La entrada de hoy va a ser un poco
diferente a lo que acostumbro, será una suerte de editorial, o nota de opinión.
De estas hay un par en este espacio, pero son realmente pocas en relación a los
cuentos y los ensayos, de diversos géneros. Sera escrita del tirón y desde el
sentimiento, aunque… lógicamente fundamentada en hechos y datos de la realidad,
pero, debido a que ya toqué el tema en un ensayo anterior, me parecía
repetitivo escribir otro igual. Por ese motivo, prefiero tomar lo siguiente
como una ampliación, pero sobre todo como una descarga y una denuncia, de algo
que pasa abiertamente y delante de nuestras narices, que sin embargo no tiene
tanta visibilidad ni notoriedad, como debería, ya que es sumamente grave y
peligroso para todos los que habitamos la república Argentina. Estoy hablando,
de la falta de libertad de expresión.
A pesar de todo, no te obligaban a
retractarte ni te penaban por ello. A lo sumo una multa, como el caso de
Esmeralda Mitre cuando dijo algo, que si bien no tan grave, a la “comunidad
judía” le pareció aberrante y por consiguiente tuvo que “resarcirlos” económicamente.
El caso de Baby fue el primero en
llegar a la justicia penal. Lamentablemente, el primero de muchos. Alejandro
Biondini, recientemente, fue citado por un juzgado a razón de un comentario,
aparentemente antisemita. Cosa extraña, siendo que este hombre es abiertamente
católico y los católicos tienen raíz en un pueblo semita, Alejandro esto lo
sabe y lo menciono siempre que se lo acuso. Aún más grave es, que el primer
partido político que él fundo, es el único que a día de hoy, permanece proscripto
en la Argentina. Siendo que hay otros partidos, que de manera literal y abierta, llaman a cometer
actos delictivos sin que nadie les diga nada. A Ricardo Iorio, quien ya
mencione, también lo citaron recientemente a un juzgado, por una supuesta agresión
a un policía, la cual jamás existió. Y así como estas, hay infinidad de
injusticias que se convierten en nombre de la “tolerancia”. Creo que todavía no
fue ninguno preso, pero… Démosle tiempo y ya llegara el día en que metan preso
a alguien por el simple hecho de divulgar verdades incomodas, después de todo,
Julian Assange tiene pedido de captura por haber fundado WikiLeaks.
Por otro lado, existen dos tipos de
censura “nuevos” (de este último año), que hasta ese momento no se habían
visto. El primero es la censura en internet. Particularmente yo, que tengo muy
poca influencia, apenas doscientos amigos en Facebook y solamente seiscientos
seguidores en mi Instagram personal. Ya llevo tres cuentas de Twitter
suspendidas de por vida, historias de Instagram que la propia app borro,
posteos en Facebook que misteriosamente ya no existen e infinidad de
comentarios que tampoco existen más. Sin mencionar que cada vez que comento en
Instagram, sin importar que, la app me amenaza diciendo “Comentarios similares
han sido borrados ¿Está seguro de que
desea publicarlo?”.
Ahora… Mi caso seguramente es uno de
muchos, yo no soy tan conocido… Pero, la gente con más influencia que yo lo
sufre más. En el WiFi de las plazas de algunas provincias, no se puede buscar
en google “El Presto”, que es un periodista político de internet. Nicolás
Moras, un politólogo argentino, que tenía un canal de YouTube de 500.000
subscriptores, ya no puede tener canales a su nombre porque se los bajan.
Agustín Laje, nuevamente, no puede utilizar su cuenta de Facebook. Emmanuel
Danann, un músico que también tiene 500.000 subscriptores en YouTube, está
baneado de Twitter de por vida. Palabras como: feminazi, gordo, violación,
judío, pedofilia, suicidio, entre otras, están prohibidas, en casi todas las
plataformas, sin importar en qué contexto y con qué fin sean empleadas. Aparentemente incitan al odio… Por
cierto, de este tema en particular,
también hablé en ¿Malas palabras? De
Abril de 2017 y en Lenguaje inclusivo,
inclusiva, inclusive, inclusiv@, e inclusivx de Noviembre de 2018.
En última instancia, el otro mecanismo
de censura, que el “poder”, empezó a utilizar hace muy poco, es la censura
institucional, y a mi entender el más alarmante. Tomás Vidal es un estudiante
de la universidad Siglo XXI, una universidad privada que no depende del estado.
No pudo egresarse a pesar de tener su tesis y todas las materias aprobadas. Este hombre cometió una estupidez, subió una
broma de humor negro a redes sociales, el día de su graduación. Se disfrazó de
asesinato y no tuvo mejor idea que subirlo a redes sociales. La universidad,
que reitero, es privada. Decidió reprobarle su tesis, no por un error en esta sino
por su chiste. Ahora debe hacerla de nuevo, sobre otro tema y como si fuera
poca penitencia, hacer un curso sobre violencia de género, el mismo que tuvo
que hacer Baby Echecopar.
Esta maniobra es sumamente ilegal y
por esto mismo es que resulta la más grave. Si existiera una norma escrita que
prohibiera esto con un castigo explicito, seria repudiable, pero legalmente
correcto. Sin embargo, no existe dicha norma y aunque existiera, violaría la
garantía, constitucional, de libertad de expresión. Aunque… siendo sinceros de
estos casos sobran y ya lo demostré en esta entrada. Todo esto que pasa es
realmente aberrante y son pequeñas muestras de que la libertad es cada vez menor
a medida que pasan los años.
Por último, quiero citar una frase de
Voltaire, “Para saber quién gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quien no
estas autorizado a criticar”. Resulta que todas las personas mencionadas
anteriormente, incluyéndome, criticamos
a un determinado sector, no el político en sí, sino algo que está por encima de
todos ellos, el simple hecho de decirlo me traería consecuencias graves, sin
embargo no es difícil darse cuenta de que es. Por eso somos callados y algunas
veces sancionados… Mientras que, expresiones igual o incluso más violentas que
estas son abiertamente esbozadas sin reparo alguno, en medios de comunicación,
redes sociales y hasta por los propios políticos. Sin que nadie diga nada.
Espero algún día todos podamos
expresar lo que pensamos, sin importar quien lo diga o como lo diga, sin temor
a ser juzgados, perseguidos, censurados y penados por ello. Muchas veces no
estoy de acuerdo con lo que algunas personas dicen, pero iré hasta las últimas
consecuencias con tal de que puedan expresarlo. Sin libertad de conciencia,
ningún otro tipo de libertad es real.
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