Era un edificio de muchos departamentos, allí, se había
mudado en el décimo piso una joven de unos aproximados veinte años, que poseía
una belleza extraordinaria, lo cual hacia que todos los hombres que la veían,
cayeran rendidos a sus pies. Parecía hechizarlos, con el simple hecho de
mirarlos a los ojos o esbozar una leve sonrisa.
Una noche de verano, se escuchó un grito agudo proveniente
de su departamento, tal fue el estruendo, que una de las vecinas llamo a la
policía. Cuando llegó el oficial a los pocos minutos, encontró a la chica
llorando desconsolada y al comentarle, este, por qué estaba allí, ella confeso
haber sido quien emitió los gritos.
Conto ella, que cuando llego de trabajar encontró a un
hombre ensangrentado en el medio del living, que no sabía cómo había ingresado,
pero que intento ayudarlo. Aunque nada pudo hacer, puesto que murió a los pocos
segundos.
El oficial, inmediatamente,
pidió ingresar a la propiedad y que le enseñe el cadáver. Efectivamente,
estaba en el medio del living y el sujeto, que aparentaba ser bastante mayor
que la muchacha, presentaba un tajo en la garganta y una incisión profunda en
la yugular. Eso dejaría muerto en cuestión de segundos a cualquiera.
Seguidamente, el policía solicito un equipo forense y un inspector, para
comenzar la investigación del caso.
El inspector, apareció en escena a los pocos minutos,
solicito ingresar primero, para hablar con la muchacha, que hasta ahora era la
principal sospechosa, y que una vez terminado el interrogatorio, todo el resto
del equipo, ingresaría también.
Al aparecerse, golpeo la puerta dos veces, y el oficial
acudió a abrirle. El detective solicito que se quedase afuera alerta, mientras
él hablaba, solo, con la sospechosa.
Como era de esperarse, quedo maravillado con su belleza, la piel suave y
brillante, los labios carnosos, unos ojos muy llamativos y un escote que dejaba
poco a la imaginación. A pesar de esto, el hombre trato de pensar en frio,
sabemos bien que los policías son capaces de trabajar bajo presión, este caso
no iba a ser la excepción.
-Señorita, por favor cuénteme lo que ocurrió con lujo de
detalle.
-Llegue del trabajo hace unas pocas horas, trabajo de moza
en el bar de la esquina, hoy me tocaba el turno de la noche, cuando ingrese a
mi casa a la madrugada, encontré a este hombre en el suelo, revise si aparecía
alguien más… Le pregunte a él porque estaba acá y que le había pasado pero, no
pudo responderme. Ahí note que tenía un
tajo en la garganta, trate de ayudarlo colocando un repasador en la herida,
pero fue inútil, siguió sangrando y finalmente murió.
Por cierto, mientras lo ayudaba, mancho mi camisa. Por eso
decidí quitármela y ponerme otra blusa, supongo que servirá para la
investigación.
-Hizo bien. Acompáñeme a recorrer las habitaciones, debemos
verificar que la cerradura no haya sido forzada y si el sospechoso, pudo o no
haber ingresado por alguna ventana.
El detective reviso la puerta de entrada y noto que esta no
había sido forzada, la cerradura estaba en perfecto estado y la madera no
estaba quebrada, ni dañada. Revisando la sala encontró un bolso, el cual
pertenecía a la dueña del departamento, donde había un poco de ropa. Parecía
indicar que era cierto que ella había llegado recién de trabajar. En ese mismo
ambiente, se encontraban el cadáver y las dos prendas que la mujer había
mencionado. En el dormitorio, todo parecía estar normal, estaba todo en su
lugar. Las ventanas estaban cerradas
todas, ninguna estaba rota, ni tampoco forzada,
y parecía muy difícil ingresar desde el balcón, más aun, con un hombre
de unos aproximados setenta kilogramos acuestas, que presumiblemente, aún
estaba vivo.
-¿Hay alguien más que tenga llave de este lugar?
- Si, mi mamá
- ¿Sabe si vino recientemente? es realmente extraño lo que
aquí sucedió, no parece haber ingresado nadie mientras usted estaba fuera.
-Realmente no lo sé, pero puedo llamarla y preguntarle si
usted quiere
-No, no, solo le solicitare la dirección para poder ir a
investigar más tarde. Lo que si voy a tener que pedirle es que deje su llave aquí,
estaremos investigando por largas horas, si usted lo desea, puede retirarse.
Llamare a mi unidad para que ingresen al edificio.
-Muy bien, yo pasare la noche en casa de una amiga, aquí se
la dejo.
Al ingresar la unidad, el inspector repartió las tareas, el
equipo de forenses debía encargarse de realizar pruebas de ADN tanto en el
cuerpo, como en el repasador y la camisa. Cuando identificaran a la víctima,
debían llamar a algún familiar para que reconociera el cuerpo y prestase
declaración. Los agentes, por su parte, debían tomar declaración en todos los
departamentos del edifico, para ello, designo dos uniformados por piso.
Posteriormente, llamo a comisaria y ordeno que a la mañana siguiente, se
enviase una patrulla al bar y otra a casa de la madre, para constatar el relato
de la muchacha.
Pasadas ya las doce del mediodía, del día siguiente, el
inspector se sentó en su despacho con toda la evidencia y se dispuso a
reconstruir los hechos.
El cuerpo, era de un tal Lautaro López, su esposa había
confirmado que era él. El corte había sido realizado con un cuchillo de cocina,
una hora antes de la muerte, era un corte muy preciso, casi de cirujano. La muchacha decía no conocer al sujeto, la
madre tampoco lo conocía y ella afirmo ser la única que poseía llave del
departamento. En el bar, habían confirmado que ese día ella trabajo hasta las
dos de la mañana. Los vecinos no recordaban haberla visto ingresar, el
encargado no estaba, pero si recordaba haberla visto salir a las seis de la
tarde. El ADN tanto en el repasador como en la camisa eran uno de Lautaro y
otro de la joven, que también coincidía en los restos de cabello que presentaba
el cadáver. Sin embargo, había restos de
piel que pertenecían a otra persona, un masculino.
Investigando en la base de datos de la policía, el inspector
dio con un tal Ernesto Fernández, un ex convicto, que había cumplido condena
por tenencia de armas y narcotráfico. Inmediatamente, se solicitó una orden de
allanamiento para la morada de este señor y se dispuso a realizar otra en el
departamento de la chica, a la que se la volvió a interrogar, consultando si
tenía algún parentesco con el hombre.
Nada se encontró en la casa del caballero, pero si, en la
cocina de la dama, apareció un cuchillo, con las huellas de Ernesto,
inmediatamente se llevó el caso a fiscalía y se lo detuvo, preventivamente.
El detective, fue a visitar nuevamente a la muchacha y le
dijo que iba para comentarle que ya habían encontrado al culpable del crimen y
que el caso estaba cerrado, solo quedaba aguardar la sentencia.
Ella lo hizo pasar a tomar algo y se pusieron a platicar. En
medio de la conversación, el acoto que realmente no estaba allí solo para
comunicarle eso, sino porque había quedado maravillado con su belleza y que
simplemente buscó una excusa para verla. Entre risas, ella comento, que también
se sentía atraída por él, y que aunque ahora mismo debía ir al trabajo, sería
agradable que se frecuentasen más seguido.
Al volver ella a su
casa esa misma noche, se acostaron y a la mañana siguiente, él partió para su
trabajo, prometiendo volver esa misma tarde.
Paralelamente, la fiscal investigaba el caso, cuando
descubrió que había un detalle del cual nadie se había percatado. No había
indicios de cómo había ingresado Fernández a la propiedad. La puerta y las
ventanas estaban en perfecto estado, además no había evidencia de por qué lo
mató justo en ese lugar, ¿qué lo había llevado ahí? No podía ser simplemente
una casualidad.
Por esta misma razón, es que ella ordena un segundo
allanamiento a la casa de Ernesto, donde descubre una copia de la llave, del
departamento de la señorita.
Inmediatamente, después de esto, se dirigen allí para
detenerla por falso testimonio y obstrucción de la justicia, además de
complicidad en el homicidio. Cuando llegan, se encuentran con el inspector,
apunto de ser ejecutado en la sala, por otro hombre y de la misma manera que había
sido asesinado Lautaro. Exactamente, en el momento en que la moza,
oportunamente, se encontraba trabajando.
Pues a esto se dedicaba la mujer… Posteriormente descubrió
la fiscal, que había cambiado de nombre muchas veces, al igual que de domicilio.
Engañaba hombres, para poder quedarse con sus bienes. Su target eran tres tipos
de hombres y cada uno cumplía una función especial: Casados con dinero, como Lautaro.
Ex convictos que por amor estuviesen dispuestos a asesinar, como Ernesto y los
policías que investigasen el caso. Los crímenes, eran siempre cometidos en su
casa, puesto que de esa manera, ella se aseguraba poder seducir al detective
encargado del caso y de esta manera salir siempre impune. Cerraba por todos
lados, era increíble que nadie lo hubiera descubierto.
Resultó a fin de cuentas, que su belleza no era ten
particular, sino que por medio de la hipnosis, podía convencer a cualquiera de
cualquier cosa, incluso de tener una belleza superior a la de cualquier otra
mujer. Esta vez con la fiscal no lo logró, ya que no esperaba, que ella
revisara el expediente.