Mi mujer
y yo nos habíamos peleado, hacía unos meses que no hablábamos, por lo que decidí
salir con unos amigos para divertirme un poco, aunque sea por un rato. Fuimos a
mi bar favorito, también era el suyo, pero... Como tiene muchos pisos, no íbamos
a tener problemas de cruzarnos. Además ese día le tocaba cuidar a su hijo, así
que no tenía por qué aparecerse por ahí.
Cuando
llegamos nos sentamos en una mesa larga, pues éramos más de diez. Al rato
pedimos algo para tomar, no soy una persona a la que le guste tomar mucho, pero
estaba tan mal, que necesitaba olvidar por un rato... Así que pedí varios
tragos, los suficientes como para emborracharme. Mientras tanto, cantaba las
canciones que hacía sonar la rocola, mientras mis amigos contaban anécdotas
graciosas.
Luego de
unas horas, uno de mis amigos, él que estaba más en la punta de la mesa notó
que al lado nuestro estaba ella, mi ex, junto con varias amigas suyas.
Inmediatamente le dijo a la persona que tenía en frente y entre los dos
trataron de influirme para que la viera. Tal era mi estado de ebriedad que
estaba completamente ido del mundo, no prestaba atención a lo que pasaba a mi
alrededor, solo estaba sumido en la música y en mis pensamientos. Razón por la
cual no comprendí lo que me decían.
Unos
minutos más tarde, tuve que ir al baño. Mientras salía de este, la crucé.
Ella me frenó y me preguntó si podíamos hablar, yo estaba bastante reticente,
pero le dije que al día siguiente, nos encontráramos para conversar, ese día
estaba muy borracho.
Al otro
día, nos juntamos en una plaza a la que no concurría mucha gente, ella llevo al
niño, quien se puso a jugar en las hamacas. A él lo extrañaba mucho, no era mi
hijo, pero lo quería como si lo fuera. Luego de un rato conversando, nos dimos
cuenta de que a pesar de las peleas, todavía nos amábamos mucho, por lo que
inmediatamente le pedí disculpas por mi comportamiento. No me fue tan fácil convencerla
pero, al rato nos fundimos en un apasionado beso y por fin volvimos a estar
juntos.
Me ofrecí
a acompañarlos a su casa, vivían a pocas cuadras de ahí, el muchachitos iba
tomando la mano de su mamá y ella me tomaba del brazo. Caminamos un par de
cuadras cuando nos cruzamos con unos perros que estaban peleando. Al ver esto
el pequeño se asustó, y salió corriendo, sin pensar muy bien hacía dónde iba.
Lo llamamos para que no escapara, pero no hizo caso, estaba muy asustado. La
buena noticia, es que vimos dónde se había escondido.
- Mira
amor se metió en la casa de allá
- No, no
me jodas
- Si está
ahí, vamos a buscarlo
- No
boludo, ese bar está abandonado, y dicen que hay fantasmas ahí
- Ah no
puedo creer que todavía pienses que hay fantasmas, vamos a buscar a tu hijo que
seguro está muy asustado y te necesita.
- Bueno,
tenés razón, pobrecito mi bebe. Tengo que ser valiente.
Nos
acercamos al bar y ni bien pasamos la puerta lo encontramos. Estaba hecho un
bollito en un rincón. Su madre lo tomó en brazos y le preguntó si ya estaba
bien, él la abrazo fuerte y nos volvimos a su casa.
Cuándo ya
estaba despidiéndome, el niño preguntó si no me quería quedar a cenar, por
cortesía dije que no, aunque realmente tenía muchas ganas de decir sí. La mamá
lo escuchó y también insistió para que me quedara, alegando que iba a hacer
milanesas y que sabía de sobra que me gustan mucho. Así que opté por quedarme.
La noche
se hizo larga, entre tanta comida y tantas risas se hizo muy tarde, por lo que
también fui invitado a dormir ahí, y por supuesto, esa era una oferta que no
iba a rechazar.
Al día
siguiente, nos levantamos temprano para ir al supermercado, en el camino, le
pregunté al pequeño de la familia si quería oír una historia de terror, después
de todo, le gustaban bastante. Aunque... He de confesar que yo tenía más
curiosidad qué él. Asintió con la cabeza, así que le pedí a mi señora, qué contará
la historia del bar abandonado. Yo no la sabia, pero quería saber por qué ella había
comentado que allí había fantasmas.
-No estoy
segura de que deba contar eso, vos ayer te metiste ahí.
-Si mami,
no imprima, sé que son todas mentiras... No me va a pasar nada si entró.
- Ves
mujer hasta un nene de tres años entiende que esas historias son mentira, son
solo para divertirse ¿o no campeón?
- Claro
que sí... Ya contanos la historia por favor.
- Bueno,
está bien:
Resulta
que en ese bar, que tiene muchos pisos, había un ascensor, este tenía muchos
botones y uno especial, al que solo se podía acceder con una llave, ahí vivía
la dueña, sin embargo... Esto era algo que pocos visitantes sabían. Un día
uno de ellos, muerto de curiosidad. Intentó bajar al subsuelo (el lugar al que
no se podía acceder). Y terminó dañando el ascensor. Sin embargo, lo logró,
pero al ver que era una simple casa, donde vivía la dueña, volvió desalentado
al bar.
Poco
después, un grupo de amigos, tomó el mismo ascensor para cambiar de piso,
planeaban ir al pool que se encontraba arriba de todo… Sin embargo, tuvieron
tanta mala suerte, que el ascensor se desplomó, a causa de que el otro hombre había
forzado la cerradura. El ascensor tomó la vida de todos los que en él se
encontraban.
Cuenta la
leyenda, que sí de noche te tomas el ascensor y bajas al subsuelo, los
fantasmas de esos chicos aparecen y te desaparecen para siempre.
- Que
buena historia ¿no es así?
- Si mami
muy buena, me dio un poquito de miedo.
- No te
preocupes nene, recorda que son todas mentiras.
-Por
supuesto que sí
Luego de
eso, terminamos de hacer las compras, almorzamos en un restaurant y luego
fuimos a la plaza, todo como una familia nuevamente. Estábamos los tres muy
contentos, sobre todo el más pequeño, que como era huérfano de padre me había
tomado a mí como figura paterna. De hecho, murió cuando ella aún estaba
embarazada, por lo que ni siquiera lo conocía. Por mi parte, me encantaba pasar
tiempo con él.
Mientras
volvíamos a casa, ya cerca del atardecer, nos volvimos a cruzar con los perros
peleando. Intenté tomar al niño en brazos, pero de nuevo salió corriendo y se
metió en el bar. Nuevamente lo fuimos a buscar, pero esta vez no lo encontramos.
Nos metimos dentro de la construcción y empezamos a llamarlo, pero no aparecía
por ningún lado. Subimos las escaleras, que rechinaban bastante por la falta de
mantenimiento, pero, tampoco estaba en los pisos superiores.
Desesperados
los dos, decidimos llamar a la policía, pero al rato se me ocurrió qué todavía
no habíamos revisado en el subsuelo y que tal vez estaba ahí. Bajamos la
escalera, pero tampoco lo encontramos. Solo encontramos un viejo proyector y
una computadora. -Mira acá están tus fantasmas exclamé de manera burlona.
Al no encontrarlo,
optamos por llamar a la policía y contar lo que había pasado, al cabo de unos
minutos, llegó un patrullero con dos agentes, quienes se pusieron a buscar
junto con nosotros. Uno de ellos se percató de que el ascensor todavía
funcionaba y que tal vez estaba ahí adentro. Nos subimos los cuatro, pero él no
estaba ahí. Sin embargo, el ascensor bajó automáticamente, dejándonos de nuevo
en el subsuelo. Efectivamente la proyección de los fantasmas apareció y también
el niño, que nos miró y dijo -Miren esté es mi papá, al fin lo pude conocer.
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