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martes, 14 de enero de 2020

Libertad de expresión 2.0


La entrada de hoy va a ser un poco diferente a lo que acostumbro, será una suerte de editorial, o nota de opinión. De estas hay un par en este espacio, pero son realmente pocas en relación a los cuentos y los ensayos, de diversos géneros. Sera escrita del tirón y desde el sentimiento, aunque… lógicamente fundamentada en hechos y datos de la realidad, pero, debido a que ya toqué el tema en un ensayo anterior, me parecía repetitivo escribir otro igual. Por ese motivo, prefiero tomar lo siguiente como una ampliación, pero sobre todo como una descarga y una denuncia, de algo que pasa abiertamente y delante de nuestras narices, que sin embargo no tiene tanta visibilidad ni notoriedad, como debería, ya que es sumamente grave y peligroso para todos los que habitamos la república Argentina. Estoy hablando, de la falta de libertad de expresión. 

En el ensayo ¿Libertad de expresión? No me centre tanto en brindar ejemplos de la censura mediática, puesto que para muestra sobra un botón, me limite a expresar únicamente el caso de Baby Echecopar, además, en aquel entonces (hace casi un año atrás), esto no era tan evidente como ahora, existía la censura, pero era auto infringida. Era el propio hombre quien decía “esto no se puede pensar o no se puede decir”.  A los que poco nos importaba eso, en redes sociales, nada nos pasaba y si tenías la suerte de llegar a televisión o radio (en este medio, recientemente prohibieron el programa Amos del mundo). Si lo lograbas, salías en un único programa, que mire poca gente y listo. Tal es el caso de Ricardo Iorio, fundador del metal argentino, quien apenas sale en televisión y cuando lo hace generalmente es para ridiculizarlo o tratarlo de nazi. Otro caso, es el de Agustín Laje, el segundo influencer más influyente de la Argentina, valga la redundancia. Esto último no lo digo yo, sino Twitter. Cuando esto sucedió, no quedó más remedio que mostrarlo en televisión y Fernando Carolei entonces no dudo, en señalarlo como “el Laje malo.” (haciendo referencia a que su compañero Antonio Laje vendría a ser el bueno). En otros casos, como el de Javier Milei o Francisco Onetto, directamente se los calla hablando por encima o alegando que incitan al odio cuando piden que se los refute mediante argumentos. De esta manera se callan las grandes influencias que simplemente opinan diferente al conductor del programa o la línea editorial del canal.

A pesar de todo, no te obligaban a retractarte ni te penaban por ello. A lo sumo una multa, como el caso de Esmeralda Mitre cuando dijo algo, que si bien no tan grave, a la “comunidad judía” le pareció aberrante y por consiguiente tuvo que “resarcirlos” económicamente.

El caso de Baby fue el primero en llegar a la justicia penal. Lamentablemente, el primero de muchos. Alejandro Biondini, recientemente, fue citado por un juzgado a razón de un comentario, aparentemente antisemita. Cosa extraña, siendo que este hombre es abiertamente católico y los católicos tienen raíz en un pueblo semita, Alejandro esto lo sabe y lo menciono siempre que se lo acuso. Aún más grave es, que el primer partido político que él fundo, es el único que a día de hoy, permanece proscripto en la Argentina. Siendo que hay otros partidos, que  de manera literal y abierta, llaman a cometer actos delictivos sin que nadie les diga nada. A Ricardo Iorio, quien ya mencione, también lo citaron recientemente a un juzgado, por una supuesta agresión a un policía, la cual jamás existió. Y así como estas, hay infinidad de injusticias que se convierten en nombre de la “tolerancia”. Creo que todavía no fue ninguno preso, pero… Démosle tiempo y ya llegara el día en que metan preso a alguien por el simple hecho de divulgar verdades incomodas, después de todo, Julian Assange tiene pedido de captura por haber fundado WikiLeaks.

Por otro lado, existen dos tipos de censura “nuevos” (de este último año), que hasta ese momento no se habían visto. El primero es la censura en internet. Particularmente yo, que tengo muy poca influencia, apenas doscientos amigos en Facebook y solamente seiscientos seguidores en mi Instagram personal. Ya llevo tres cuentas de Twitter suspendidas de por vida, historias de Instagram que la propia app borro, posteos en Facebook que misteriosamente ya no existen e infinidad de comentarios que tampoco existen más. Sin mencionar que cada vez que comento en Instagram, sin importar que, la app me amenaza diciendo “Comentarios similares han sido borrados ¿Está seguro  de que desea publicarlo?”.

Ahora… Mi caso seguramente es uno de muchos, yo no soy tan conocido… Pero, la gente con más influencia que yo lo sufre más. En el WiFi de las plazas de algunas provincias, no se puede buscar en google “El Presto”, que es un periodista político de internet. Nicolás Moras, un politólogo argentino, que tenía un canal de YouTube de 500.000 subscriptores, ya no puede tener canales a su nombre porque se los bajan. Agustín Laje, nuevamente, no puede utilizar su cuenta de Facebook. Emmanuel Danann, un músico que también tiene 500.000 subscriptores en YouTube, está baneado de Twitter de por vida. Palabras como: feminazi, gordo, violación, judío, pedofilia, suicidio, entre otras, están prohibidas, en casi todas las plataformas, sin importar en qué contexto y con qué fin sean empleadas.  Aparentemente incitan al odio… Por cierto,  de este tema en particular, también hablé en ¿Malas palabras? De Abril de 2017 y en Lenguaje inclusivo, inclusiva, inclusive, inclusiv@, e inclusivx de Noviembre de 2018.

En última instancia, el otro mecanismo de censura, que el “poder”, empezó a utilizar hace muy poco, es la censura institucional, y a mi entender el más alarmante. Tomás Vidal es un estudiante de la universidad Siglo XXI, una universidad privada que no depende del estado. No pudo egresarse a pesar de tener su tesis y todas las materias aprobadas.  Este hombre cometió una estupidez, subió una broma de humor negro a redes sociales, el día de su graduación. Se disfrazó de asesinato y no tuvo mejor idea que subirlo a redes sociales. La universidad, que reitero, es privada. Decidió reprobarle su tesis, no por un error en esta sino por su chiste. Ahora debe hacerla de nuevo, sobre otro tema y como si fuera poca penitencia, hacer un curso sobre violencia de género, el mismo que tuvo que hacer Baby Echecopar.

Esta maniobra es sumamente ilegal y por esto mismo es que resulta la más grave. Si existiera una norma escrita que prohibiera esto con un castigo explicito, seria repudiable, pero legalmente correcto. Sin embargo, no existe dicha norma y aunque existiera, violaría la garantía, constitucional, de libertad de expresión. Aunque… siendo sinceros de estos casos sobran y ya lo demostré en esta entrada. Todo esto que pasa es realmente aberrante y son pequeñas muestras de que la libertad es cada vez menor a medida que pasan los años.

Por último, quiero citar una frase de Voltaire, “Para saber quién gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quien no estas autorizado a criticar”. Resulta que todas las personas mencionadas anteriormente, incluyéndome,  criticamos a un determinado sector, no el político en sí, sino algo que está por encima de todos ellos, el simple hecho de decirlo me traería consecuencias graves, sin embargo no es difícil darse cuenta de que es. Por eso somos callados y algunas veces sancionados… Mientras que, expresiones igual o incluso más violentas que estas son abiertamente esbozadas sin reparo alguno, en medios de comunicación, redes sociales y hasta por los propios políticos. Sin que nadie diga nada.

Espero algún día todos podamos expresar lo que pensamos, sin importar quien lo diga o como lo diga, sin temor a ser juzgados, perseguidos, censurados y penados por ello. Muchas veces no estoy de acuerdo con lo que algunas personas dicen, pero iré hasta las últimas consecuencias con tal de que puedan expresarlo. Sin libertad de conciencia, ningún otro tipo de libertad es real. 

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