En El Matadero encontramos dos
posturas políticas, que fueron las más populares en nuestro país.
Desde 1824, cuando algunas provincias
como Córdoba y La banda oriental se negaron a participar del Congreso general
constituyente que se llevó acabo en Buenos Aires (con el fin de redactar una
constitución centralista), comenzaron a gestarse dos facciones antagónicas, que
estarían en guerra civil permanente. Los Unitarios o Centralistas, que
sostenían la formación de un gobierno centralizado en Buenos Aires y que desde
allí se gobierne a las provincias y a todo el territorio nacional. Por el otro
lado, los Federales, que veían con mejores ojos la autonomía provincial,
sosteniendo que cada provincia debía tener su propia constitución y
organización.
Los enfrentamientos se prolongan hasta
1880, cuando incluso con una constitución, Federal, ya redactada y aprobada, Carlos Tejedor
(Gobernador de Buenos Aires en ese tiempo) y su ejército, se oponían a la
creación de la Capital Federal, en el territorio actual de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires. Tejedor pierde la batalla y con esto se da fin a las guerras civiles.
Una vez en contexto, podemos volver al
texto de Esteban Echeverría, que fue escrito entre 1838 y 1840, en pleno auge
de la guerra y durante el gobierno de Rosas… Pero que sin embargo, fue
publicado en 1871, con Echeverría muerto y la guerra cerca de su final.
El Matadero, tiene una postura
política muy clara es anti-federalismo. En el texto observamos como los
trabajadores del matadero son vistos como seres despiadados, que aman la
sangre, tienen un vocabulario pobre y un odio irracional por los unitarios,
acompañado por una devoción ciega por El restaurador (Juan Manuel de Rosas).
La figura destacada es El matasiete,
en el cual el autor vuelca todo lo que él cree de los federales, era un hombre
acostumbrado a ver sangre todo el tiempo, incapaz de elaborar un pensamiento
propio y dispuesto a matar a cualquiera que no llevase la divisa punzo (que era
un retazo de tela color punzo que identificaba a quienes estaban a favor del
régimen, su uso era obligatorio en toda la provincia de Buenos Aires). Para Echeverría
así eran “los otros”, la barbarie.
En contraposición, coloca otro
personaje, que es el Joven unitario, un hombre con un vocabulario más extenso,
con más labia que cualquier federal mostrado en el texto, bien vestido y que
montaba una silla inglesa. De hecho, a pesar de no llevar divisa punzo, es
reconocido por los federales ni bien aparece, de lejos, por las características
de su apariencia. Este joven encarnaba los valores civilizados y europeos, los
que eran propios del autor, o por lo menos aspiraba a tener.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario