundo, no prestaba atención a lo que pasaba a mi alrededor, solo estaba sumido en la música y en mis pensamientos. Razón por la cual no comprendí lo que me decían.

Unos minutos más tarde, tuve que ir al baño. Mientras salía de este, la crucé.  Ella me frenó y me preguntó si podíamos hablar, yo estaba bastante reticente, pero le dije que al día siguiente, nos encontráramos para conversar, ese día estaba muy borracho.
Al otro día, nos juntamos en una plaza a la que no concurría mucha gente, ella llevo al niño, quien se puso a jugar en las hamacas. A él lo extrañaba mucho, no era mi hijo, pero lo quería como si lo fuera. Luego de un rato conversando, nos dimos cuenta de que a pesar de las peleas, todavía nos amábamos mucho, por lo que inmediatamente le pedí disculpas por mi comportamiento. No me fue tan fácil convencerla pero, al rato nos fundimos en un apasionado beso y por fin volvimos a estar juntos.

Me ofrecí a acompañarlos a su casa, vivían a pocas cuadras de ahí, el muchachitos iba tomando la mano de su mamá y ella me tomaba del brazo. Caminamos un par de cuadras cuando nos cruzamos con unos perros que estaban peleando. Al ver esto el pequeño se asustó, y salió corriendo, sin pensar muy bien hacía dónde iba. Lo llamamos para que no escapara, pero no hizo caso, estaba muy asustado. La buena noticia, es que vimos dónde se había escondido.

- Mira amor se metió en la casa de allá
- No, no me jodas
- Si está ahí, vamos a buscarlo
- No boludo, ese bar está abandonado, y dicen que hay fantasmas ahí
- Ah no puedo creer que todavía pienses que hay fantasmas, vamos a buscar a tu hijo que seguro está muy asustado y te necesita.
- Bueno, tenés razón, pobrecito mi bebe. Tengo que ser valiente.

Nos acercamos al bar y ni bien pasamos la puerta lo encontramos. Estaba hecho un bollito en un rincón. Su madre lo tomó en brazos y le preguntó si ya estaba bien, él la abrazo fuerte y nos volvimos a su casa.

Cuándo ya estaba despidiéndome, el niño preguntó si no me quería quedar a cenar, por cortesía dije que no, aunque realmente tenía muchas ganas de decir sí. La mamá lo escuchó y también insistió para que me quedara, alegando que iba a hacer milanesas y que sabía de sobra que me gustan mucho. Así que opté por quedarme.

La noche se hizo larga, entre tanta comida y tantas risas se hizo muy tarde, por lo que también fui invitado a dormir ahí, y por supuesto, esa era una oferta que no iba a rechazar.

Al día siguiente, nos levantamos temprano para ir al supermercado, en el camino, le pregunté al pequeño de la familia si quería oír una historia de terror, después de todo, le gustaban bastante. Aunque... He de confesar que yo tenía más curiosidad qué él. Asintió con la cabeza, así que le pedí a mi señora, qué contará la historia del bar abandonado. Yo no la sabia, pero quería saber por qué ella había comentado que allí había fantasmas.

-No estoy segura de que deba contar eso, vos ayer te metiste ahí.
-Si mami, no imprima, sé que son todas mentiras... No me va a pasar nada si entró.
- Ves mujer hasta un nene de tres años entiende que esas historias son mentira, son solo para divertirse ¿o no campeón?
- Claro que sí... Ya contanos la historia por favor.
- Bueno, está bien:

Resulta que en ese bar, que tiene muchos pisos, había un ascensor, este tenía muchos botones y uno especial, al que solo se podía acceder con una llave, ahí vivía la dueña, sin embargo... Esto era algo que pocos visitantes sabían. Un día uno de ellos, muerto de curiosidad. Intentó bajar al subsuelo (el lugar al que no se podía acceder). Y terminó dañando el ascensor. Sin embargo, lo logró, pero al ver que era una simple casa, donde vivía la dueña, volvió desalentado al bar.

Poco después, un grupo de amigos, tomó el mismo ascensor para cambiar de piso, planeaban ir al pool que se encontraba arriba de todo… Sin embargo, tuvieron tanta mala suerte, que el ascensor se desplomó, a causa de que el otro hombre había forzado la cerradura. El ascensor tomó la vida de todos los que en él se encontraban.

Cuenta la leyenda, que sí de noche te tomas el ascensor y bajas al subsuelo, los fantasmas de esos chicos aparecen y te desaparecen para siempre.

- Que buena historia ¿no es así?
- Si mami muy buena, me dio un poquito de miedo.
- No te preocupes nene, recorda que son todas mentiras.
-Por supuesto que sí

Luego de eso, terminamos de hacer las compras, almorzamos en un restaurant y luego fuimos a la plaza, todo como una familia nuevamente. Estábamos los tres muy contentos, sobre todo el más pequeño, que como era huérfano de padre me había tomado a mí como figura paterna. De hecho, murió cuando ella aún estaba embarazada, por lo que ni siquiera lo conocía. Por mi parte, me encantaba pasar tiempo con él.

Mientras volvíamos a casa, ya cerca del atardecer, nos volvimos a cruzar con los perros peleando. Intenté tomar al niño en brazos, pero de nuevo salió corriendo y se metió en el bar. Nuevamente lo fuimos a buscar, pero esta vez no lo encontramos. Nos metimos dentro de la construcción y empezamos a llamarlo, pero no aparecía por ningún lado. Subimos las escaleras, que rechinaban bastante por la falta de mantenimiento, pero, tampoco estaba en los pisos superiores.

Desesperados los dos, decidimos llamar a la policía, pero al rato se me ocurrió qué todavía no habíamos revisado en el subsuelo y que tal vez estaba ahí. Bajamos la escalera, pero tampoco lo encontramos. Solo encontramos un viejo proyector y una computadora. -Mira acá están tus fantasmas exclamé de manera burlona.

Al no encontrarlo, optamos por llamar a la policía y contar lo que había pasado, al cabo de unos minutos, llegó un patrullero con dos agentes, quienes se pusieron a buscar junto con nosotros. Uno de ellos se percató de que el ascensor todavía funcionaba y que tal vez estaba ahí adentro. Nos subimos los cuatro, pero él no estaba ahí. Sin embargo, el ascensor bajó automáticamente, dejándonos de nuevo en el subsuelo. Efectivamente la proyección de los fantasmas apareció y también el niño, que nos miró y dijo -Miren esté es mi papá, al fin lo pude conocer.