Páginas

Wikipedia

Resultados de la búsqueda

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El piso quince

Mario era un albañil, que estaba trabajando en una obra en construcción. Él y sus compañeros, estaban trabajando en algo de carácter monumental, un rascacielos de setenta pisos.

Tristemente, luego de varias jornadas de trabajo, la obra se vio interrumpida de un momento para otro.  Una viga de acero que se iba a colocar a la altura del piso número quince, cayó encima de la cabeza de Mario que estaba trabajando en el piso catorce y este falleció en el acto.

Al suceder esto, uno de los obreros llamo a emergencias inmediatamente, y al cabo de un rato, llegaron un patrullero y una ambulancia. La ambulancia llevo el cadáver a la morgue y los policías que estaban en el patrullero, dijeron que tenían que clausurar la obra momentáneamente para descartar la posibilidad de que la muerte hubiese sido un asesinato.  Los obreros se marcharon y nunca regresaron al lugar, a excepción de algunos que pasaba de manera obligada y con muchísima tristeza en sus ojos.

Sin embargo, pese al espanto en los rostros de absolutamente todos, los que allí se encontraban, la policía se vio obligada a realizar interrogatorios a cada uno de los obreros.  Ninguno de los trabajadores pudo ser encontrado culpable de haber cometido un acto adrede para terminar con la vida de Mario, sin embargo, sí que se pudieron notar algunas diferencias en el relato de algunos de los albañiles, respecto al del resto de los que allí habían estado presentes.  Cabe destacar, que en las construcciones, todos usan guantes en todo momento, por lo que analizar las huellas dactilares de la viga era completamente inútil.

Joaquín, era el principal sospechoso, ya que había confirmado haber estado mezclando cemento, en la vereda, mientras que sus compañeros, dijeron que él era uno de los que se encontraba trabajando en el piso quince, que era del cual había caído la viga.  Por su parte, Alberto era otro de los potenciales sospechosos, ya que según él decía, no había podido presenciar el momento en el que Mario fallecía. Sin embargo, sus compañeros, relataban que él, había sido el primero en llegar a la escena y que él era  quien había avisado a los demás sobre lo sucedido.

Luego de todos los interrogatorios, los investigadores se condujeron a la escena. Comenzaron a realizar cálculos, tanto en la viga como en la posición en la que se encontraba Mario trabajando. Podían darse cuenta de esto último, ya que él estaba colocando ladrillos, y según la forma en la que estaban colocados, y la manera en la que había caído el último ladrillo que Mario sostuvo en su mano, podían intuirlo con bastante exactitud. 

Mientras realizaban las pericias, un gato jaspeado apareció repentinamente, al parecer, sin saberlo, este gato, había adulterado algunos detales, por lo que era menester tenerlo en cuenta en todos los cálculos que hubiesen podido llegar a realizar.

Ya en el laboratorio, los criminalistas, realizaron todos los cálculos necesarios para descartar cualquier posibilidad de homicidio, teniendo en cuenta donde se encontraban los dos sospechosos y la variable del gato.  Tras horas de arduo trabajo, descubrieron que la viga había caído por accidente, pero que sin embargo, de alguna forma, alguien había empujado a Mario para que este trastabillarla y así la viga cayera encima de su cabeza.

Debido a este dato tan alarmante, se volvió a interrogar a Alberto, quien se encontraba detenido.  Y debido a las incongruencias de su relato, el interrogador, resolvió que era necesario iniciar un juicio en su contra.  Sin embargo, se le dio el goce de libertad condicional, por lo que podía circular libremente, como cualquier otra persona que no poseyera una casa penal. No obstante, si se le prohibió la salida del país.  Luego se liberó a Joaquín quien también se encontraba detenido, pero de este ya no tenían sospecha alguna, por lo que se le otorgo libertad total, y no se asentó ningún registro ni expediente de su detención.  Al salir de la comisaria, Mario volvió a la obra, y llamo al gato, luego lo tomo en sus brazos y lo llevo a  su casa.

Pasaron unos pocos días, y la policía volvió al edificio, pero esta vez, no encontraron al gato, este ya no se encontraba en aquel lugar, había desaparecido.  Esto, llamo poderosamente la atención de los investigadores, por lo que decidieron observar más a fondo y analizar con un detector de huellas y con la cámara de seguridad, lo que podría haber pasado con el gato.

Luego de revisar las cámaras, supieron donde estaba el gato, sabían que alguien se lo había llevado, y también sabían perfectamente quien era ese alguien. No obstante, después de analizar las huellas, descubrieron algo completamente impresionante, Alberto, no había empujado a Mario, sino que había sido el gato quien lo había hecho trastabillar.


Inmediatamente, un móvil policial partió para la casa de Alberto, y al llegar, el oficial, le relato al dueño de aquella casa lo que los criminalistas habían descubierto.  Y fue entonces que Alberto confeso que efectivamente el gato había causado la muerte de Mario, que lo había visto, pero que no había dicho nada para que al gato no se lo sacrificara, ni se le otorgara ningún castigo. También, declaro que lo quería demasiado.  Tanto que había sido capaz de incriminarse, con tal de poder mantener a su amigo felino con vida.

domingo, 14 de mayo de 2017

Cuestión de familia

Luis era un joven bastante impaciente y obsesivo que tenía unos veinte años.  El cual, había invitado a cenar a su hermano mayor Raúl, un chico bastante más despreocupado que el primero, pero sin embargo más exitoso.

Con anterioridad, pactaron que el encuentro estaba previsto para las ocho de la noche. Luis, se mostró muy impaciente ese día, era algo bastante usual en él.  Era demasiado obsesivo y buscaba que todo saliese perfecto, que nada pasara ni medio minuto antes, ni medio minuto después.  Por esta razón, ese día, se contactó con Raúl más de unas seis veces, con el objetivo de lograr que éste no llegase tarde, ya que era demasiado usual que lo terminara haciendo.

Llegaron el día y la hora pactados, Luis ya tenía todo preparado para la llegada de su hermano.  Desde las siete y media aguardaba, con la cena lista, y la mesa servida. Esperaba sentado en una silla sin mover ni un músculo por las dudas de que algo saliese mal, con el fin de evitar un percance, apenas movía su brazo para mirar el reloj y nada más.

Ya era la hora y su hermano no llegaba.  Decidió llamarlo, pero este no contestó, por lo que inmediatamente llamó a la comisaria.  Allí le dijeron que no podía reportar una desaparición tan repentina, que era menester esperar veinticuatro horas para hacerlo.

Pasaban las horas y los minutos, el teléfono de Raúl recibió tantos llamados y tantos mensajes que quedó completamente saturado.  La bandeja de entrada había quedado llena.  Por su parte, la comisaria recibió otros treinta llamados, y en todos, la respuesta fue la misma.  Ese día Luis no cenó, y prometió no moverse de la silla hasta que llegase su hermano.

Al día siguiente, el hermano menor completamente resignado, evitó llamar a la comisaria, ni a su hermano.  Ya sin esperanza alguna, se quedó con la mesa servida, y esperando que su hermano cruzara la puerta de su departamento.  Ya no iba a ser todo perfecto, pero por lo menos iba a ser lo más perfecto posible.

Mientras esperaba, recordaba que Raúl nunca había sido perfeccionista, que él siempre había sido la cara opuesta de su hermano, era un amante de la imperfección, la impuntualidad y el caos.  Siempre discutía con Luis por este motivo.  Y a él se le ocurrió que, tal vez, lo estaba haciendo esperar para enseñarle una de tantas lecciones que alguna vez le había querido dar, pero que nunca había aprendido.

Pasaron los días, y una señora anónima, reportó un crimen en la misma comisaría que Luis había reportado la desaparición de su hermano.  La policía fue a investigar, sin imaginar que ambos casos pudiesen llegar a estar relacionados.  Cuando llegaron a la escena, encontraron un cuerpo, el cual, estaba metido en un contenedor de basura, no llegaron a identificarlo, debido a que estaba muy desfigurado, pero creían que era el cuerpo de un hombre.

Al realizar las pruebas de ADN, descubrieron que la composición de éste, era muy similar a la de un oficial de policía.  Este oficial era Raúl.  Al instante, los encargados de realizar la autopsia, llamaron a la comisaría en la que éste trabajaba y quien atendió, dijo que hacia dieciocho horas que no tenían noticias de su paradero.

Al enterarse, inmediatamente, llamaron a Luis, pero este no contestó el teléfono.  No obstante, quien había realizado la llamada, se percató de que este número, era el mismo que había llamado hace algunos días para reportar aquella desaparición tan extraña.  Esto último llamó muchísimo su atención, ya que la desaparición había sido reportada por su hermano hacía ya cinco días, pero por la comisaría, apenas hacía dieciocho horas.

Debido a la incapacidad de entender de la policía, un móvil partió rápidamente hacia la casa de Luis, en busca de un poco de información.  Allí lo encontraron muerto, todavía sentado en esa misma silla, esperando a que llegase su hermano.   El forense, dictaminó que el joven había muerto por deshidratación.  Resulta que, debido a su deseo de que todo saliese perfecto, éste no había comido ni bebido nada, en cinco días, y por esta razón, termino muriendo, por su deseo de alcanzar una perfección inalcanzable.

Gracias a la muerte de Luis, la policía no pudo encontrar muchos datos sobre lo sucedido, era el único familiar de Raúl del cual sabían algo, según decían sus compañeros de trabajo, él nunca hablaba de su familia y no tenía ni esposa ni hijos.  Por lo que al encontrarse muerto su único hermano, la investigación se hizo cada vez más difícil.

Luego de muchos intentos, la investigación se dio por concluída, quedando en una incógnita sin resolver.  Sin embargo, una vecina del padre de Luis, logró resolver el misterio.
Ella sabía, que el hijo mayor deseaba matarlo para quedarse con el dinero que el hombre había logrado acumular durante todos sus años de vida.  Había escuchado como Raúl lo había amenazado repetidas veces, con el objetivo de conseguir el dinero de la casa para poder realizar un viaje por el mundo, Manuel, el viejo, siempre se negaba.  Y como la vecina de éste, no lo veía hacía ya varios días, dedujo que el loco de Raúl lo había asesinado, y que por eso el abuelo tan agradable ya no salía de su casa.


Cuando consiguió suficientes pruebas de ésto y realizó la denuncia, ya era demasiado tarde, efectivamente, el cadáver era de Manuel y no de Raúl, pero para cuando la policía pudo resolverlo, Raúl ya se encontraba viajando por el mundo, disfrutando del dinero que su hermano y su padre le habían dejado como herencia.

jueves, 11 de mayo de 2017

El criminalista

Juana era una chica de clase media, la cual estaba de luto por el fallecimiento de su madre.  Ella llegó a la comisaría hace unos meses, para denunciar la muerte de su hermana, la cual, tenía una causa bastante dudosa y había acontecido justo una semana después de la de su madre.

La chica, entre lágrimas y llantos desconsolados, relató lo que se había encontrado en el departamento de Nicole, su hermana, la escena horrible que había presenciado al llegar allí esta mañana.  Acto seguido, un móvil policial, la acompaño a la escena.  En este móvil viajaban un oficial, Juana y un forense.

Al llegar al lugar encontraron el cadáver tendido en la cama.  No había rastros de sangre ni marcas en el cuerpo, por lo que el médico rápidamente diagnostico muerte súbita, aunque se llevó el cuerpo para realizarle los exámenes pertinentes. Mientras tanto, el policía contuvo a Juana que no paraba de llorar, y que no podía entender como su vida podía haberse desmoronado en tan poco tiempo.

Al llegar al laboratorio el criminalista realizó todas las pruebas necesarias y diagnosticó que Nicole había muerto por asfixia y que no había sido una muerte natural, sino que alguien la había asesinado.  Al enterarse de ésto, intentó buscar rastros de ADN en el cuerpo, pero no tuvo éxito, las muestras eran muy ínfimas y necesitaban ser comparadas con las de un potencial sospechoso.  Por lo que solicitó que se llamara a la joven a brindar declaraciones.

Juana se presentó, esta vez un poco más entera y se le realizó un extenso interrogatorio, en éste, declaró, que esa misma noche, ella había estado en una fiesta con un amigo y que no sabía bien a que hora había pasado, pero que sin embargo, había llamado a su hermana un rato antes de salir y que todo parecía indicarle que Nicole estaba teniendo un día completamente normal.  Nada le había resultado extraño en esa llamada.

La policía, busco el registro de llamadas del número de Nicole y contactó a José, que era el amigo de Juana.  Todo parecía indicar que la joven había dicho la verdad.  No obstante, José dio una pista muy interesante.  Dijo que en el velatorio de la madre de Juana, había aparecido un hombre de una apariencia muy sombría del cual nadie sabía nada, aclaró que él no era quien para juzgar, pero que tenía sus serias sospechas sobre este hombre, más que nada por su aparición repentina y su forma de actuar tan extraña.

Tras una búsqueda exhaustiva, lograron dar con el supuesto criminal, del cual, también se tomaron declaraciones.  Sus argumentos, no eran consistentes y carecían de solidez, por lo que se lo mantuvo detenido un tiempo.

En ese lapso de tiempo el forense realizó el examen de ADN y comparó las muestras del cadáver con las del sospechoso, la compatibilidad era de un 99,9%.  Por lo que ese mismo día se lo enjuició y encarceló con una condena de cinco años por el crimen cometido. Juana lloraba en la puerta del juzgado, acompañada de José que la estaba abrazando.  Al finalizar, la policía les comunicó el veredicto y ambos se marcharon con cierta satisfacción.

Sin embargo, esta resolución no convenció al detective encargado del caso.  Según él pensaba, el hombre que ahora estaba encarcelado, no tenía suficientes motivos para asesinar a Nicole, ni siquiera la conocía, se había declarado inocente en todas las instancias y todavía peor, por lo que había dicho, no tenía suficientes datos de la mujer, como para realizar una ejecución exitosa.

Por lo que si bien la causa estaba cerrada, decidió seguir investigando de manera extraoficial.  Y lo que encontró, no agradó a ninguno de los involucrados, resulta que encontró un cabello de José sobre la cama de Nicole, según la investigación forense que se realizó posteriormente, se había caído en la misma fecha y hora del fallecimiento de la muchacha.

Al día siguiente, se llamó al joven a declarar.  Se le contó lo que se había encontrado en la escena, y sin tener más escapatoria que decir la verdad, confesó que él era el responsable de la muerte de la chica y que la había matado con la almohada que ella tenía detrás de la nuca.


Resulta que la policía no se había percatado de que el señor, había estudiado criminalística y que por ende, sabía esconder bien sus huellas. Según dijo en su declaración, él siempre había estado enamorado de Juana, pero ella nunca le había prestado atención.  Al encontrarse con este chico, vió la oportunidad perfecta.  Sabía que era fácil incriminarlo y que tenía los conocimientos para hacerlo sin que nadie se diera cuenta.  Por lo que muy inteligentemente, ejecutó a Nicole y cubrió sus rastros con las marcas de ADN de este hombre.  De esta forma, pudo pasar un poco de tiempo con Juana, contenerla y hacer que esta se fijase un poco más en él.  Cumplió con su objetivo, pero tristemente no le duró mucho tiempo.

lunes, 8 de mayo de 2017

Nota de suicidio

Pablo, era un hombre de 37 años, el cual vivía con su novia Raquel, en un loft muy amplio, en la zona de Palermo.  Ellos eran una pareja muy unida, uno de ellos, el señor, era un pintor profesional, el cual pintaba cuadros bastante bien valuados, y ella, era una empresaria bastante exitosa, la cual compraba y vendía acciones en la bolsa.  Todos los días iban juntos al supermercado, a la carnicería o a la verdulería y los vecinos decían que se los notaba muy felices.  Todo era perfecto en su vida, pero como siempre, la perfección dura poco.

Un día, el hombre empezó a sentir una presencia, un ser que le susurraba al oído y le aconsejaba, un compañero inseparable, un amigo muy leal y aparentemente imaginario. Lol cual, al principio, era una ventaja, le aconsejaba sobre sus pinturas, sobre su vida y gracias a ello, el hombre, empezó a pintar más y mejores cuadros, cada vez tenían más color, más vida y más pasión.  Ésto se veía reflejado en sus ingresos.

La situación económica era cada vez más favorable. Sin embargo, la chica, era cada vez más infeliz, los vecinos de la zona, la empezaron a ver sola por el barrio.  Nadie la acompañaba, ya que él, por su parte cada vez salía menos de su estudio, y cuando eventualmente lo hacía, la terminaba agrediendo, ya sea física o verbalmente.  Sin embargo, ésto no parecía ser un problema para él.  Según su juicio, lo necesitaba, lo liberaba, y ella lo merecía por no dejarlo vivir su vida.

Todo cambió, cuando un buen día si empezó a ser una molestia, resulta que el espectro empezó a decirle que tenía que eliminar a Raquel porque interfería en sus procesos creativos, según la voz de su cabeza, el sería más feliz cuando ella ya no estuviera.  Fue ahí que se asustó, y decidió consultar a un profesional, el psiquiatra, tras varios análisis muy exhaustivos, le diagnostico esquizofrenia.

Le recetó unos medicamentos y tras haberlos tomado, la vida de ambos volvió a la normalidad, otra vez se los veía salir juntos a la calle, Pablo volvió a tomar contacto con el exterior, y lo más importante, dejó de maltratar a su mujer.  No obstante, hubo una vez que olvido tomar los comprimidos, y entonces el problema regresó, debido a que su amigo imaginario, había vuelto, y le había solicitado, no volverlos a tomarlos.

Los ataques volvieron, y cada vez eran más seguidos e intensos.  Una noche, se levantó de  la cama y se dirigió a la cocina, al volver, a su cuarto, sacó un cuchillo del bolsillo de su pijama y lo utilizó para acariciar el cuello de su amada, posteriormente, la degolló.  Luego del homicidio, con la sangre derramada, y uno de sus pinceles, escribió la historia de ambos en todas las paredes del cuarto, agregando comentarios de la voz de su cabeza.

Pasaron unos días y el dolor para él se volvió insoportable, no podía soportar más las voces de su cabeza, que tanto lo atormentaban, como tampoco podía convivir con la idea de haber asesinado al amor de su vida.  Por lo que ese mismo día tomó una soga y se colgó de la araña del comedor, quedando así, su cuerpo suspendido en el aire y en el centro del ambiente.

Luego de unos meses, la vecina de al lado, notó un olor a putrefacción muy intenso en el departamento con el cual compartía medianera, por lo que se dispuso a tocar la puerta. Nadie le contestó, por lo que decidió abrirla y en ese mismo momento quedó completamente horrorizada, por lo que veía.  Al abrir encontró el cadáver de Pablo y al costado del mismo el de Raquel que todavía yacía sobre la cama.  En ese momento, decidió tomar la nueve milímetros que los difuntos dueños de la casa, guardaban en su placar y se suicidó también.

Al llegar la policía encontró los tres cadáveres, acompañados de tres historias pintadas en las paredes, una pintada con sangre, que es la que había escrito Pablo originalmente, y otras dos que estaban escritas de la misma forma, pero con una tipografía distinta.  Nadie sabe quién las escribió, pero si se sabe lo que decían, una era la nota de suicidio de Pablo y la otra, la de Rosa, su vecina.


viernes, 5 de mayo de 2017

Mismo escritor, nuevas ideas

Hola, que tal soy Lucas. Deje pasar unos días sin subir contenido, porque quiero cambiar la tematica del mismo, al menos temporamente.

Se aproximan nuevos cuentos, pero de otra clase, con una estética y un enfoque distintos. Espero también les gusten

Gracias por leer

domingo, 23 de abril de 2017

Cuestión de confianza

Me encontraba en una reunión con algunos colegas laborales. Resulta que debido a que somos autónomos, nos habíamos juntado para ver como podíamos aumentar las ganancias, viendo que las condiciones económicas actuales no son las mejores para nosotros. Buscábamos la forma de atraer más público para de esta forma maximizar nuestros ingresos. La reunión, fue muy productiva, me dieron algunos trucos publicitarios, que me ayudaron bastante, además de un poco de ayuda en el tema de la promoción web, ya que no había incursionado en el tema.

Una vez finalizada la misma, uno de los jóvenes que estaban allí presentes, se acercó a mí con una propuesta, me llevó a un bar, y una vez en el  lugar, me dijo que me proponía unirnos en sociedad, para que por medio de ésta, pudiéramos tener mayor disponibilidad horaria, menores gastos, y mayores ganancias. Un negocio redondo, del cual ambos salíamos ganando. Solo había un pequeño problema, y era la confianza. ¿Cómo podía yo tener seguridad de que no iba a dibujar los números para quedarse con más dinero? ¿Cómo podía yo asegurar que no se iba a quedar con mis clientes? ¿Si salía mal, iba a responder él por el capital que le correspondía?

Debido a todas estas preguntas que me hacía, decidí decirle que me lo dejara pensar muy bien. Le pedí el número de teléfono, pagué el café que me había pedido y me fui.

Al llegar a mi casa, no dejaba de pensar en lo mismo una y otra vez, me consulté tantas veces lo mismo, que seguramente dentro de veinte años todavía voy a recordar mis palabras. Esa noche no pude dormir, y al otro día, llegué a la conclusión de que tenía que llamarlo y pautar mis condiciones para que la sociedad funcionara, si las aceptaba, yo iba a aceptar las suyas.


Luego de negociar​ los términos y condiciones por un buen rato, firmamos un contrato y nos pusimos a trabajar, las ganancias aumentaron y no sólo eso sino que ahora dispongo de más tiempo libre. A fin de cuentas, fue buena idea confiar en ese hombre, después de todo, alguna vez, lo había considerado uno de mis mejores amigos.

viernes, 21 de abril de 2017

Jugar con muñecas

Hay una frase que en la Argentina es muy común cuando nos referimos a un hombre mujeriego, solemos decir que ese hombre no deja títere con cabeza. La historia de un buen amigo mío, es un poco así. Mujer que encontraba, mujer que le gustaba e intentaba levantarse a toda costa.

Recuerdo que él tenía una cuenta en cada red social, un Facebook, un Twitter, un Instagram y un WhatsApp, para usar con los amigos, los ex compañeros de colegio, los compañeros de trabajo y la familia. Después, tenía otra cuenta de Facebook, otra de Twitter, otra de Instagram, otro WhatsApp, un Badoo y un Tinder, todo ésto lo usaba para ir al "supermercado de mujeres" y seleccionar cuales le gustaban y cuales no.

Cada día aparecía con una nueva, por mucho que él lo quisiera, ya nadie lo tomaba enserio, siempre con una distinta, picoteando por acá, picoteando por allá, a veces le salía bien, otras veces no tanto y entonces, cuando era así, camuflaba su "estrategia de levante" como sentido del humor y chiste fácil, lo cual increíblemente también le funcionaba, y a las malas, lo dejaba bien parado. Él era como los gatos, siempre caía de pie.

Se divertía mucho, hasta que un buen día, salió con una chica con novio, una chica que tenía "dueño" según le dijeron sus amigos. Él, influenciado por mis inoportunos argumentos, soltó una frase que yo siempre digo "nadie es de nadie" y la encaró de todos modos.

Charlaron un buen rato, consiguió conquistarla y se la llevó a su casa. Pasaron los días, y la chica se enojó por lo que había pasado. Ésta, no tuvo en cuenta que la culpa también era suya. Después de todo nadie abre una puerta que está cerrada con llave. Recargó toda la culpa sobre mi amigo y se lo contó al novio haciéndose pasar por víctima. El muchacho, que era buen chico, pero un poco tonto, insultó tanto a mi compañero, lo hizo sentir tan mal, que éste, se vio obligado a pedirle disculpas y a prometer que nunca más, iba a intentar levantarse a una chica que tuviera novio.

Pasaron días, meses, años y continuó con su vida como siempre, solo que respetando su promesa, el chico era pirata, pero sin embargo era un hombre de palabra, y de gran corazón, lo que prometía lo cumplía.
Un buen día, conoció a una chica, le gustó, y cumplió el mismo itinerario de siempre, la conquistó, salió con ella un par de veces y la dejo cuando se aburrió de ella. Pasó el tiempo, y se dio cuenta de que la había hecho sufrir muchísimo. Ese día, se prometió a sí mismo, nunca más iba a hacer lo que hizo con esa chica, ofreció sus más sinceras disculpas, las cuales no fueron aceptadas.

Sin embargo, eso le sirvió para cambiar, para entender que no tenía que jugar con​ los sentimientos de la gente, yo siempre le había dicho que lo había vivido y que eran una de las peores cosas que a uno le pudiesen pasar, yo lo entendí de la peor manera, y el también, por eso ahora seguimos el mismo lema.


Hacer lo que la situación amerite, pero respretándome a mí y respetando al resto.

jueves, 20 de abril de 2017

¿Conformarse, o no?

Hay un sentimiento que me persigue día a día, algo que está siempre ahí y no puedo sacar de mi mente. Es mi constante  inconformismo. Nada me viene bien, nada me cierra, nada encaja con mi forma de ser  tal y como está. A todo le encuentro potenciales modificaciones.

Recuerdo, que cuando era más joven, más pequeño, me burlaba de la gente que era como yo soy ahora. Recuerdo que les decía que no podían siempre buscarle la quinta pata al gato. Que había que conformarse con lo que hay sin pensar en que eso tuviera oportunidad de llegar a ser mejor, porque en definitiva no íbamos a poder cambiar nada y era estúpido pensar que si se iba a poder lograr. Nadie nunca me dijo que eso estuviera bien o mal, yo simplemente convivía con esa idea, sin darle demasiada importancia.

Hasta que, un buen día, me di cuenta de que este mundo, necesitaba gente ambiciosa, gente con deseos de auto superación, ganas de más, gente que se encuentre inconforme y aspire a mejorar, fue entonces, que me convertí en uno de ellos. En un insaciable, un hombre que trabajaba, que buscaba, que insistía, que hablaba, que jodía, que se quejaba.  Todo en pos de lograr un entorno mejor, en pos de su propia evolución y la evolución de su prójimo. Alguien que nunca estaba conforme con lo que era, sino que siempre pretendía ser más.

Al principio fue algo muy bueno, me estaba convirtiendo en esa persona que siempre había querido ser y nunca había podido, cada vez me parecía más a esos ídolos que consideraba inalcanzables, incluso, llegó un punto en el que me volví mi propio ídolo, ya no necesitaba tener una figura extraña a mi ser como referente, yo mismo podía ser mi propio modelo.

Sin embargo, también con ésto, llegó una infelicidad y un vacío enorme, un sentimiento de insatisfacción constante, algo de lo que no sabía como salir. Este sentimiento, me mantuvo impedido, a tal punto que el que pudiera seguir avanzando, había dejado de ser una realidad para transformarse en un sueño. Ya no hacía nada más que lo que me obligaban a hacer, me había convertido en un autómata sin alma, alguien que hacía todo por inercia y que ya nada sentía.

Fue ahí que decidí ponerle un alto, y decidí sentirme conforme con algo, sentirme conforme con mi apetito insaciable de querer hacer todo mejor. Entendí que iba a poder estar más tranquilo, si me sentía conforme con mi inconformidad, si sentía orgullo de ser una persona que constantemente buscaba la excelencia.




miércoles, 19 de abril de 2017

Soñar en grande

Hace un tiempo, una amiga me recomendó ver un video. Video en el cual, se hablaba de como la gente “exitosa” (gente que había conseguido mucho dinero), había logrado ser exitosa gracias a que se compró y leyó muchísimos libros. Lo primero que me vino a la mente, al ver esto, fue que mi amiga pensaba que yo era un fracasado, lo cual pude comprobar que no era así, y lo segundo, fue que no estaba de acuerdo con todo lo que este material audiovisual proponía.

No voy a decir que piense que la gente que es acreedora  de un gran capital no es exitosa, ya que tengo que reconocer que hay muchos que lo son. Sin embargo, si hay muchos que no, como también hay muchos otros que no tienen tanto dinero, y sin embargo sienten que lo tienen todo, y son felices. Desde mi punto de vista, con eso alcanza y sobra para poder sentirse exitoso.

Tampoco voy a decir que considero que el leer libros no ayuda a ser exitoso, yo suelo leer con cierta frecuencia por este motivo, para poder ser mejor, para poder aprender más y de esta forma perseguir el éxito. Pero, también creo que se puede aprender de muchas otras formas, no solo leyendo libros, se puede aprender en la calle, de la experiencia de alguien más, de una película, o de una canción, incluso de un video, como el que el relator producía, es curioso que el hombre crea que solo se pueden sacar enseñanzas de un libro y que se dedique a producir videos “pedagógicos”. No solo de un texto se puede aprender, y ésto, no estaba expresado por el autor.

En fin, el video, estaba planteado desde un punto de vista completamente capitalista y demagógico el cual no comparto en absoluto. Siento que sólo mostraba la punta del iceberg, y que cuando hablamos de aprender, éxito, y conocimiento, hay infinidad de variables que poner en juego, no sólo lo que se encuentra expresado en este video. Sin embargo, rescató un punto sobre el cual profundicé un poco más, y es que en este mismo video, se expresaba algo que desde mi punto de vista, es irrefutable, el concepto propone, que la mayoría de los seres humanos, nos preparamos para fracasar, en vez de para tener éxito. Es una verdad categórica, que en principio se descree y llega a ofender, pero si lo pensamos, siempre nos preparamos para soñar en chiquito, porque soñar en grande nos parece imposible y nos asusta. Escuchamos a los "exitosos" decir que nunca se imaginaron que iban a llegar a donde llegaron, y lo tomamos como un ejemplo a seguir y como un gesto de humildad.


Yo digo que no, yo creo que tenemos que animarnos a soñar en grande, a creer que podemos lograr todo lo que nos propongamos y más, cada uno desde su lugar, su condición y su punto de vista. Pero siempre intentando lograr cumplir ese sueño tan ambicioso que tenemos. Después de todo, fracasado no es el que no lo logra, sino el que no lo intenta.

martes, 18 de abril de 2017

El hombre pobre

Hace unos días, iba caminando por la calle, pensando en mis cosas, y mientras iba muy compenetrado en mis asuntos, se me acercó un hombre.

Era un hombre el cual se lo veía de bajos recursos, y muy anciano, tenía ropa muy vieja, una barba muy larga y los dientes rotos. Su aparición repentina me asusto bastante, por lo que me pidió disculpas y me preguntó si tenía algo de dinero para darle. Saqué dos pesos de mi bolsillo, se los di y continúe con mi camino.

Seguí caminando y encontré un bebé, estaba ahí solo, sin nadie que lo acompañara, busqué a la madre, busqué al padre, a algún hermano y no encontré ninguno. Entonces fue que se acercó el señor anteriormente mencionado, y se llevó al chico, no era su hijo, pero dijo que iba a cuidarlo como si lo fuera hasta que sus padres aparecieran. Como pudo lo acobijó, y se sentó en la esquina donde siempre se sentaba.

Pasaron las horas, los días y los meses. Yo cada tanto los visitaba. Hablaba con ellos, les daba la poca ayuda económica que les podía dar e intentaba llevarlos a un lugar más cómodo para vivir. También, a veces, llevaba comida para el señor grande.

Resulta que como lo veían con él bebe, pensaban que lo estaba usando, que era un chico alquilado porque no se parecían, o que era un hombre sin corazón porque había tenido un hijo a tal edad, y en tal posición económica. Por este motivo, ya no le daban tantas limosnas como antes, ahora lo poco que podía conseguir, se lo daba al bebé, y él no tenía que comer, dependía de lo poco que la señora que vivía en frente, y yo, pudiésemos llevarle.

Fue entonces, al ver esta situación que empecé a preguntarme quien era más pobre, si el señor que no tenía dinero, pero que le daba de todo a su hijo adoptivo, y que hacía hasta lo imposible para que no le faltase nada. O si la gente que pasaba y lo prejuzgaba, llegando a insultarlo, o incluso llegando hasta agredirlo físicamente por considerarlo una mala persona.


La respuesta es muy obvia, los segundos eran los más pobres, ellos no tenían riqueza espiritual, no tenían ni amor, ni compasión, solo odio, rencor, bronca e ira. Podrán haber llegado a tener los bolsillos llenos, pero el corazón vacío. Y de nada sirve eso. Es mucho más rico el que no tiene pero comparte, que el que tiene y lo atesora, sin darle nada a nadie.

sábado, 15 de abril de 2017

Tocar el fondo

Hoy a la mañana, me preguntaba. ¿Por qué razón, es necesario estar al borde del abismo para decidir no continuar? ¿Por qué cuando llegamos a una situación límite, recién ahí nos damos cuenta de que estábamos recorriendo un camino erróneo?

Yo jamás consumí drogas, siempre supe que hacían mal a la salud y por eso nunca se me cruzó por la cabeza si quiera probar alguna.

Sin embargo, antes sí que consumía alcohol. Yo sabía que el alcohol hacía mal al organismo y que quema neuronas, pero como todos toman yo también tomaba. Después de todo, pequeñas cantidades no hacen nada y además, yo se controlar cuanto tomo o dejo de tomar.

O al menos eso creía, resulta que una vez, estaba en una fiesta y tomé tanto que ahora no recuerdo que hice, no recuerdo que pasó, no recuerdo nada. Me pregunto una y otra vez, ¿que habrá pasado ese día? Sin poder encontrar una respuesta. Desde ese día ya no tomo más ni una gota, pero me pregunto ¿Realmente era necesario que llegara hasta ese punto para dejar de beber?

A diferencia de mí, tengo un amigo el cual si consume drogas. Fuma marihuana, sabiendo lo que ésta le hace al organismo, de todos modos lo hace, y no solo eso, sino que encima de todo, cada vez que toma alcohol, termina en el mismo estado que quedé yo aquella vez, o incluso en un estado peor.

Él dice que hace las dos cosas de manera social, y que ninguna podría transformarse en un vicio, pero cada vez que habla del tema me pregunto cuando va a parar, o peor aún, donde va a ir a parar si sigue por este camino.

Hay una tercera anécdota, que me hace preguntarme lo mismo, resulta que tengo otro amigo, el cual está cargado de resentimiento, de ira y de envidia. La cuestión es que él quiere ser una persona mejor de la que es ahora, lo cual es algo muy positivo, pero sin embargo no está dispuesto a cambiar, de alguna manera, espera que algún día algo lo vaya a iluminar y se transforme en esa otra persona que quiere ser por arte de magia.

Y me pregunto entonces, ¿Cuánto odio y resentimiento va a poder acumular antes de estallar, o antes de darse cuenta de que él tiene que poner de su propia voluntad para lograrlo? ¿Tan necesario es que siga viviendo de esta manera? ¿No se da cuenta de que le hace mal, tan difícil le es buscar una alternativa?

Al parecer si, hasta que no nos llevamos puesta la pared, no somos capaces de entender que estamos yendo por un camino erróneo, nos es imposible darnos cuenta.  Sinembargo, tal vez, si desaceleramos un poco y nos tomamos la vida con un poco más de calma, podamos frenar antes de colisionar.


Creo que vale la pena intentarlo, ver todo más despacio, para de esta manera, poder evitar tocar el fondo, poder rectificar antes de que terminemos lastimados, o aun peor antes de llegar a tener un daño irreversible.

viernes, 14 de abril de 2017

Superstición, creencias y fe

En plena Semana Santa, reflexionar sobre temas tales como la fe y las creencias religiosas, se hace bastante frecuente. Sobre todo en un país católico  como en el que yo vivo.

Resulta que mucha gente para estas fechas suele realizar un sacrificio personal, a modo de duelo por la muerte de Jesús. Si bien yo no soy católico, por lo que ninguna religión me obliga a hacerlo, decidí hacerlo de todos modos. Resulta que le conté esto a una amiga, y en consecuencia, me dijo, que ella lo entiende como algo completamente innecesario. Por mucho que haya intentado explicárselo no lo entendió, al parecer, su creencia religiosa no lo entiende así, y por ende nada de lo que le dijera le iba a hacer cambiar de opinión, o mínimamente entender mis razones.
                      
Esto me llevo a preguntarme qué será ésto que sucede en la gente, que toma un dogma impuesto por alguien como verdad absoluta, sin pensar que hay otras personas que entienden las cosas de otro modo, y que ni uno ni otro puede comprobar que está en lo cierto como tampoco ninguno puede afirmar que el otro se equivoca.

No encontré ninguna respuesta razonable. Me es imposible entenderlo, todos los hombres somos seres de fe.  Si incluso los ateos, todos creemos o descreemos de lo que no podemos ver.  Ahora, si todos tenemos fe, ¿Por qué es tan difícil para muchas personas aceptar la fe de los demás, conocerla y tolerarla? ¿Por qué toman la fe de los demás como una simple superstición y no pueden tomarla como una creencia? ¿En dónde está la línea que divide la superstición de las creencias? ¿Acaso las supersticiones no son demostraciones de fe?

Yo no soy dueño de la verdad, por lo que no se la respuesta a ninguna de estas preguntas, ni las voy a saber nunca, pero creo que el hacerse todas estas preguntas a uno lo vuelve más tolerante.  En lo particular, considero que ninguna persona tiene más o menos fe que otra, considero que la fe es algo muy personal y que cada uno tiene que vivirla a su modo, que a la hora de hablar de fe, vale tanto creer en Jesús, como en Buda, como en la naturaleza, como en Yahveh, como en el azar o en la suerte. Por esta razón, me parece algo muy repudiable el  intentar convencer al de al lado de que lo que pienso es mejor, como lo hacen muchísimas religiones.  Me niego a sentirme parte de alguna de estas instituciones, no podría hacerlo.  Quizás algún día esto cambie y éstas empiecen a repartir amor de verdad, en vez de adoctrinamiento disfrazado como tal.  Tal vez cuando llegue ese día, me vaya a sentir orgulloso de decir que pertenezco a determinada religión. 


jueves, 13 de abril de 2017

El ladrón juzga por su condición

“El ladrón siempre juzga por su condición”. Que frase más antigua, y más cierta, uno puede analizar los juicios de una determinada persona y conocerla muchísimo más de lo que ella misma se conoce, todo en función de como juzga a los demás. La cosa es que para bien o para mal, todos juzgamos, y todo el tiempo. El que me diga que no lo hace, está mintiendo.

Mi historia, se divide en dos. El primer episodio, transcurre un día en el que mi progenitora, tenía un pequeño problema con su celular. Resulta que no podía realizar llamadas, el equipo no funcionaba correctamente, mi padre, le dijo, que si lo reseteábamos a estado de fábrica, volvería a operar con normalidad. Luego de hacer copia de seguridad, en la nube, de los contactos, decidí realizar el formateo. Hasta aquí todo bien, el teléfono podía realizar llamados otra vez.

Fue entonces, que tuve la mala idea de preguntarle a mi madre, cuál era su cuenta del teléfono, ya que la necesitaba para restaurar las aplicaciones, y contactos. Resulta que no se la acordaba. En ese momento, yo me enojé y mucho, porque le había dicho anteriormente, y repetidas ocasiones, que debía acordársela ante cualquier inconveniente que pudiese llegar a tener. Luego de varios intentos, a prueba y error, entre mi papa y yo, logramos restablecer los datos.

Si yo no hubiera pensado que la señora, iba a recordar su cuenta, porque yo si lo hacía con la mía, mi padre y yo, nos hubiésemos ahorrado uno o varios, dolores de cabeza, por la supuesta “macana” que habíamos cometido.

La segunda parte, transcurre un tiempo después, un día en el que me encontraba otra vez con mi mamá. Estábamos hablando de los rumbos que uno pueda llegar a tomar a lo largo de la vida, de saber lo que uno quiere y perseguir ese objetivo hasta alcanzarlo.

Yo, para ese entonces, me mostraba muy maduro y muy seguro, diciendo que en lo particular, si lo tenía claro y que me daba mucha pena la gente que no estaba definida, la que no tenía un camino con una meta trazada, porque significaba que para ellos, todo era más difícil. Luego de pronunciar estas palabras, di una serie de nombres, a mi entender, eran personas que los dos conocíamos, que se encontraban en esta situación.

Resulta que al verlo con detenimiento, unos días después, entendí que si bien si me daba pena la gente que no tiene un rumbo definido y que si bien si era cierto que las personas que había nombrado, tampoco lo tenían. No era cierto que yo si lo tuviera. La realidad es que yo bien podría haber sido un nombre más en esa lista.

Estos dos hechos puntuales, me sirvieron para corroborar lo que siempre había afirmado, que todos juzgamos según nuestra condición. A la hora de juzgar, todos pensamos que los demás son como nosotros y prevemos que ante cualquier situación reaccionen como nosotros lo haríamos.

 No voy a decir que voy a dejar de juzgar porque es imposible, pero lo que si aprendí de estas dos situaciones es que antes de realizar cualquier juicio de valor sobre otra persona, hay que realizarlo sobre uno mismo, para posteriormente, poder analizar si nuestro juicio era acertado o no.  



  

miércoles, 12 de abril de 2017

Las Expectativas

Hoy me senté a pensar, era uno de esos días en los cuales me dan ganas de parar. Tomar un respiro, y simplemente sentarme tranquilo a analizar mi vida,  ver que dejó el pasado en mi presente y que va a dejar mi presente en mi futuro. Por lo que puse música a un volumen muy bajo, y me dispuse a hacerlo.

Empecé a pasar por los primeros años, mi primer recuerdo es de aquella vez que desafié a mi madre, había salido de la cuna solo, el segundo, es de haber estado jugando al “cacerolazo”, si, jugaba a golpear una cacerola, es que era la época en la que presenciarlos era bastante común y viendo que era la forma de expresarse de los grandes, supongo que habré querido imitarla.

Luego recuerdo el jardín de infantes y el primario, las considero dos etapas muy malas de mi vida. No por haber tenido malas experiencias, sino por la clase de persona que era, no podría decir que era malo, pero lo que sí puedo decir es que sabía que había cosas que hacía mal, era demasiado egocéntrico y me consideraba más inteligente que todos los demás.

La realidad, es que en esa época nunca estuve conforme con la clase de persona que era, por suerte a medida que pasó el tiempo logré cambiarlo, sigo siendo un poco narcisista, pero ya no tanto. Ahora entendí que todos somos personas y que todos somos igual de capaces, que yo podría ser mi vecino y mi vecino podría ser yo.

Continúe pasando por la línea de tiempo y llegué al secundario. Sin duda una etapa de cambio. Se puede decir que lo empezó una persona y lo terminó otra completamente distinta. Entró una persona a la cual aprender no le importaba, la que se pasaba todo el día jugando en la computadora, una a la que le gustaba discutir por amor al arte y su sueño era algún día poder llenarse de billetes. La persona que salió, era una persona la cual procuraba aprender lo más que pudiera (algo que adquirí cuando estaba en segundo año), alguien que ya casi no jugaba en la pc, o en alguna otra plataforma, que antes de jugar prefería salir, ver alguna película, leer, o simplemente escuchar música. Salió alguien que a veces prefería callar antes de discutir, seguía defendiendo mis ideales a muerte, y lo sigo haciendo, pero aprendí que a veces la discusión es innecesaria. Y el cambio más drástico de todos, ya no quería llenarme de billetes, el valor que perseguía ahora era el amor acompañado de la solidaridad, quería llenarme de eso, ya no de dinero.

En definitiva muchísimos cambios, pero siempre hubo una constante y es que lo quería terminar, quería salir de esa institución, todos los días me repetía lo poco que faltaba y no podía aguantar ni un segundo más. Es algo muy curioso, porque ahora que ya terminé me doy cuenta de que fue una etapa muy buena y de que ahora estoy lleno de dudas y de incertidumbres, que antes no tenía. No voy a decir que quiero volver, porque no sería cierto, pero si me doy cuenta de lo tonto que fui al no haber disfrutado esta etapa, como debía, al haber atesorado únicamente los momentos de recreo y los de salidas con compañeros, al no haber atesorado también las clases y al haber querido marcharme de ese lugar, al haber pensado en el mañana en vez de en el hoy.

Para colmo el mañana  no fue lo que imaginaba, el grupo de amigos que creía iba a permanecer unido, se desmanteló completamente, ciertos amigos que creía iban a ser para toda la vida no lo fueron y esa vida en la que iba a poder administrar mi vida sin que nadie lo hiciera por mí, el poder administrar a libertad mis tiempos, mis relaciones y mis bienes no llegó nunca.

Aunque no todo fue malo, algunos de esos amigos que creía que iban a ser para toda la vida si quedaron a mi lado, también se sumaron otras personas, gente que conocí en el colegio, pero con la que no teníamos una relación tan personal y ahora sí. También, si bien no puedo tener esa libertad que tanto anhelaba, si puedo decir que me siento más libre que antes.


En definitiva estoy más feliz ahora, pero reconozco que lo que hice fue una estupidez, el haber esperado tanto el futuro, dejando de lado el presente fue una mala idea, pero me sirvió, me sirvió para entender que hay que vivir aquí y ahora, porque el mañana tal vez no sea como pensábamos que iba a ser.

martes, 11 de abril de 2017

La Depresión

Todos, o por lo menos la gran mayoría de las personas, hacemos las cosas porque algo nos motiva, algo nos impulsa a hacerlas, a querer ser y a hacer más.

Para muchísimos hombres, su motivación es la mujer que los acompaña, o en su defecto, la mujer que anhelan conquistar. No en vano existe la frase “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”. Sin lugar a dudas una frase muy interesante, a la cual le podemos dar miles de significados y de interpretaciones.

No todos corremos la misma suerte, algunos de nosotros no tenemos a esa mujer a la que queremos conquistar, a ésta solo la vemos en sueños, y nos es imposible verla de otra forma. Yo no sé, que inspira a otras personas, pero si puedo saber que me inspira a mí y me empecé a preguntar ¿Qué es lo que me inspira?

Fue algo que me pregunté repetidas veces, y la realidad es que no encontré una respuesta única, a mí me motiva el saber que lo que hago sirve para algo, escuchar a alguien que me de las gracias, ver que soy una influencia positiva en la vida de alguien, pero por sobre todas las cosas, mi fuerza de voluntad. A veces las ganas no aparecen solas, y hay que buscarlas. Para eso  es que está la voluntad, para encontrar motivación en los lugares donde naturalmente no existe.

De eso hablaba con un amigo hace unos días, él se encuentra completamente deprimido, a causa de no tener esa mujer que lo motive. Intenté animarlo, pero me fue imposible, intenté explicarle lo que pensaba, pero nada pude cambiar. Tal fue mi angustia al no poder hacerlo, que por poco entro en depresión yo también.

Pasaron los días y lo volví a intentar, seguimos hablando y tampoco logré nada, al parecer hay gente en la que la voluntad no es suficiente, que necesitan algo más. No sé que pueda llegar a ser. Lo que si se es que en esta segunda vez, por lo menos logré que este hombre buscara su propia motivación. Todavía no la encontró, pero estoy seguro de que lo va a hacer tarde o temprano.
A cada uno nos motivan cosas distintas, y a lo largo de la vida las vamos a ir encontrando, transformando y cambiando. Lo importante es no perder la motivación, el no entrar en depresión por hacerlo, y en el caso de caer en ella, encontrar la fuerza suficiente como para salir de ésta.


lunes, 10 de abril de 2017

El ángel

Hoy estaba en el trabajo y de repente una señora me trajo dos ejemplares de diario. Era un diario que nunca había visto, me dijo que lo leyera, ya que era para jóvenes, que hablaba sobre filosofía de vida, que era algo que seguramente me iba a gustar.

Automáticamente lo guarde un ejemplar en mi mochila y coloqué el otro al alcance de quien quisiera llevárselo. Posteriormente, continué con mis habituales labores.

Pasaban los minutos y las horas, como también pasaba la gente. De repente entra un señor al local y me empezó a hacer preguntas sobre los productos, llevó un par de artículos y entonces lo vio, ahí estaba el diario. Se emocionó muchísimo al verlo. Me dijo que era algo especial, que ese periódico era maravilloso. Y de alguna manera hasta me obligó a leerlo. Antes de irse también acotó que la señora que me lo había dado tenía un gran corazón.

Fue entonces que me puse a leer los textos, eran muy difíciles de entender para mí, ya que el periódico, era de carácter budista y yo no me encuentro muy familiarizado con esta filosofía, sin embargo, pude captar el mensaje de paz que transmitía.

Yo no sé si la señora era una simple mujer, o era algo más, apenas entro note algo especial en ella, y después de lo que me dijo el señor y de leer los artículos, reafirme mi teoría. Está persona estaba más allá del resto de los humanos, por lo que decidí identificarla como un ángel, un ángel que me dejó la tarea de compartir este mensaje de paz. Si lo era o no, nunca voy a saberlo, pero que era una persona especial, eso sí lo puedo asegurar.


Así que guarde los periódicos y los atesore, esperando a que algún día pudiese encontrar aquella persona a la cual se lo tenía que dar, estoy seguro de que voy a encontrarla.

domingo, 9 de abril de 2017

Nadie hace nada

En mi país, hay hambre, hay miseria, hay desinformación, carencia de salud y sobre todas las cosas, una educación mediocre y anticuada. Dije en mi país como podría haber dicho en la mayor parte del mundo, ya que miremos a donde miremos vamos a encontrar lo mismo. Lo curioso es que todos lo sabemos, todos nos quejamos, y hasta algunos tienen soluciones a todos estos problemas. Sin embargo parecería que nadie hace nada.

Me empecé a preguntar por qué, cuál era el problema, todos estábamos de acuerdo en que había que hacer algo. ¿Por qué nadie lo hacía?

Me pregunté si yo desde mi lugar podía hacer algo más, y la realidad es que más de lo que hago no puedo, más que quejarme e intentar en la medida de lo posible, enseñar sobre algún determinado tema a quien pueda o darle un par de monedas a quien tenga menos que yo no puedo hacer. Sin embargo hay gente con más poder y llegada que puede hacer mucho más de lo que yo puedo, que tiene las herramientas para hacerlo, pero a pesar de todo,  no lo hacen, y es que no tienen las ganas. Estaba cansado de ver en cada rincón opinólogos profesionales y/o gente bien capacitada, presentando fórmulas mágicas, más o menos coherentes, que en mayor o menor medida,  van a traer solución a todos los problemas y que después por X o por Y no son aplicadas.

Le di vueltas y vueltas al tema, durante muchísimo tiempo, días, meses, incluso años, sin encontrar respuestas que me convencieran.

Hasta que, un buen día escuché al pasar que la sociedad actual carecía de empatía, que no podía ponerse en el lugar del otro, sentir el sufrimiento del otro y entenderlo. Ahí estaba la clave, en este sentimiento, que era algo que en lo particular yo no tenía, y que, siendo honesto, tampoco conocía a nadie que lo tuviera.

Entendí, que esa era la causa. No se hacía nada porque a nadie le importaba que realmente se hiciera algo. Quien estaba bien, estaba bien y punto, no se preocupaba de que el vecino no lo estuviera, porque sencillamente no podía entender por lo que éste pasaba.

Desde entonces me puse como meta, el cultivar mi sentimiento de empatía día a día, el ser cada vez mejor, en ponerme en el lugar del otro para que de alguna manera, pudiese educar con el ejemplo y transmitir este mensaje que nos iba a convertir en una sociedad mejor.

Ahora no sólo soy una persona empática, sino que también, soy una persona esperanzada, ahora, tengo fe en que si no se hace hoy, tal vez mañana si, porque estoy seguro de que en algún momento la empatía va a contagiarse a cada uno de nosotros. Sòlo tenemos que ser pacientes, optimistas y no cesar de trabajar para lograrlo.


sábado, 8 de abril de 2017

El Celoso

Hace tiempo que tengo un amigo, un amigo muy bueno. De esos que se cuentan con los dedos de una mano. Con el compartíamos, compartimos y compartiremos, muchas cosas; uno con el que siempre fuimos muy unidos.

Un buen día, empezó a salir con una chica, me puse muy contento por el hecho, al principio, como es de esperarse en la mayoría de los casos, se daban mucho afecto, con mucha intensidad.

A medida que fue pasando el tiempo, naturalmente el afecto fue creciendo, pero la intensidad decayendo, lo cual es algo sumamente normal. Al chico no le gustó, fue entonces que empezó a celar a su novia, a controlarla, a fijarse con quien hablaba, con quien dejaba de hablar y a enojarse cada vez que sentía su lugar “privilegiado” amenazado.

Recuerdo una vez en la que estaba reunido con los dos, y como a mí siempre me habían gustado los chistes, decidí realizarle uno a la chica, que dicho sea de paso también es amiga mía. He de reconocer que el chiste era un poco indecente, pero la reacción de este hombre no tenía justificación alguna. Se enojó tanto que estrellò su mano contra el vidrio de mi reloj pulsera. Dejándome un aparato que ya no me servía a mí y un puño ensangrentado a él. Ni a su novia ni a mi este suceso nos pasó desapercibido, los dos nos asustamos al ver esa reacción, ese sentimiento de pertenencia tan fuerte que había en el interior del joven.

Intente hablar con mi amigo, ver si de alguna manera podía moderarlo, usé mis palabras, canciones, textos, incluso videos, pero ya era muy tarde para revertirlo. Estaba convencido de que era lo correcto porque la quería, y también, de que yo no lo entendía porque no tenía a alguien a quien amar. No es un dato menor, que la chica también cometía este error de concepto, ella también pensaba que era algo sano y una muestra de amor el celar y ser celado, en definitiva si él era así es porque ella lo había condicionado para que fuese así.

Es que es así, uno a los amigos los quiere, pero estos a veces pueden hacer muchas idioteces. Luego de ver esta situación, me prometí a mí mismo, que nunca iba a dejar que esto me pasara, que me iba a mantener lo más alejado posible de los celos.

Sin embargo un buen día, sentí en peligro mi posibilidad de ligue con una chica que me gustaba, y mis celos empezaron a aflorar. Fue algo muy curioso, porque era la primera vez que sentía algo así, nunca antes me había pasado. Luego de esto empecé a sentir una sensación de rabia e ira muy profunda. No en contra de quien amenazaba mi “territorio”, sino en contra mía, por la reacción que había tenido. Ya que siempre mantuve un concepto muy claro, “nadie es de nadie”. 

A diferencia de lo que le paso a mi amigo a mí los celos no me consumieron, supe detenerme cuando fue necesario, porque resulta que no se trata de lo mucho que uno pueda querer a una determinada persona. Sino de que si se entiende a esa persona como tal o como una propiedad.    


viernes, 7 de abril de 2017

El Regalo

¿Qué regalarle? ¿Qué le gustaría? ¿Qué no? Esa es una pregunta que estoy seguro de que muchos nos hacemos a la hora de tener que comprar un regalo. Resulta que en dos días iba a ser el cumpleaños de un amigo muy cercano, y quería comprarle algo que le gustara, no simplemente regalarle dinero, lo que en secreto dice: “no sabía que comprarte y esto es bien recibido por todos, así que te lo traje porque no tenía ganas de pensar”. No es que me esté quejando de las personas que me regalan dinero, pero quería llevarle algo que tuviese un poco más de valor sentimental.

Por eso me empecé a hacer las preguntas anteriormente mencionadas, no encontraba una respuesta certera, nada podía comprarle para la cocina, debido a que esta persona, no cocinaba, tampoco podía comprarle ropa ya que tenía suficiente y tampoco quería regalarle algún objeto de decoración, ya que seguramente no iba a usarlo.

Seguí pensando y pensando, sin encontrar una respuesta, fue entonces que me pregunté, ¿y yo que me regalaría? La respuesta que surgió fue, un reloj o un libro. Ya que en lo particular me gustan mucho estos dos objetos.

Inmediatamente entendí que debía regalarle. Un libro es un regalo muy bueno, ya que si es que esta obra es de calidad, deja un aporte cultural importante en la persona que lo lee, además de esto, hay ediciones que pueden ser bastante económicas, por lo que tampoco tenía que gastar mucho dinero.

Posteriormente, fui a la librería y había tantos libros que no sabía cual comprar, por lo que me pregunte ¿Qué clase de libros le gustan a mi amigo? Y recordé que le gustaban los de ciencia ficción, Me dirigí a esa sección,  pero cuando llegue, de todos modos había muchísimos libros en ella, por lo que me volví a preguntar ¿A mi cuál me gustaría?

Después de pensar un rato, escogí uno, lo pague, lo envolví y lo regale. A mi amigo le gustó mucho, me dijo que era un libro que había estado buscando.


Por eso, desde ese momento, ya no me pregunto ¿Qué voy a regalar? Sino que me pregunto ¿Qué me gustaría que me regalen? Ya que después de ese día, entendí que el problema a la hora de no saber que regalar, no es el no saber en sí mismo, sino que no sabemos el que preguntarnos a la hora de decidir entre un regalo u otro. 

jueves, 6 de abril de 2017

¿Malas palabras?

Me encontraba leyendo un libro. Cuando de repente llegue a un capítulo en el que hablaba sobre las “buenas” y “malas”  palabras, cuando hablamos de “malas palabras”, a todos nos vienen a la cabeza esas expresiones que nuestros padres decían constantemente, cuando éramos chicos, por más que estuviesen “prohibidas” para nosotros. Palabras como, mierda, pelotudo, forro, boludo. O expresiones tales como, hijo de puta, la puta madre, etc.

Resulta que, según el texto que leía, estas palabras no siempre eran malas, sino que eventualmente, podrían no ser dichas con mala intención. No solo acotaba ésto, sino que encima, proponía que había palabras que no eran consideradas malas que podrían llegar a ser catalogadas como insultos, e incluso podrían ser mucho más severos. Luego de esta explicación, el autor sitó un texto escrito por Domingo Faustino Sarmiento, padre del aula, quien decía una serie de calificativos en contra los paraguayos, decía en esta carta, dirigida a Bartolomé Mitre, que estos eran bárbaros, borrachos, vagos, salvajes, sucios, y que por eso había que exterminarlos.  Años después, Argentina declaro la guerra contra el Paraguay.

Explicar los motivos de la guerra, sería irnos del tema. Lo importante es que si Sarmiento hubiese utilizado malas palabras para referirse a los paraguayos, habrían causado un efecto muy distinto en el lector, hubiesen sido insultos mucho más leves, que los que expresaba en la carta. Lo que intentaba demostrar el autor del libro, era que sin usar “malas palabras” uno podía dañar más que usándolas, y que usando “malas palabras, eventualmente uno podría no ofender a nadie.

Decidí compartírselo a una amiga, pero ella siguió empecinada en la idea de que las “malas palabras” realmente eran palabras prohibidas que no había que usar, además de mostrárselo a esta chica, le compartí este concepto a más amigos, y a algunos familiares, que pensaban exactamente lo mismo.

Dejé volar mi imaginación y me puse en el lugar de esas palabras.  Que mal me sentiría si por ejemplo yo fuese la palabra “puto”, una palabra que a veces hasta puede ser usada con cariño, pero que siempre se encuentra marginada por su carácter de “mala palabra”. Y que bien me sentiría, si yo fuese la palabra “salvaje”, ya que sería una palabra “buena”, pero paradójicamente, en las únicas oraciones que me podrían usar serían las que esbocen insultos.

Por eso mismo llegué a la conclusión de que las palabras simplemente son palabras, y no tienen un carácter negativo por su mera existencia, todas las palabras, sobre todo los adjetivos calificativos, pueden ser buenos o malos, todo depende del contexto y de la forma en la que se usen.

miércoles, 5 de abril de 2017

Felicidad

Todos buscamos ser felices, vivir en un estado pleno en el que no haya nada ni nadie que pueda alterar nuestra armonía. La filosofía shramánica, lo define como Nirvana. Siempre me pregunté si se podrá alcanzar, o si es simplemente una fantasía.

Ayer me encontraba hablando con una amiga y me preguntó si yo era feliz, respondí afirmativamente, pero también acoté que, eventualmente, podría llegar a ser más feliz, a lo que acoto, diciéndome que era imposible, ya que según su juicio la felicidad era una sola, y que  por ende uno no podría ser más o menos feliz, sino que simplemente, se es feliz o no se es feliz. Inmediatamente, retruqué diciendo que la felicidad era como cualquier sentimiento y que naturalmente podía haber mayor o menor felicidad, así como podemos tener más o menos ira, o más o menos miedo. Así debatimos largo rato sin llegar a resultado alguno.

Posteriormente recordé una pequeña frase que leí en un libro. Me encantaría recordar cual era el texto, pero no puedo hacerlo. Decía lo siguiente:
¿Cómo un padre puede enseñarle a ser feliz a sus hijos si nunca supo que era la felicidad?
Decidí rescatarla porque me pareció muy precisa, la realidad es que todos nosotros queremos ser felices, pero nadie sabe como, la buscamos en todas partes, y no sabemos donde encontrarla, además de ésto, existen millones de teóricos que expresan lo que es la felicidad. Cada uno de nosotros tiene una idea distinta de felicidad, por lo que sería realmente difícil, o quizás hasta imposible encontrar una definición acertada.

Luego de unas horas, comencé a preguntarme que pasaría si alcanzáramos un estado de felicidad plena. ¿Dejaríamos de reflexionar? ¿Dejaríamos de pensar?

Por mucho que pueda sorprender, la respuesta a esas dos preguntas, fue afirmativa, si somos felices no hay nada ni nadie a quien tengamos que pensar, porque todo nos parece perfecto, si nosotros estamos en un estado pleno, significaría que ya llegamos a lo más alto que podríamos llegar, y que ya no hay nada para mejorar, algo bastante peligroso sin duda alguna. Lo que inmediatamente me llevo a preguntarme. ¿Está bueno ser feliz?
Y la respuesta es sí, pero concluí que no se puede ser feliz, por siempre, que la felicidad dura solo un instante, que la felicidad es ese camino que recorremos la mayoría de los seres humanos, para intentar que mañana el mundo sea un lugar mejor al que es hoy, es eso que sentimos cada vez que nos damos cuenta de que nuestra acción logró modificar nuestro entorno. Son pequeños momentos, que vale la pena atesorar, en los que nos sentimos plenos. La felicidad como estadio permanente no existe, pero si existen esos instantes en los cuales podemos sentir que nuestra existencia modifica la de nuestro entorno.


martes, 4 de abril de 2017

Cuestión de edades

El otro día, me encontraba con mis padres, mi abuela y mi hermano en el auto, estábamos volviendo a casa. Mi abuela, tenía un diario en la mano, en el que habían publicado su carta, la cual hablaba sobre los jubilados, ella la estaba comentando.

De repente, mi hermano, en función de estos comentarios, le preguntó a mi abuela el por qué escribía de política, ya que según él ésta era aburrida y no resolvía nada, que era algo que podía erradicarse por completo, y nadie sentiría su falta. No es que yo sea un experto en el tema, ni que yo también escriba sobre política, pero algo de conocimientos fui adquiriendo a medida que me interiorizaba en el tema y puedo decir que la política no es para nada aburrida, sino que por el contrario es apasionante, y que en el sentido más amplio de la palabra, también es indispensable.

Intenté explicárselo a mi hermano, pero no pude, no a menos como yo quería, mi madre no me dejó, argumentó que mi hermano era muy pequeño como para entender esas cosas, que solo tenía diez años y que no iba a poder entender lo que le dijera.

Este hecho causó una sensación de impotencia muy especial en mí, primero porque no me dejaron expresar, lo cual siempre me molestó mucho y también por haber visto como mi mamá subestimaba a mi hermano por su edad, me sentí muy identificado, ya que muchas veces me había pasado lo mismo. Yo le retruqué que no juzgaba cuanto podía entender una persona por su edad, yo juzgo por la curiosidad, la esperanza, la fe,  en definitiva los valores.


Conocí mucha gente muy mayor la cual era muy sabia, como también viejos que no habían aprendido nada a lo largo de toda su vida, gente que estaba completamente vacía de espiritualidad y conocimiento. Como también conocí gente joven super capacitada, gente joven que tenía mucho que aprender y gente joven que por las circunstancias no podía avanzar y se quedaba donde estaba. Por eso es que pienso lo que pienso, que son los valores los que determinan hasta que nivel de sabiduría y conocimiento podía llegar una persona en vez de ésto estar determinado simplemente por la edad, la edad genera experiencias, pero está en cada uno el dejarlas pasar o atesorar esas experiencias y aprender de ellas, como también está en cada uno decidir cuanto tiempo quiere aprovechar y cuanto tiempo quiere desperdiciar.

lunes, 3 de abril de 2017

El grano de arena

Hoy me levante a mitad de la noche, tomé un vaso con agua y luego de esto volví a la cama.

Intenté dormir, pero no pude, había algo que rondaba por mi cabeza, un pensamiento que no podía sacar,  algo que daba vueltas y vueltas en mi mente. El que quiera saberlo, va a tener que quedarse con la duda, porque es una de esas cosas las cuales no queremos contar, esas que preferimos guardar para nosotros porque no estamos preparados para exteriorizarlas.

Este hecho en particular me llevó a pensar muchas cosas, lo primero fue el que pensaría la gente chusma cuando lo comentara, lo segundo, si era algo que por algún motivo quería ocultar hasta de mi mismo, y lo tercero era si había más cosas que quisiera ocultar por temor a que el hecho de decirlas pudiese provocar una reacción no grata tanto en mi como en los demás.

Al primer ítem, no le di demasiada importancia, de hecho diría yo que casi lo pasé por alto, pero el segundo y el tercero, a esos sí que le di suma importancia, ya que me di cuenta de que si, que si quería ocultarme ese hecho a mí mismo, ya que lo consideraba un error, algo que no debí haber dejado que pasara, que fue un acto que realicé por impulso. Como también me di cuenta de que había más cosas que pensaba y no decía ya que no quería contar a nadie, no encontré anécdotas, pero probablemente también las hubiese encontrado si indagaba un poco más. 

La pregunta que me surgió, fue la siguiente: ¿Por qué? Y la respuesta fue muy sencilla, porque me quiero auto convencer de lo contrario, o en su defecto, porque es algo que no está bien, debido a que esos pensamientos no deberían existir en mi mente, por el simple hecho de que mis padres siempre me dijeron que había cosas que no podía decir, y que no podía pensar, siempre me molestó mucho el tener que ser “políticamente correcto” y guardarme lo que yo quería decir, ya que mi intención jamás seria dañar a nadie, sino que todo lo contrario, mi objetivo siempre era poder ayudar. Lo que sucede es que hay ciertos temas que por una cuestión de convenciones sociales, está mal visto tocar, temas como la muerte, la religión o la política, parece ser que si nos tomamos la primera como algo natural  y que si encima de esto, nos gusta debatir sobre la segunda y la tercera, somos demonios peores que los siete guardianes del infierno todos juntos.


Por eso mismo, propongo revelarnos, decir lo que pensamos y lo que nos pasa sin temor a ser juzgados. Naturalmente hay cosas que no vamos a contar, pero tratemos de ser lo más sinceros que podamos, tanto para con nosotros como para con el resto, tengamos la mente lo más abierta posible y dejemos de temerle a lo desconocido. Así y solo así vamos a poder avanzar, estoy convencido de que si todos aportamos nuestro granito de arena, el mundo va a ser un lugar mejor. 

domingo, 2 de abril de 2017

Red Social

Nos habíamos juntado a cenar con unos amigos, llegamos al lugar, nos sentamos, observamos el menú y luego de ello, lo ordenamos.

Luego de pedir, esperaba que nos pusiéramos a conversar entre nosotros, pero no fue así, cada uno estaba compenetrado en su teléfono, mirando el Facebook, Instagram, el WhatsApp, o peor, la ironía más grande de todas, le sacaban fotos al que tenían al lado y la subían a Snapchat, como si esa persona fuese la única que estaba perdida en su celular. 

No es que yo no utilice todas estas plataformas, yo si tengo celular y tengo cuenta en varias redes sociales, pero generalmente evito usarlas cuando estoy con alguien más, y es que si lo hiciera sería un adicto a éstas. Además, con este tipo de conductas, estamos dejando de lado la red social más antigua e importante de todas, el hablar cara a cara.

En un momento se me había ocurrido que podía decir que si íbamos a juntarnos a mirar el teléfono, nos podríamos haber quedado cada uno en su casa y hablábamos por WhatsApp, pero no lo dije, porque estaba seguro de que alguien me iba a decir que sí, que era una buena idea.

Conozco gente que esta convencidísima de que el hablar por teléfono es exactamente lo mismo que encontrarse personalmente, lo cual yo considero una verdadera aberración, porque nadie puede decirme que siente lo mismo cuando conecta con alguien por una plataforma online que en la calle, una plaza, o un bar, si bien podría llegar a ser parecido, la segunda experiencia, siempre va a dejar mucho más que la primera.

Por eso fue que me acerqué al mostrador y pedí una bolsa, para guardar todos los celulares, incluso el mío aunque no lo estuviera usando, una vez puestos en ella, nos pusimos a charlar, a fin de cuentas, en ese momento, fue que se entendió mi punto, el cómo conectar con quien está cerca es mejor que conectar con quien está en la pantalla.

Las redes sociales son una gran herramienta, y ayudan muchísimo a conectarnos con gente que vive lejos, gente que tiene que cuidar a su familia, o gente que simplemente está ajustada por el tiempo y no puede encontrarse con nosotros. También son una buena opción para difundir nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestras inquietudes. Pero además de esto, tienen un lado oscuro y es que son adictivas y generan dependencia, por eso es que promuevo luchar contra ello, usarlas lo justo y necesario, para de esta forma ser nosotros los que utilicemos la red social y que no sea la red social la que nos utilice a nosotros.



sábado, 1 de abril de 2017

La Piedra

Eran las doce de la mañana, me encontraba con mi madre en la cocina, conversando sobre las conductas del ser humano. Ella, me decía que los hombres siempre nos equivocamos, que estamos en constante error, pero que los que somos racionales, aprendemos de ello y encontramos la forma de ser cada día mejores, según su postura, los seres humanos nos encontramos en constante fracaso y gracias a esto último en constante progreso.

En ese momento asentí con la cabeza, me dispuse a cambiarme y luego de un rato, salí de casa rumbo para el trabajo, camine un largo trecho hasta que tropecé con una piedra, era la misma piedra con la que había tropezado la semana pasada, usualmente este acto hubiese pasado completamente desapercibido, de no ser porque me llevo a hacer una reflexión más profunda.

Una vez ya en el local, tuve un rato a solas, en el cual me senté en absoluto silencio, a pensar, a reflexionar mí día a día, a sacar conclusiones de los hechos que siempre me suceden. Fue entonces que me puse a pensar en ese adoquín de la vereda, en ese hecho minúsculo, pero oportuno el cual me hizo darme cuenta de que había cometido el mismo traspié que hacía una semana atrás. Me llevo a pensar mi forma de trabajar, y me di cuenta de que antes cada  vez que vendía huevos se me rompían, también pensé lo siguiente, que si yo no hubiese observado como lo hacía alguien más, todavía se me seguirían quebrando.

Luego recordé otro hecho, uno de hace muchos años, la primera vez que repare un juguete y este pudo volver a ser funcional. Cuando era más joven, siempre intentaba reparar mis juguetes que se rompían, pero rara vez lo lograba con efectividad, son contadas con los dedos de las manos las veces que lo hice,  sin embargo en este hecho concreto, había logrado a base de cinta de embalar, conseguir la suficiente presión como para que el botón pudiera hacer contacto con la plaqueta y de esta forma el juguete vuelva a emitir luces.

Fue entonces que se me ocurrió redefinir el concepto inicial, las personas no aprendemos de nuestros errores, o por lo menos no es mi caso, lo que nos lleva a mejorar es nuestra inventiva y nuestra calidad de observación, fue la primera la que consiguió arreglar mi juguete, y fue la segunda la que me evito seguir rompiendo los huevos, en un sentido netamente literal.

A la conclusión final que llegue es a que no es cierto que los errores nos hagan evolucionar, sino que la fuerza de voluntad y nuestro apetito insaciable de querer ser más que lo que podemos ser ahora es lo que nos impulsa a buscar maneras de llegar a parecernos a ese ser perfecto, ese héroe que habita en nuestra mente, el ideal de ser humano que eventualmente algún día alcanzaremos.