Iván volvía de la juguetería hacia su
casa, había comprado un juego nuevo, se llama “ant farm”, la idea de este es
controlar una colonia de hormigas negras y experimentar con ella para tener una
población estable y controlada.
Al llegar, abrió la caja, dentro,
había una pecera, una bolsa de tierra, otra bolsa con químicos, un instructivo
y un puñado de hormigas, aproximadamente unas diez, entre ellas una reina. La
idea era construir la pecera e ir modificando el suelo para conseguir ciertas
reacciones en la colonia. En cierto periodo de tiempo, la población debía
reducirse o maximizarse en función de lo que el propio Iván hiciera. En el
instructivo, se especificaban una serie de objetivos a cumplir, que podían
seguirse o no, pero decidió seguirlos al pie de la letra. El primer objetivo
era llenar la pecera con tierra y colocar las hormigas, al cabo de una semana,
se podía comenzar el experimento.
Ya pasada la semana, el joven, se
propuso a realizar el primer experimento. Consistía en colocar una serie de
hormonas, que en teoría permitirían aumentar la población en un quinientos por
ciento. Sin embargo, luego de varios días, el incremento poblacional, ni
siquiera había llegado al cien por ciento, al no resultar según lo pronosticado
echó más hormonas en la pecera esperando que resultase. Sin embargo, lejos de
lo deseado, la población disminuyo aún más, quedando apenas doce hormigas.
Frustrado por no obtener los
resultados que esperaba abandono su juguete dentro de un placar. No obstante,
luego de unos meses, volvió a ver el comercial en la televisión, lo que
despertó su curiosidad, se acercó al mueble y al abrir la puerta se llevó una
gran sorpresa. La población ahora era un mil por ciento más grande que la
original, sin embargo, por la falta de luz, el pasto no crecía y por esto
muchas de las hormigas estaban muertas. Al ver esto Iván introdujo fertilizante
y coloco la pecera cerca de una ventana, cosa de que recibiera mucho sol y ya
de paso, decidió regarlo (con apenas unas gotitas para no matar a las
hormigas).
Está vez, luego de unas semanas su
proyecto dio frutos y las hormigas estaban más prosperas que nunca, ya la
tierra se veía negra de tantas que había, pero el pasto, se estaba resintiendo…
Con un poco de maldad y sin seguir el instructivo, decidió “emular” la
naturaleza para combatir la plaga comprando otras hormigas, una colonia de
hormigas rojas.
Al introducirse las rojas (luego de
ser criadas en otra pecera igual durante dos meses), ambas colonias comenzaron
a batallar por la conquista del hormiguero, las rojas eran más agresivas, pero
a pesar de esto las negras eran más y terminaron ganando la batalla, retomando
el control de su propia pecera.
Sin embargo, algo extraordinario
sucedió, otra reina había surgido, luego de un mes, en la pecera que se suponía
vacía, una roja reina, que empezaba a poner sus primeros huevos. Fue entonces,
que a Iván se le ocurrió experimentar con ambas peceras, una semana, cuidaría a
las negras y dejaría a la buena de Dios a las coloradas, a la siguiente,
repetiría el proceso, pero a la inversa.
Intentando de esta manera, mantener una población de hormigas equivalentes en
ambas peceras.
Al cabo de seis meses esperaba que
ambas peceras, tuvieran la misma cantidad de hormigas, sin embargo las rojas
eran más, un setenta por ciento más, por lo que el experimento había fallado de
nuevo… Harto de todo y viendo que ninguno
de sus experimentos salía como quería, el muchacho decidió acidificar la tierra
y matar a absolutamente todas las hormigas y el propio pasto. De paso volvió a
guardar las peceras en el placar para que ya no tengan ni luz ni agua y como si
fuera poco, introdujo la colonia de rojas dentro de la pecera de negras, para
que se las comieran todas.
Al cabo de un mes, lo único que
quedaba dentro de esas peceras era tierra seca… Iván las tomo a ambas, las
llevo al jardín y las vació en un rincón. Al cabo de unos meses prolifero un
hormiguero tan grande que término por depredar todas las flores del jardín.
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