Corría la muchacha sin
descansar, era rubia, de una belleza espectacular, de buena forma, buena salud
y de unos aproximados veinticinco años. Sin embargo, esta vez, no corría por
estar entrenando, sino porque estaba escapando. ¿De quién? De “El
descuartizador”, el traficante de órganos más grande de todos los tiempos. No
en vano se había ganado ese apodo.
Corrieron durante metros y
metros, sin embargo, al final la termino agarrando. Nadie pudo ayudarla, puesto
que era de noche y estaban en un barrio muy desolado.
Con un paño embebido en
cloroformo, tapo su boca. Llamo a su compañero y la subieron al auto.
Recorrieron largos kilómetros, hasta un galpón perdido en el campo. Allí, la
bajaron y comenzaron el proceso de “desmembración”.
Subieron a la chica a una
camilla y le suministraron una gran cantidad de anestésico, suficiente como
para dormirla por varias horas. La desnudaron y con pulso de cirujano, “El
descuartizador”, realizo una incisión en el pecho de su víctima. Abriéndolo de
par en par, retiro el corazón y posteriormente ambos pulmones. Los guardo en
sus respectivas cajas para conservarlos y posteriormente ser trasplantados.
Posteriormente, siguió con la
operación. Extrajo riñones, ojos, páncreas, medula y hasta el cerebro.
Literalmente vació el cuerpo. Una vez finalizado el proceso, miro a las cajas y
les puso precio. Automáticamente, su ayudante público “el nuevo stock”, en la
Deep web.
Prosiguió a “descartar el
sobrante”, descuartizo miembro por miembro y cortándolo cual media res, separo
distintas partes. Las metió a una bolsa y salió con su auto.
Cerca del galpón, habitaba una
jauría de perros salvajes, la cual se encargaba de desaparecer hasta los huesos
de las víctimas, dejando rastros nulos.
Ese era el trabajo de estos
dos señores, todos los días una víctima, a veces dos o tres. Hombres y mujeres,
de dos a treinta años, los buscaban jóvenes, porque esos son los órganos que
más vida útil tendrán. Por alguna razón, siempre rubios y de ojos claros,
seguramente, por su enorme prejuicio racial y su falsa concepción de que ellos
habían sido marginales, por culpa de los otros, culpa de los que llamaban
“niños ricos”.
Sin embargo, su “negocio”, iba
muy bien, la meticulosidad de ambos los hacia casi perfectos, podían
desaparecer a cualquiera, sabían cómo esconderse, sabían cómo limpia sus
huellas, para que la policía los pudiera encontrar. Cada tanto desaparecía
alguna persona, es verdad. Pero era imposible encontrarlos, puesto a que para
cuando los empezaban a buscar, ya no había persona, tampoco cadáver. Solo
órganos, órganos que incluso, tal vez, ya habían sido trasplantados.
Tal es el caso del corazón de
la chica, que había sido vendido semanas atrás. No se pregunta quien compra, no
se pregunta quien vende, simplemente se realiza el intercambio y fin. El
comprador va al hospital, dice que consiguió un donante, lo trasplantan y todos
felices.
O al menos eso querían
imaginar… la realidad es que a veces las cosas no salen como uno espera. Una
tarde, mientras realizaban sus tareas como siempre, se presentó un grupo de
policías con una orden de allanamiento.
Obviamente, se armó un
tiroteo, se defendieron con todo lo que tenían, pistolas, ametralladoras y
hasta pequeñas granadas. Ocasionaron un par de bajas, pero los policías eran
más, muchos más y los terminaron reduciendo.
Las evidencias en contra de
los dos, eran más que certeras, por lo que sin pensarlo demasiado. Vallaron el
perímetro y los llevaron a comisaria.
Una vez allí, el comisario los
llevo a interrogarlos, pero primero les contó lo que había sucedido.
- Fueron sin duda muy astutos,
estuvieron haciendo esto durante años, pero esta vez, les salió mal. Tarde o temprano a cada cerdo
le toca su San Martin. Seguramente ustedes no saben quién compro el corazón de
Lucia, aunque probablemente si sepan quien es
Lucia… La noticia de su desaparición estuvo circulando por todo el país.
Imaginábamos que había sido un tratante de blancas, pero no fue así. ¿Verdad? Fueron ustedes.
Resulta que, en esta
comisaria, somos especialistas en delitos informáticos. Tenemos oficiales que
veinticuatro horas están buscando irregularidades y finalmente la encontraron.
Un comprador de órganos que fue tan imbécil de no ocultar su IP.
Lo fuimos a buscar y lo interrogamos,
no le quedó más remedio que entregarnos lo que había comprado. Un corazón de
una mujer adulta.
Era para su esposa. Pobre
hombre, no lo culpo, es terrible ver como la persona que amas se muere y no
podes hacer nada al respecto. Aunque claramente, no podíamos dejar que ese
trasplante sucediera.
Tomamos el corazón y
analizamos su ADN, sorpresa, sorpresa. Era de Lucia.
Lo más difícil fue
encontrarlos a ustedes, utilizamos un par de pistas del comprador, pero no sabíamos
la procedencia del órgano.
Por eso pusimos un infiltrado
a trabajar casi sin descanso. Buscaba un riñón para una mujer adulta,
prefiriendo que sea de una chica de veinticinco años, como Lucia… Compramos
varios, hasta que dimos con el que vendían ustedes, que obviamente era de ella.
Sin embargo, no podíamos arrestarlos
así nomás, teníamos que desbaratar todo el negocio. Los seguimos un par de días,
hasta que encontramos su galpón, y sus nuevas víctimas.
Son muy inteligentes y muy
hijos de puta, he de decirlo, pero… nosotros lo somos más. Vayan buscando un
muy buen abogado, porque estimo que se van a quedar encerrados un tiempo largo.
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