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lunes, 30 de diciembre de 2019

Esgrima criolla


Hoy voy a contar mi historia, el por qué hice lo que hice y el cómo me arrepiento de haberlo hecho.
Yo venía del partido de la Matanza, no era militar de carrera, era un peón de estancia, sin embargo, me había reclutado el ejército rosista para la campaña al desierto. Habíamos confrontado a los indios ranqueles, en el fuerte de Azul.

Por el excito en la campaña y mi buen desempeño, me nombraron sargento y junto con un grupo de soldados y algunos indios prisioneros nos dejaron en el fuerte para construir un pueblo al lado del fuerte. Debíamos construir diez casas, una iglesia, una plaza, una comisaria y una escuela,  destinada para educar a los indios.  

A mi particularmente, me ofrecieron el puesto de comisario. Yo lo acepte, porque ya tenía mis veinte años cumplidos, no tenía aun mujer ni hijos y ya no quería trabajar con mi padre como capataz, era momento de forjar mi propio camino.

Luego de cinco años, ya habíamos conseguido cuarenta y cinco habitantes, ya contábamos con muchas más casas de las que habíamos construido en un principio y conseguimos tener nuestro propio mercado. Ya no era necesario ir a los pueblos vecinos para comprar los víveres.

 Al estar en constante expansión, llegaba gente casi todos los días. Ellos pasaban por la comisaria para que yo los censara y les diera la bienvenida. El intendente estaba generalmente en Chascomus, por lo que me correspondía a mí encargarme de los asuntos administrativos del pueblo, en su ausencia. A gatas sé leer y escribir, pero me las apañé bien.

Un día de tantos, llego a la plaza, un gaucho, que a los gritos, pregonaba lo siguiente: -Tráiganme al comisario, lo voy a matar, él asesino, hace tres años, a mi vieja y estoy pidiendo su cabeza.
Uno de los ranqueles, que era amigo mío, se acercó a mí y me alerto de lo que estaba pasando. Me dirigí hacia él e intente hablarle, era imposible que lo que contaba fuera cierto. Desde hacía cinco años no mataba a nadie y menos una mujer. En definitiva a la única persona que le había quitado una vida, era uno de los indios, que me acorraló en el campo de batalla. Todos los días me arrepentía, pero era mi vida o la de él, no me quedaba otra.

Sin embargo, a pesar de contarle esto, el hombre insistió en que era mi culpa y me reto a duelo para la siguiente tarde. Esperaba terminarlo a primera sangre, pero el hombre estaba, sin dudas, dispuesto a matarme, por lo que no aceptó mi oferta y me desafío a muerte.

Al llegar el momento, tomé mi poncho, mi facón y fui a la plaza. El hombre me esperaba con un caronero en mano y poncho en la otra. Un indio comenzó a tocar sus tambores y el duelo se dio por iniciado. A pesar de su cuchillo más largo que el mío, el gaucho no era tan hábil como yo, por eso después de un par de cuchilladas, pude cortar el nervio de su pierna izquierda y dejarlo caer al suelo.

-Te perdono la vida, desaparece de este pueblo y ya no vuelvas a molestar.
-No lo voy a hacer, porque vos sos mi hermano mayor, mataste a mamá de angustia y todo porque no fuiste capaz de decirle que te ibas a quedar en este pueblucho de mierda. No viniste a casa ni por medio segundo a decir que estabas bien. Pensamos que habías muerto.
- Yo mande a mi compañero a hablar con ustedes, no tengo responsabilidad…

Me di media vuelta y me aleje del campo de batalla. Mientras tanto como pudo, mi hermano se dio vuelta e intento clavarme el cuchillo por la espalda. Inmediatamente me agache y dando media vuelta, esgrimí un hachazo, que sin querer terminó cortándole la yugular.

No estoy contento con lo que hice, poco después me enteré de que mi compañero no llegó nunca, porque murió de sífilis en el camino. La muerte de mi hermano y de mi madre pesan ahora en mi conciencia… por esa razón es que escribo esta carta, es mi despedida. Dejo a mi amigo ranquel a cargo del pueblo, espero sepa hacerlo crecer y progresar aún más de lo que lo hice yo.

martes, 24 de diciembre de 2019

Tesoros

Este es un cuento corto que escribí para un concurso. La semana que viene vuelven los cuentos habituales.



Penny y yo caminábamos por la playa. Era una noche cerrada, donde la arena blanca brillaba por la luz de la luna que se mostraba grande en el firmamento, junto a un conjunto de estrellas impresionante.

Ella, que era una dama de gran belleza, andaba con paso firme a mi lado. Buscábamos el jeroglífico encantado, que era una reliquia antiquísima. Según la leyenda, estaba impreso en la arena, desde hacía ya miles de años.

La pequeña, ya cansada, me miraba con cierto desprecio después de caminar tanto sin haber encontrado nada. Ya habían pasado más de dos horas, pero yo... Con mi antorcha en mano, seguía esperanzado.

No sé bien cómo pasó, pero después de caminar toda la noche, al amanecer, el jeroglífico apareció delante de mi nariz, supuestamente era visible solo de noche, pero no fue así. Era verdaderamente, hermoso.

Sin embargo, cuando voltee para mostrárselo a Penny, ella ya no estaba. En ese momento sentí que mi búsqueda no había valido nada. Pero claro... A quién se le ocurre salir a pasear por la playa con una gata negra de noche, lo más probable era que se fuera a perder. Encontré el tesoro pero perdí a mi compañera.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Resumen y reflexión filosófica sobre la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley


En Un mundo feliz se nos plantea una sociedad distópica, en la que los seres humanos son fabricados de manera artificial. Estos, son creados con diferentes cualidades, clasificados en: Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Épsilons.

Ni bien empieza la novela, nos encontramos en Londres, en el centro de incubación donde se fabrican los seres humanos, en el ámbito de una excursión escolar.  Aquí se nos aparece El director, quien era el gobernante del mundo, ya que en este mundo, el gobierno es único y global.
Él explica cómo funciona el proceso de fabricación y de incubación (se adoctrina a los bebes).  El resultado, son seres humanos clonados (hay 99 ejemplares de cada épsilon posible), separados en castas, que cumplen cada uno una función específica, son estériles y presentan una individualidad y personalidad casi nulas.

Cabe destacar, que en este mundo la única religión posible es la que adora a Henry Ford, todos viven drogados, con soma y las relaciones interpersonales se basan en el sexo más que en otra cosa. El cual tiene un espacio en la agenda de cada uno de los habitantes.  En este lugar conocemos también a Lenina Crowne, quien era una mujer muy bella con la que todos los hombres se habían acostado, a Henry Foster, un trabajador de la planta y a Mustafá Mond, que es uno de los diez controladores mundiales.

Posteriormente, conocemos a Bernard Marx, un Alfa más, que no era tan agraciado como los otros de su casta y que notaba que la vida en este mundo era un poco rara y se sentía bastante insatisfecho con esta. Él quería no solo acostarse con Lenina, sino que fantaseaba con tener largas conversaciones con ella y caminar tomados de la mano, por lo cual se reían de él. También conocemos a Helmholtz Watson, que se encontraba tan insatisfecho como Bernard a pesar de ser atractivo y que las mujeres se ofrezcan para tener sexo con él.

Avanzando con la historia, Bernard invita a Lenina de vacaciones a una “reserva salvaje” (lugar donde los seres humanos viven de una manera más natural). Para eso pide permiso al director, quien intenta convencerlo de que no vayan, alegando que allí perdió a una mujer, pero al final, los deja ir.
Una vez allí, empezamos a explorar cómo viven los salvajes, que son morenos y primitivos, lo cual horroriza a Lenina, sin embargo, conocemos uno que es blanco, llamado John. Al cabo de un rato, Bernard se da cuenta de que este hombre es realmente hijo de El director, ya que entiende que su madre Linda, tiene un comportamiento diferente al del resto de las mujeres de dicha comunidad (le gusta mucho el sexo, lo cual le da pavor a John). Ambos hombres empatizan muy bien, porque ambos son “diferentes”.

Bernard, decide llevar al muchacho y a su madre de nuevo a la civilización. Para eso, llama a Mustafá y lo convence de que ello sería de interés científico para la comunidad civilizada.

Aparece Bernard con los dos salvajes, frete al director y lo dejan en ridículo, ya que John lo reconoce como su padre (en este mundo ese concepto no existe). Bernard iba a ser deportado por lo que hizo, pero a raíz de tal humillación el director prefiere simplemente hacer de cuenta de que nada pasó.
A medida que va pasando el tiempo, Linda se hace adicta al soma, lo cual preocupa mucho a su hijo, y a nadie más, puesto que la muerte y la adicción no son importantes en este mundo. Bernard se vuelve popular con las mujeres, por haber reinsertado a John en la sociedad y por consecuencia olvida todos sus deseos de individualidad y se comporta como un autómata más.

Por parte de John, se hace muy amigo de Helmholtz, con quien charla mucho sobre su libro favorito, el cual maravilla al hombre Alfa. John expresa que el mundo feliz no le agrada demasiado, a pesar de que le guste la tecnología. El cree en la castidad  hasta el matrimonio y le horroriza ver tanto sexo explícito todo el tiempo, a su vez también le aburre y le perturba que haya gente que es igual a otra.
Mientras tanto muere su madre a causa de su adicción y Lenina le pide tener sexo con él, lo cual obviamente rechaza. Ya arto de todo, impide que un grupo de Deltas reciba su ración de soma y los incita a ser libres. Esto ocasiona un motín en el que participan también Bernard y Helmholtz. Ellos tres, son llevados a la oficina del señor Mond (de la misma manera que a los chicos los mandan a dirección cuando se portan mal).

Una vez en la oficina, Bernard se lava las manos y le echa toda la culpa a sus dos compañeros, por lo que logra irse. Helmholtz, acuerda exiliarse a una isla, debido a que no está de acuerdo con que la gente sea feliz todo el tiempo. Él deseaba encontrar su camino de otra manera y conocer personas que también se hayan revelado al lavado de cerebro.

Entonces, John y Mustafá  se quedan solos y se dedican a conversar durante horas sobre literatura, la pasión, las emociones, el sufrimiento y Dios. John concluye que no quiere una vida donde la gente siempre esté contenta, prefiere tener la libertad de estar triste, la libertad de sufrir. Al finalizar de todos los tópicos, plantea su deseo de exiliarse a una isla también, pero se le es negado, puesto que sería mejor continuar con el experimento. Por esta razón, él se esconde en un faro abandonado, donde se castiga flagelándose y con hambre. Sin embargo, se corre la voz y aparecen unos periodistas y Lenina, quien lo amaba, sin embargo eso hace que John se odie aún más por desearla sexualmente y se flagea el doble. Lo cual consigue que la mujer también se flagele y todos los espectadores hagan lo mismo, lo cual los excita a todos, menos al salvaje. Los periodistas hacen una orgia y se da a entender que los que estaban en el faro también. Por esta razón, a la mañana siguiente John se suicida.
Conclusión filosófica: Un mundo Feliz, nos ayuda a pensar en lo que pasaría si llevamos el placer y la satisfacción inmediata al extremo. Conduciría a que perdamos todo tipo de individualidad y de libertad.

A su vez, nos hace pensar en prácticas actuales, tales como la fecundación in vitro, el consumo de estupefacientes y el libertinaje sexual. Que en esta obra han llevado a la humanidad a la “felicidad”, sin embargo, también la condujeron a una decadencia extrema. Una sociedad en la cual se perdió todo tipo de empatía y de vínculo profundo entre seres humanos.
En síntesis, las personas de esta novela, son como aquellas personas que van de fiesta en fiesta. Se divierten, parecen felices y le huyen a los líos, pero realmente son personas vacías de racionalidad y espiritualidad.

Es cierto, que habrá quien podrá decirme que realmente una vida dedicada exclusivamente al placer, es una vida feliz. Pero no lo es… Y fundamentare lo siguiente en la filosofía de Aristóteles. Él sostenía que una vida feliz, se obtenía mediante la virtud (excelencia). Es decir, un ser que eleva al máximo su racionalidad, es plenamente feliz.

No obstante, esto no es posible, porque nuestra vida es práctica. Tenemos estímulos y deseos apetitivos constantemente (de placer). Entonces, lo ideal, deja de ser la vida contemplativa, para pasar a ser, el encontrar un punto medio. Entre el puro placer y el deber. Lo que él denomina, prudencia.
Quiere decir, si voy de fiesta, pero no todos los días. Si no voy nunca, no voy a ser feliz, si voy siempre, tampoco. Debo encontrar el equilibrio. Cuando la prudencia se convierte en la virtud, es que encontramos la felicidad plena.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Amor a distancia

He de reconocer que hace mucho tiempo estoy enamorado de una mujer, una chica hermosa, tiene los mejores rasgos que alguna vez vi en una persona.

Una mirada cálida, una tez blanca y limpia, un cuerpo que parece tallado por los mismos dioses. Sin embargo, no soy tan superficial como para fijarme solo en eso. Hay otras cosas de ella que también me gustan. Es el complemento perfecto para mí. Inteligente, valiente, perseverante y un poco loca. Ambos compartimos la misma causa y nos apoyamos mutuamente en todo. Sin duda la admiro muchísimo y sé de sobra, que ella habla de mí con muchísimo respeto y admiración.

Un día, ella llego a Buenos Aires, de viajé, porque, el único problema que nos aqueja, es que vive en otra provincia y a pesar de amarla, nunca pudimos estar juntos. Sin embargo, esta vez sí se nos iba a dar.

Como teníamos confianza, porque nos conocíamos hacía mucho tiempo, se hospedó en mi casa. Además mi hermano no estaba, él también estaba de viaje, así que sobraba una cama.

La fui a buscar al aeropuerto y nos fundimos en un abrazo muy afectuoso, pensé en besarla, pero no me atreví y simplemente me contente con el abrazo. Tomé su valija y la lleve a casa. Cuando llegamos, dejé la valija en mi cuarto y le dije que me tenía que acompañar urgentemente a una reunión, que luego al día siguiente le prometía que íbamos a recorrer la ciudad. Ella respondió que sí, pero que primero debía cambiarse y abrió la valija para tomar ropa. Mientras lo hacía, noté que había traído dos cajas de preservativos y pensé que esa noche iba a ser la mía.

Nos dirigimos, posteriormente, a la reunión, me debía encontrar con unos compañeros a realizar una investigación periodística para un artículo que estábamos por escribir. Realmente no recordaba de que trataba ese artículo estaba muy obnubilado con la sonrisa de la dama, parecía un completo tonto mirándola como si fuera una obra de arte que valía miles y miles de dólares.

Cuando llegamos la presenté y mis amigos preguntaron quién era. Yo respondí que era una amiga mía que vino a quedarse unos días. Mientras la presentaba, ella recibió un llamado telefónico y se retiró.

A la par, les comenté que yo la amaba, que estaba perdidamente enamorado de ella y que esta era mi oportunidad para confesárselo. Al día siguiente, la planeaba llevar a comer y después a pasear por el barrio de Recoleta y cuando estuviéramos en la terraza del Buenos Aires desing le iba a confesar todo lo que sentía. Posteriormente esperaba que fuéramos a mi casa y tengamos una noche más que apasionada, estaba casi seguro de que ella quería lo mismo, por lo que había visto en la valija.

Cuando terminó de hablar se me acercó y me preguntó a qué hora íbamos a salir y le respondí que a las doce del mediodía. Ella replicó, que a las cuatro de la tarde, debía encontrarse con otro chico, que la había invitado a verlo jugar al fútbol. Sin embargo, ella sabía de sobra que no la había invitado para verlo jugar únicamente, porque seguro después la iba a invitar a la casa para coger. Ella estaba encantada de eso, puesto a qué el chico le parecía muy atractivo. Todos nos quedamos en blanco cuando escuchamos eso, en especial yo. No podía creer lo que estaba pasando, la cara con la que miraban mis amigos... Y ni siquiera me quería imaginar la expresión que yo tenía en el rostro.

Al otro día traté de no darle importancia, hicimos todo el itinerario como estaba previsto, hasta que se hicieron las tres y media. Todavía estábamos en la plaza de enfrente al shopping escuchando música, cuando me dijo que debía partir para verse con el otro muchacho. Ahí no pude aguantar la frustración.

Quebré en llanto y le dije:

-No te entiendo, te parezco lindo, porque me lo dijiste más de una vez. Nos llevamos re bien, tenemos confianza. Después de todo te estás hospedando en mi casa ¿y así y todo lo preferís a él antes que a mí? No entiendo enserio, yo te amo y creo que nunca ame a nadie de la misma manera. Sé que no tenés la culpa, pero me rompe el corazón que tan libremente me digas que te vas con él y truncas nuestra salida así. Perdón, no pretendo que sientas lo mismo, tampoco que te quedes si no querés, pero necesito al menos serte sincero con lo que siento. Me muero por un beso tuyo, por poder acariciarte, por poder decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que me gustaría pasar la vida a tu lado. Y si bien, reitero, no es tu culpa, me parte el alma en mil pedazos que me digas que te vas a coger con el otro chico.

Justo cuando ella estaba por responder, me desperté. Nunca supe que me iba a decir, que respuesta me iba a dar, pero... Cuando me di vuelta ella estaba ahí en mi cama, durmiendo profundamente. La abracé, le susurre un "te amo" y me volví a dormir, con una gran sonrisa en el rostro.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Una casa inquietante


En buenos Aires había una casa que permanecía abandonada, a pesar de estar en uno de los barrios más caros de la ciudad. Desde que tengo memoria que está así , a nadie le interesa comprarla y siempre me llamó la atención el por qué no lo hacían, es una casa muy linda.

Decidí investigarlo y encontré una historia muy interesante, que le conté a uno de mis hermanos una noche y esta no le dejo pegar un ojo de tanto que se asustó. Sé que fue algo cruel, pero sin duda muy divertido. 

La historia es la siguiente:

María se había mudado a su nueva casa hacía poco tiempo. Era un lugar de ensueño, lo que ella siempre quiso. Con dos plantas y muchas habitaciones, donde podía esparcirse. Ya que ella es artista y necesita un lugar para pintar. Poseía también una pileta y un gran parque, que según ella, le inspiraba a realizar mejores obras. En fin, el lugar la tenía muy contenta. No solo por lo hermosa que era, sino porque realmente le había costado mucho esfuerzo conseguir el dinero para comprarla. Tuvo que pintar mucho y vender muchas obras hasta que pudo conseguir todo el dinero.

La primera noche que estuvo ahí, invito a todos sus amigos, y familia. Hizo una fiesta gigante, donde se fue acercando gente de todos lados y de todas clases. Más de doscientas personas asistieron esa noche. Comieron, bebieron, bailaron y conversaron hasta al amanecer. 

Cuando se fueron, María se puso a ordenar y mientras tanto, sonreía, estaba feliz de vivir en ese lugar. Sin embargo, poco después, dejo de estar tan contenta. Esa noche empezó a escuchar muchos ruidos, que no la dejaban dormir. Las puertas y ventanas se abrían solas, los pisos se levantaban y crujían y se escuchaban sonidos muy extraños que provenían del sótano. Al cuál María jamás había ingresado... 

Al escuchar estos ruidos tan curiosos, ella bajó la escalera, puesto que su cuarto se encontraba en la planta superior. Se acercó a la puerta del sótano. Intento abrirla, pero permanecía cerrada y no tenía la llave, no se la habían dado los dueños anteriores, o simplemente no existía, la cosa es que era imposible abrirla. Sin embargo, todavía se escuchaban ruidos extraños provenientes de ese lugar.

Acto seguido, se preparó un café, se sentó en el sofá y espero a que pasaran las horas hasta el día siguiente. Intentó dormir un poco, pero los ruidos y el terror que le ocasionaba saber que los generaba, no le permitía relajarse. Estaba sumamente ansiosa y asustada. 

Así lo estuvo, hasta que aparecieron los primeros rayos de sol. Misteriosamente, los ruidos cesaron y poco a poco se fue calmando hasta dormirse en el sofá.

Se despertó a las doce del mediodía, todo parecía normal de nuevo, ya no había ruidos extraños. Ese día hizo sus cosas como siempre, limpio la casa, hizo el almuerzo y posteriormente se puso a pintar, hasta la noche. Ya muy cansada, después de haber estado todo el día andando, se propuso ir a dormir. Eran las ocho de la noche. Era temprano, pero a ella le solía gustar dormirse a esa hora.Cuando ya se había acostado, los volvió a escuchar, de nuevo los ruidos extraños que venían del sótano. Intento ignorarlos y dormir igual, pero no pudo. 

A las tres de la madrugada, cansada de dar vueltas. Volvió a bajar la escalera e intentar abrir la puerta, otra vez. Estaba tensa, muy tensa. De nuevo se acercó al sótano, intento abrir la puerta y obviamente  no pudo, faltaba la llave. De nuevo asustada y temblando, se hizo un café y se sentó en el sofá. Esa noche, no solo hubo ruidos extraños, sino que también gritos. Parecían de dolor y desesperación. Solo Dios sabe, lo que sucedía detrás de esa puerta, pero por lo que se escuchaba, debía de ser algo horrible.

Cansada de que esto sucediera, a la noche siguiente, decidió organizar otra fiesta, a la que también asistió mucha gente. Esa noche no hubo ruidos y de haberlos,  simplemente fueron silenciados por la música. De nuevo la gente se fue a la madrugada y María volvió a sentirse más relajada.  Había encontrado la manera de hacerle frente a sus miedos, sin tener que dejar la casa que tanto le gustaba.  A siguiente noche organizo otra fiesta y a la posterior otra. Ya lo había resuelto, no hubo un solo ruido en ninguna de las tres noches, por fin podía vivir en paz... O eso parecía.

A la cuarta noche, sin embargo. Si se escucharon gritos, mientras sonaba una de las canciones preferidas de María. La gente salió espantada de la casa. Imaginaron lo peor de ella, la pobre no tenía la culpa, pero quien iba a creer que, realmente, no tenía nada que ver con los gritos provenientes del sótano. Harta de todo, cuando ya se habían ido todos,se acercó a la puerta del sótano y la golpeo con un palo, hasta terminar rompiéndola... Seguido a esto, prendió la luz y bajo la escalera.

Nadie sabe que pasó,a María jamás se la volvió a ver, nunca más salió del sótano, así como tampoco nadie volvió a entrar a esa casa. Por ese motivo, es que hasta el día de hoy, sigue abandonada, porque no se sabe que hay en las profundidades de dicha mansión. 

lunes, 2 de diciembre de 2019

La flor milagrosa


Un buen día, yo me encontraba realizando una exploración en un bosque cercano a la ciudad de Buenos Aires. Resulta que yo soy doctor homeopático y, estaba buscando una planta de la cual me había hablado un amigo mío.

En teoría, dicha planta, podía curar todos los males, desde el resfriado común, hasta el sida, pasando por todos los tipos de canceres. Así de milagrosa era esta planta. Me habían comentado que poseía unas flores rojas de gran tamaño y que presentaba un tallo de un amarillo verdoso muy particular. Que iba a ser fácil para mí reconocerla.

Tras caminar durante largas horas, dentro de ese bosque, finalmente la encontré. Una planta realmente hermosa, que desprendía un néctar muy dulce. Lo sé porque decidí beberlo, hacia demasiado calor, había caminado durante muchas horas y necesitaba ver si su efecto curativo era real. Planeaba curarme de mi alergia al polen. Por lo que, después de beber el néctar, me disponía a ingerir polen de la flor de al lado. Sin embargo caí desmayado.

No sé cuánto tiempo pasó después de haberme desmayado. Solo sé que desperté en otro lugar. Era la casa de un hombre de una edad bastante avanzada. Cuando desperté, él apareció. Me pidió que me sentara y me ofreció un té. Estaba muy rico por cierto. Le pregunte qué había pasado y me respondió que me trajeron a su casa puesto que me había desmayado en el bosque y uno de los lugareños me encontró así y me llevo para que me asistiera. Mientras tomábamos el té, comenzó a contarme su historia y nos pusimos a conversar

- Me llamo José, soy el doctor del pueblo, hace varios años me mude a este lugar para tener una vida más tranquila. Después de amasar una pequeña fortuna, decidí retirarme de la ciudad y comenzar de nuevo en este lugar, conectado con la naturaleza. Aquí atiendo a todos a los niños, a los adultos y a personas de otros pueblos. ¿Podrías contarme que fue lo que te paso así puedo ayudarte?
-Yo también soy doctor, estaba buscando una planta especial, que decían que puede curarlo todo. Tome de su néctar y me desmalle.
- Me temo señor, que esas son todas patrañas, no existe tal planta milagrosa, de hecho probablemente tomó el néctar de la planta de flores  rojas ¿o me equivoco?
- Efectivamente, sí
- Me temo que es una planta venenosa. Admiro su entusiasmo, me recuerda a mí cuando era joven, pero debe tener más cuidado, no puede andar probando todas las plantas así como así. Es un milagro que no le pasara nada, pero podría haber muerto.
-Tiene razón, fue imprudente de mi parte
-Por suerte para usted lo encontraron a tiempo. Tómese esta pastilla, le va a hacer bien. (Puso su mano en el bolsillo y saco un blíster con varios comprimidos). Es para desintoxicarse, probablemente todavía pueda generar vómitos o diarrea, pero por lo menos no va a pasar más de eso.
Puede quedarse aquí unos días si lo desea y de paso contarme más sobre su investigación.

Decidí aceptar la oferta del doctor, y me quede en su casa durante varios días. Mientras tanto, el controlaba mi estado de salud. Realmente era muy hospitalario. Se encargaba de que comiese bien, que tomara mucha agua y de que me encontrase cómodo todo el tiempo.

En las noches, José prendía un hogar a leña y me servía su famoso té, en ese momento, es que yo le narraba mis aventuras e investigaciones. El prestaba especial atención, parecía recordar sus antiguas andanzas y revivir cada una de ellas, mientras yo las relataba. Luego de terminar el té, apagaba el fuego, subía las escaleras y se iba a dormir. Yo por mi parte, me acostaba en el sofá, tapándome con una manta que me había prestado.

El hombre, a veces en  la cena o en el almuerzo, también contaba sus aventuras, eran también muy interesantes, y se notaba que escondían un gran misterio. Durante años, se había pasado investigando diversas plantas para curar diferentes enfermedades. Siempre hablaba de los procesos de investigación y los efectos de las plantas, pero nunca me contaba las conclusiones de sus investigaciones. Tal vez haya sido porque era celoso de sus logros, o porque intentaba hacerse el misterioso.

Después de varias noches, siguiendo esa rutina, decidí volver a Buenos Aires, después de todo, hacía rato que me sentía mejor y debía volver a trabajar. Estaba bastante frustrado porque no había podido encontrar la flor “milagrosa”, sin embargo, me había llevado una grata experiencia al compartir un tiempo con este buen señor.

Mientras volvía pensaba en que me había curado realmente rápido y que me quede solo porque me resultaba interesante, observar el cómo era la vida de un médico rural. Tal vez, podría hacer eso en un futuro, realmente me había gustado.

Seguí trabajando día y noche, tras un par de años, descubrí que lo que realmente me había curado del envenenamiento, era el té. El comprimido había sido una farsa de José para que no descubra la verdad.

Como un rompecabezas todas las fichas se fueron encastrando en mi mente. Era por eso que no me contaba las conclusiones de sus investigaciones y por qué tenía tanto interés en las mías. El sabia como utilizar las flores rojas, sabía que si curaban todo, pero no quiso decírmelo. Necesitaba asegurarse de hacerme creer que era mentira para que método.

Volví a internarme en el bosque buscando de nuevo la famosa planta. Volví a mi laboratorio y empecé a experimentar con las hojas, los tallos y las flores, hasta que, después de varias jornadas sin dormir, lo había conseguido. Un té capaz de curar todo tipo de enfermedades. Era realmente un descubrimiento revolucionario, pero no podía sacarlo a la luz, porque si lo hacía iba a acabar con la industria farmacéutica. No es que a mí me interesase defender la industria, pero sabía que lo más probable era que los dueños de los grandes laboratorios me terminasen persiguiendo y eventualmente matando.

Comencé a ofrecer el té a mis pacientes. Por lo bajo, empecé a curar enfermedades de todo tipo, incluso  y sobre todo, las que eran más incurables, la dosis variaba de persona en persona. Requerían un seguimiento, el tratamiento non podía ser estandarizado, pero eso no importaba. El té realmente era milagroso, realmente funcionaba. Sin embargo, después de un tiempo, me empecé a hacer conocido por esto. Y lo que yo temía que pasara, término pasando. Los laboratorios me empezaron a perseguir y a amenazar. Autos seguían al mío cuando iba de casa al trabajo, me llegaban llamados y mensajes extraños, incluso a veces mientras caminaba, pasaba alguien y me decía algo por lo bajo.

No me quedo más opción que irme de Buenos Aires, había hecho un buen capital, en todos estos años de médico,  por lo que podía escaparme tranquilamente. Me mude cerca del bosque de donde extraía mi materia prima. Allí había un pueblo, donde compre el terreno más grande y construí mi casa. Para que no me encontrasen, queme mis documentos y mi celular. Me cambie el nombre y me comencé a dejar la barba.

Con el tiempo empecé a atender a la gente del pueblo, dándoles mis famosos tés y posteriormente se empezó a acercar gente de pueblos cercanos… pero acá estaba tranquilo, yo era el único médico de la zona y la única persona que sabía realmente como curar las enfermedades.

También había aprendido de mis errores, por lo que comencé a fabricar unas pastillas de azúcar, que sirvieran como engaño. Mientras les ofrecía té a mis clientes durante las consultas. Así ninguno podía asegurarse de que lo estaba tratando con algo distinto a la medicina tradicional.

Un día, después de muchos años, uno de mis vecinos tocó la puerta. Traía a un joven desmallado. Este estaba intoxicado, porque había bebido el néctar de la flor roja. Se nota que mis métodos se habían dispersado. Por suerte para él, no sabía cómo emplearlos. No es lindo vivir como un prófugo.