Luis era un joven bastante
impaciente y obsesivo que tenía unos veinte años. El cual, había invitado a cenar a su hermano
mayor Raúl, un chico bastante más despreocupado que el primero, pero sin
embargo más exitoso.
Con anterioridad, pactaron que el
encuentro estaba previsto para las ocho de la noche. Luis, se mostró muy
impaciente ese día, era algo bastante usual en él. Era demasiado obsesivo y buscaba que todo
saliese perfecto, que nada pasara ni medio minuto antes, ni medio minuto
después. Por esta razón, ese día, se
contactó con Raúl más de unas seis veces, con el objetivo de lograr que éste no
llegase tarde, ya que era demasiado usual que lo terminara haciendo.
Llegaron el día y la hora pactados,
Luis ya tenía todo preparado para la llegada de su hermano. Desde las siete y media aguardaba, con la cena
lista, y la mesa servida. Esperaba sentado en una silla sin mover ni un músculo
por las dudas de que algo saliese mal, con el fin de evitar un percance, apenas
movía su brazo para mirar el reloj y nada más.
Ya era la hora y su hermano no
llegaba. Decidió llamarlo, pero este no
contestó, por lo que inmediatamente llamó a la comisaria. Allí le dijeron que no podía reportar una
desaparición tan repentina, que era menester esperar veinticuatro horas para
hacerlo.
Pasaban las horas y los minutos, el
teléfono de Raúl recibió tantos llamados y tantos mensajes que quedó
completamente saturado. La bandeja de
entrada había quedado llena. Por su
parte, la comisaria recibió otros treinta llamados, y en todos, la respuesta
fue la misma. Ese día Luis no cenó, y
prometió no moverse de la silla hasta que llegase su hermano.
Al día siguiente, el hermano menor
completamente resignado, evitó llamar a la comisaria, ni a su hermano. Ya sin esperanza alguna, se quedó con la mesa
servida, y esperando que su hermano cruzara la puerta de su departamento. Ya no iba a ser todo perfecto, pero por lo
menos iba a ser lo más perfecto posible.
Mientras esperaba, recordaba que
Raúl nunca había sido perfeccionista, que él siempre había sido la cara opuesta
de su hermano, era un amante de la imperfección, la impuntualidad y el caos. Siempre discutía con Luis por este motivo. Y a él se le ocurrió que, tal vez, lo estaba
haciendo esperar para enseñarle una de tantas lecciones que alguna vez le había
querido dar, pero que nunca había aprendido.
Pasaron los días, y una señora
anónima, reportó un crimen en la misma comisaría que Luis había reportado la
desaparición de su hermano. La policía
fue a investigar, sin imaginar que ambos casos pudiesen llegar a estar
relacionados. Cuando llegaron a la
escena, encontraron un cuerpo, el cual, estaba metido en un contenedor de
basura, no llegaron a identificarlo, debido a que estaba muy desfigurado, pero
creían que era el cuerpo de un hombre.
Al realizar las pruebas de ADN,
descubrieron que la composición de éste, era muy similar a la de un oficial de
policía. Este oficial era Raúl. Al instante, los encargados de realizar la
autopsia, llamaron a la comisaría en la que éste trabajaba y quien atendió,
dijo que hacia dieciocho horas que no tenían noticias de su paradero.
Al enterarse, inmediatamente,
llamaron a Luis, pero este no contestó el teléfono. No obstante, quien había realizado la llamada,
se percató de que este número, era el mismo que había llamado hace algunos días
para reportar aquella desaparición tan extraña. Esto último llamó muchísimo su atención, ya
que la desaparición había sido reportada por su hermano hacía ya cinco días,
pero por la comisaría, apenas hacía dieciocho horas.
Debido a la incapacidad de entender
de la policía, un móvil partió rápidamente hacia la casa de Luis, en busca de
un poco de información. Allí lo
encontraron muerto, todavía sentado en esa misma silla, esperando a que llegase
su hermano. El forense, dictaminó que
el joven había muerto por deshidratación. Resulta que, debido a su deseo de que todo
saliese perfecto, éste no había comido ni bebido nada, en cinco días, y por esta
razón, termino muriendo, por su deseo de alcanzar una perfección inalcanzable.
Gracias a la muerte de Luis, la
policía no pudo encontrar muchos datos sobre lo sucedido, era el único familiar
de Raúl del cual sabían algo, según decían sus compañeros de trabajo, él nunca
hablaba de su familia y no tenía ni esposa ni hijos. Por lo que al encontrarse muerto su único
hermano, la investigación se hizo cada vez más difícil.
Luego de muchos intentos, la
investigación se dio por concluída, quedando en una incógnita sin resolver. Sin embargo, una vecina del padre de Luis,
logró resolver el misterio.
Ella sabía, que el hijo mayor
deseaba matarlo para quedarse con el dinero que el hombre había logrado
acumular durante todos sus años de vida. Había escuchado como Raúl lo había amenazado
repetidas veces, con el objetivo de conseguir el dinero de la casa para poder
realizar un viaje por el mundo, Manuel, el viejo, siempre se negaba. Y como la vecina de éste, no lo veía hacía ya
varios días, dedujo que el loco de Raúl lo había asesinado, y que por eso el
abuelo tan agradable ya no salía de su casa.
Cuando consiguió suficientes
pruebas de ésto y realizó la denuncia, ya era demasiado tarde, efectivamente,
el cadáver era de Manuel y no de Raúl, pero para cuando la policía pudo
resolverlo, Raúl ya se encontraba viajando por el mundo, disfrutando del dinero
que su hermano y su padre le habían dejado como herencia.
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