Hace muchos años, existía un
dragón mágico, qué cuidaba de todas las criaturas del bosque. Él, se preocupaba
de que a ninguno le faltara alimento, ni amigos para jugar.
Todos los animales eran felices
porque podían vivir en libertad y con la compañía de aquel dragón tan justo,
que parecía saber que decir ante todas las situaciones.
Una vez, el ciervo y el castor
estaban peleando, porque ambos tenían hambre y reclamaban un pedazo de corteza,
para poder comérselo. Discutieron bastante, hasta que el ciervo se cansó y con
su cornamenta, intentó embestir al castor.
Entonces, en el cielo apareció el
gran dragón y les dijo - Hay suficiente
para los dos, no tienen por qué pelear, divídanlo en dos mitades y así pueden
comer un trozo cada uno. Y desde ese día, el ciervo y el castor, siempre
comparten su comida.
Así era la vida en el bosque,
pues todos los animales vivían en paz y cuando había algún conflicto, el
dragón, siempre sabía las palabras justas para solucionarlo y que volviera la
armonía.
Sin embargo, un buen día,
apareció un lobo. El lobo, era fuerte, feroz y despiadado. Nunca respetaba a
los otros animales y ni siquiera respetaba al dragón. Una vez incluso, decidió
desafiarlo... El dragón se negó a pelear,
porque este era pacífico, sin embargo, el lobo, como era traicionero, lo
atacó por la espalda.
Muy lastimado, el dragón ya no
pudo cuidar a las criaturas del bosque, y el lobo, qué era ahora el más fuerte,
los empezó a mandar. Ahora todos los animales le traían comida a él y como si
fuera poco, no podían jugar. Puesto que el lobo lo había
prohibido. Qué triste estaba ahora el ciervo, qué ya no podía jugar con su amigo
el castor.
Así fue durante varios años, sin
embargo, en una oportunidad, un pajarito bebe cayó de un árbol cerca del lobo,
a pesar de ser malo, este se compadeció y lo llevó a su casa. Ahí lo cuido, le
dio de comer y le enseñó todo lo que sabía. Hasta que un buen día, el pajarito
creció y se fue volando a buscar aventuras nuevas.
El compartir con este pajarito,
le enseñó al lobo, lo hermoso que era compartir y cuidar a la gente que uno
ama, había aprendido la lección.
Después de ese día, fue a dónde
estaba el dragón y muy arrepentido le pidió perdón, entonces extendió sus alas
y mágicamente se curó, ahora era sano de nuevo.
Entonces, el lobo agachó su
cabeza y dijo - Noble dragón, enséñame a ser más bondadoso con los demás
animales, quiero ser su amigo y protegerlos.
El dragón respondió - No hay nada
que yo pueda enseñarte, ya has aprendido todo.
Hermosa historia
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