En plena Semana Santa, reflexionar sobre temas tales como la
fe y las creencias religiosas, se hace bastante frecuente. Sobre todo en un
país católico como en el que yo vivo.
Resulta que mucha gente para estas fechas suele realizar un
sacrificio personal, a modo de duelo por la muerte de Jesús. Si bien yo no soy
católico, por lo que ninguna religión me obliga a hacerlo, decidí hacerlo de
todos modos. Resulta que le conté esto a una amiga, y en consecuencia, me dijo,
que ella lo entiende como algo completamente innecesario. Por mucho que haya
intentado explicárselo no lo entendió, al parecer, su creencia religiosa no lo
entiende así, y por ende nada de lo que le dijera le iba a hacer cambiar de
opinión, o mínimamente entender mis razones.
Esto me llevo a preguntarme qué será ésto que sucede en la
gente, que toma un dogma impuesto por alguien como verdad absoluta, sin pensar
que hay otras personas que entienden las cosas de otro modo, y que ni uno ni
otro puede comprobar que está en lo cierto como tampoco ninguno puede afirmar
que el otro se equivoca.
No encontré ninguna respuesta razonable. Me es imposible
entenderlo, todos los hombres somos seres de fe. Si incluso los ateos, todos creemos o
descreemos de lo que no podemos ver. Ahora, si todos tenemos fe, ¿Por qué es tan
difícil para muchas personas aceptar la fe de los demás, conocerla y tolerarla?
¿Por qué toman la fe de los demás como una simple superstición y no pueden
tomarla como una creencia? ¿En dónde está la línea que divide la superstición
de las creencias? ¿Acaso las supersticiones no son demostraciones de fe?
Yo no soy dueño de la verdad, por lo que no se la respuesta a
ninguna de estas preguntas, ni las voy a saber nunca, pero creo que el hacerse
todas estas preguntas a uno lo vuelve más tolerante. En lo particular, considero que ninguna
persona tiene más o menos fe que otra, considero que la fe es algo muy personal
y que cada uno tiene que vivirla a su modo, que a la hora de hablar de fe, vale
tanto creer en Jesús, como en Buda, como en la naturaleza, como en Yahveh, como
en el azar o en la suerte. Por esta razón, me parece algo muy repudiable el intentar convencer al de al lado de que lo que
pienso es mejor, como lo hacen muchísimas religiones. Me niego a sentirme parte de alguna de estas
instituciones, no podría hacerlo. Quizás
algún día esto cambie y éstas empiecen a repartir amor de verdad, en vez de
adoctrinamiento disfrazado como tal. Tal
vez cuando llegue ese día, me vaya a sentir orgulloso de decir que pertenezco a
determinada religión.