Mario era un albañil, que estaba trabajando en una obra en
construcción. Él y sus compañeros, estaban trabajando en algo de carácter
monumental, un rascacielos de setenta pisos.
Tristemente, luego de varias jornadas de trabajo, la obra se
vio interrumpida de un momento para otro.
Una viga de acero que se iba a colocar a la altura del piso número
quince, cayó encima de la cabeza de Mario que estaba trabajando en el piso
catorce y este falleció en el acto.
Al suceder esto, uno de los obreros llamo a emergencias
inmediatamente, y al cabo de un rato, llegaron un patrullero y una ambulancia.
La ambulancia llevo el cadáver a la morgue y los policías que estaban en el
patrullero, dijeron que tenían que clausurar la obra momentáneamente para
descartar la posibilidad de que la muerte hubiese sido un asesinato. Los obreros se marcharon y nunca regresaron
al lugar, a excepción de algunos que pasaba de manera obligada y con muchísima
tristeza en sus ojos.
Sin embargo, pese al espanto en los rostros de absolutamente
todos, los que allí se encontraban, la policía se vio obligada a realizar
interrogatorios a cada uno de los obreros. Ninguno de los trabajadores pudo ser encontrado
culpable de haber cometido un acto adrede para terminar con la vida de Mario,
sin embargo, sí que se pudieron notar algunas diferencias en el relato de
algunos de los albañiles, respecto al del resto de los que allí habían estado
presentes. Cabe destacar, que en las
construcciones, todos usan guantes en todo momento, por lo que analizar las
huellas dactilares de la viga era completamente inútil.
Joaquín, era el principal sospechoso, ya que había
confirmado haber estado mezclando cemento, en la vereda, mientras que sus
compañeros, dijeron que él era uno de los que se encontraba trabajando en el
piso quince, que era del cual había caído la viga. Por su parte, Alberto era otro de los potenciales
sospechosos, ya que según él decía, no había podido presenciar el momento en el
que Mario fallecía. Sin embargo, sus compañeros, relataban que él, había sido
el primero en llegar a la escena y que él era quien había avisado a los demás sobre lo
sucedido.
Luego de todos los interrogatorios, los investigadores se
condujeron a la escena. Comenzaron a realizar cálculos, tanto en la viga como
en la posición en la que se encontraba Mario trabajando. Podían darse cuenta de
esto último, ya que él estaba colocando ladrillos, y según la forma en la que
estaban colocados, y la manera en la que había caído el último ladrillo que
Mario sostuvo en su mano, podían intuirlo con bastante exactitud.
Mientras realizaban las pericias, un gato jaspeado apareció
repentinamente, al parecer, sin saberlo, este gato, había adulterado algunos
detales, por lo que era menester tenerlo en cuenta en todos los cálculos que hubiesen
podido llegar a realizar.
Ya en el laboratorio, los criminalistas, realizaron todos
los cálculos necesarios para descartar cualquier posibilidad de homicidio,
teniendo en cuenta donde se encontraban los dos sospechosos y la variable del
gato. Tras horas de arduo trabajo,
descubrieron que la viga había caído por accidente, pero que sin embargo, de
alguna forma, alguien había empujado a Mario para que este trastabillarla y así
la viga cayera encima de su cabeza.
Debido a este dato tan alarmante, se volvió a interrogar a Alberto,
quien se encontraba detenido. Y debido a
las incongruencias de su relato, el interrogador, resolvió que era necesario
iniciar un juicio en su contra. Sin
embargo, se le dio el goce de libertad condicional, por lo que podía circular
libremente, como cualquier otra persona que no poseyera una casa penal. No
obstante, si se le prohibió la salida del país. Luego se liberó a Joaquín quien también se
encontraba detenido, pero de este ya no tenían sospecha alguna, por lo que se le
otorgo libertad total, y no se asentó ningún registro ni expediente de su
detención. Al salir de la comisaria,
Mario volvió a la obra, y llamo al gato, luego lo tomo en sus brazos y lo llevo
a su casa.
Pasaron unos pocos días, y la policía volvió al edificio,
pero esta vez, no encontraron al gato, este ya no se encontraba en aquel lugar,
había desaparecido. Esto, llamo
poderosamente la atención de los investigadores, por lo que decidieron observar
más a fondo y analizar con un detector de huellas y con la cámara de seguridad,
lo que podría haber pasado con el gato.
Luego de revisar las cámaras, supieron donde estaba el gato,
sabían que alguien se lo había llevado, y también sabían perfectamente quien
era ese alguien. No obstante, después de analizar las huellas, descubrieron
algo completamente impresionante, Alberto, no había empujado a Mario, sino que
había sido el gato quien lo había hecho trastabillar.
Inmediatamente, un móvil policial partió para la casa de
Alberto, y al llegar, el oficial, le relato al dueño de aquella casa lo que los
criminalistas habían descubierto. Y fue
entonces que Alberto confeso que efectivamente el gato había causado la muerte
de Mario, que lo había visto, pero que no había dicho nada para que al gato no
se lo sacrificara, ni se le otorgara ningún castigo. También, declaro que lo
quería demasiado. Tanto que había sido
capaz de incriminarse, con tal de poder mantener a su amigo felino con vida.
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